Carmen Martín Alonso es inmunóloga y ha estado al pie del cañón desde los primeros pasos de la pandemia en los avances que se realizaron sobre plasma hiperinmune, aquel que se extraía de pacientes infectados por Covid-19 que ya habían superado la enfermedad. La transfusión de este plasma permitió crear una inmunización más rápida a las personas que contraían este patógeno y acortar así la enfermedad.

María de la Montaña es viróloga. Durante estos dos años ha estado llevando a cabo la secuenciación masiva del SARS-Cov-2 y su vigilancia epidemiológica y genómica, en el Laboratorio de Virus Respiratorios y Gripe del Centro Nacional de Microbiología. Junto a su equipo, conformado en su mayoría por mujeres, pusieron a punto nuevas metodologías en un reto diario por llegar a tiempo para dar una respuesta a la situación sanitaria que se vivía.

Begoña Palop es microbióloga y lidera la Unidad de Microbiología del Hospital Regional de Málaga. A lo largo de todas las oleadas de coronavirus, esta profesional ha estado al mando de un equipo que ha llegado a analizar más de 3.500 muestras diarias de PCR Covid. Su unidad pasó de tener que mandar a analizar las pruebas a Madrid a convertirse en una de las pioneras en este tipo de prácticas con el equipo Openstrons. Este robot permite a día de hoy la automatización de los procesos necesarios para el análisis de determinaciones de Covid-19 y su puesta en marcha en la provincia también corrió a cargo de una investigadora.

La persona que implementó las bases de la vacuna contra el coronavirus fue Katalin Karikó. En España, su testigo fue recogido por mujeres como Sonia Zúñiga, que continúan investigando sobre ella. Inmaculada Casas, fue la encargada de gestionar la red de vigilancia para controlar la circulación de variantes y montó el sistema de secuenciación nacional. Como ellas, cientos de mujeres científicas han jugado un papel fundamental en la evolución y en la lucha contra la pandemia de SARS-Cov-2. Lamentablemente, lejos de visibilizar y ensalzar su labor, la brecha de género en el mundo de la ciencia se ha acrecentado en los dos últimos años.

«La situación de la ciencia en España es precaria para todo el mundo. Tenemos a investigadores internacionales que tienen problemas de estabilidad, los contratos indefinidos son un derecho que prácticamente no existía para ellos. Ha habido muchísimos problemas», explica Carmen Martín Alonso, vocal, además, de la Sociedad Española de Inmunología (SEI) . La inmunóloga señala que «si la situación actual de la ciencia es complicada para todos, a la más mínima sale perjudicado el más débil».

El porcentaje de mujeres alcanzó el 41% del personal investigador en 2021. | EUROPA PRESS

En esta misma línea, la secretaria de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) en Andalucía, Susana Gaytán, denuncia que, aún a día de hoy, la situación de partida de las mujeres que dedican su vida a la ciencia o la tecnología no está equiparada a la de sus compañeros varones. «Los retos a los que se enfrenta la humanidad actualmente solo pueden solucionarse desde la ciencia. Necesitamos todos los cerebros, no podemos desperdiciar a la mitad del conocimiento», defiende Gaytán.

Según los últimos datos del Ministerio de Ciencia e Innovación, durante el pasado 2021, el 41% del personal investigador estuvo conformado por mujeres. El informe Científicas en Cifras resalta, no obstante, que a pesar de este incremento, no todas ellas continúan en la carrera investigadora ni progresan al mismo ritmo que sus compañeros.

Esta situación, denuncian desde AMIT, se ha visto acrecentada con motivo de la pandemia de Covid. «En estos años hemos dado dos pasos para atrás, ha sido brutal. Nos hemos movido con mucho esfuerzo en la dirección de no perder talento y de que el cerebro no tiene género. Pero nos estábamos moviendo en esa dirección cuando azotó la crisis y lo que habíamos ganado se empieza a perder otra vez», lamenta Gaytán.

Este escenario, explica la secretaria de AMIT, se ha agudizado sobre todo en los laboratorios y en los centros de investigación: «Ahí se ha visto claramente que la brecha de género se ha profundizado, que los cuidados se han repartido de forma asimétrica y que los varones de los equipos han seguido publicando más que las mujeres».

Conciliación

Conciliar la vida familiar con la laboral continúa siendo la asignatura pendiente de esta sociedad. En la ciencia, como en tantos otros ámbitos, el peso de esta recae, mayoritariamente, en la mujer, y repercute en el desarrollo de su carrera profesional. «La situación es complicada para todos pero imagina cuando tienes que pedir una baja de maternidad o intentar pedir excedencias para el cuidado del niño. Hace que la situación sea más complicada aún», indica Martín Alonso.

