Las fiestas navideñas ya están aquí y con ellas, la estación invernal, una época en la que en la ciudad se consumen muchos churros, porras y tejeringos, que no son exactamente lo mismo. El churro es fino, pequeño y suele presentarse en forma de lazo, mientras que la porra es más larga, ancha y en forma recta, y por otro lado, el tejeringo podría enmarcarse dentro de los churros, porque también presentan una forma de lazo y son finos. Su nombre lo debe a la forma de elaborar su masa, que es a través de un molde que tiene forma jeringa. Por eso originalmente su nombre era "jeringo", pero el "te" se le añadió por la expresión acortada "¿tienes jeringos?" a "¿te jeringo?". Ya sean para disfrutar solo o en compañía. Estos manjares pueden encontrarse en distintos establecimientos y no en todos se sirven de la misma forma. Cada persona es un mundo, eso sí, lo que no cambia es la base de su receta: el azúcar, el aceite y la sal. A continuación, se propone un recorrido por algunas churrerías del Centro de Málaga, unas con muchos años a sus espaldas, incluso con más de un siglo de servicio, otras en cambio son de más reciente creación, pero con un futuro prometedor, que puede ser tan longevo como las clásicas.

Casa Aranda

Local de Casa Aranda en la calle Santos Marcel Sanfelice

El célebre Casa Aranda presta servicio desde 1932 y allí sirven el churro malagueño o porra de toda la vida. Normalmente los clientes lo piden de la forma clásica, “ni muy frito ni muy blanquitos, sino dorados, si se ponen muy fritos no suelen sentar mal porque se queman bastante” explica Javier de la Torre, camarero del establecimiento. De media calcula que hay días que incluso llegan a hacer 5.000 porras, aunque normalmente pueden cocinar entre 3.000 y 4.000.

El secreto del éxito de sus churros es que los elaboran con una masa madre desde hace 90 años, la misma que desde que se fundó el local, y en casi un siglo se ha mantenido igual. La base es la misma que todos los churros, con sal, harina y bicarbonato, pero la diferencia reside en la levadura, que es de masa madre.

“Por la mañana sobre las diez y media y por las tardes, especialmente en estas fechas, desde que entramos hasta que cerramos hay mucha gente”, comenta de la Torre. Destaca que incluso a las 13.00 horas hay gente que va a degustarlos, pero que sobre "las 18.00 horas sería el momento idóneo para consumirlos". Se pueden disfrutar sus churros tanto en la calle Herrería del Rey, como en la calle Santos.

Tejeringo's

Tejeringo's en la calle Méndez Núñez Marcel Sanfelice

La conocida cadena de cafeterías ya lo dice en su nombre, sirven tejeringos. Están repartidos por toda la capital, además de en Mijas, Fuengirola y fuera de la provincia, en Sevilla. Es la forma más antigua y artesanal de los churros, y su nombre lo debe al molde con el que se cocinan, que parece una jeringa. Por lo que destacan es por la frescura del producto, que lo realizan con masas que duran muy poco tiempo para que se conserve el sabor tradicional del alimento, además cuidan muy bien la formación de sus cocineros para que mantengan la elaboración centenaria de la comida y conserven su calidad.

Sus proveedores son de primeras marcas y se aseguran de obtener la mejor calidad en el producto final. Combinan lo clásico, que es el tejeringo, con la modernidad, es decir, sus salsas, lo que supone una innovación. La especialidad de la franquicia son los desayunos y las meriendas.

Pathelín

Establecimiento de Pathelín en calle Atarazanas Marcel Sanfelice

La chocolatería no se limita a sus conocidas tartas y productos de bollería, porque también están presentes las porras, a lo que “la gente está muy acostumbrada” según Matías Escudero, tendero