Este difícil equilibrio se ha complicado con las distintas oleadas de Covid: «La pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de los cuidados y el mantenimiento de esa red que suelen sostener las mujeres y eso las ha penalizado», explica María de la Montaña. La viróloga denuncia que muchas científicas o investigadoras acaban, por ello, relegándose a puestos de menor responsabilidad en los que no desarrollan todo su potencial.

Puestos de liderazgo

«Lo interesante no es saber cuántas hay sino por qué hay tan pocas», reflexiona la vocal de la SEI. Carmen Martín Alonso confiesa que el número de mujeres en puestos de responsabilidad no está siquiera cerca de estar equiparado con el de hombres. Del mismo modo ocurre con las investigaciones: «Hay un sistema de méritos establecidos a través del cuál tú recibes una financiación para investigar, equipo e infraestructuras, y ahí entramos en un problema de liderazgo».

Pese al ligero aumento de la presencia de mujeres en los puestos de tomas de decisiones que refleja el informe Científicas en Cifras -en 2021 eran un 23% en puestos de rectora y un 50% al frente de Organismos Públicos de Investigación (OPI)- sigue existiendo un techo de cristal que les impide acceder a puestos de responsabilidad, denuncia María de la Montaña: «En mi laboratorio tenemos una jefa pero no es lo habitual. Conforme vas ascendiendo en la escala profesional vemos cada vez más hombres».

Todo esto deriva en una falta de referentes femeninos que contribuye a masculinizar el mundo de la ciencia, siendo este uno de los motivos principales de la falta de vocación científicas en las niñas, denuncia AMIT.

Para combatir la escasa dedicación de las jóvenes investigadoras, AMIT considera imprescindible que todos los agentes del sistema de la ciencia, desde ministerios hasta centros de investigación, promuevan la realización de actividades de comunicación y divulgación de la ciencia. De este modo, la asociación defiende que «el reconocimiento de la comunicación y la divulgación dentro de la carrera profesional sería una ayuda para que las investigadoras se dediquen a ello».

Falta de referentes: Solo el 13% de los estudiantes de carreras STEM son mujeres

En España, únicamente el 13% de los estudiantes de carreras STEM son mujeres. Este es un dato alarmante que lleva a reflexionar sobre por qué, aún a día de hoy, este sigue siendo un sector tan masculinizado. En AMIT creen que la falta de referentes femeninos, y la visibilidad que a éstas se les da, es uno de los motivos principales. «Existe una clara falta de referentes femeninos que puedan fomentar la vocación científica de las niñas», alerta la asociación.

A lo largo de toda la historia, la labor y los hallazgos de mujeres científicas han sido ignorados de forma sistemática. En su lugar, los méritos de sus trabajos e investigaciones eran asumidos por compañeros e, incluso, por sus maridos.

La campaña #NoMoreMatildas, impulsada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), denuncia el silencio histórico al que han estado sometidas las mujeres científicas. Esta iniciativa recibe su nombre en honor a Matilda Joslyn Gage, la primera en denunciar que los descubrimientos de mujeres brillantes hayan sido ignorados a lo largo de los tiempos.

#NoMoreMatildas nace con un marcado objetivo. AMIT alerta de que la falta de referentes femeninos tiene un impacto en las aspiraciones profesionales de las niñas, lo que se traduce en una menor presencia en las carreras STEM -por sus siglas en inglés son aquellas relacionados con la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas-.

En esta línea, la asociación pretende devolver a estas mujeres el lugar que se merecen. «Y el mejor comienzo son los libros de texto». De este modo, explican desde AMIT, buscan «recuperar estas figuras y llevarlas a los libros, para que despierten con su ejemplo, hallazgos y aportaciones la vocación científica de todas esas niñas a las que, hasta ahora, se les ha hecho creer que la ciencia era cosa de hombres».

A través de esta campaña, AMIT ha lanzado su particular colección de cuentos ilustrados «en la que imaginamos cómo hubiera sido la vida de algunos de los científicos más brillantes si hubieran sido mujeres ». Además, la entidad elabora un podcast llamado ‘Matilda al habla’, en el que dan voz a mujeres de asociación en el que romper con el silencio histórico de las científicas.

«La humanidad de enfrenta a retos tan tremendos que no podemos desperdiciar el cerebro de nadie, no podemos perder a las niñas», defiende la secretaria de AMIT.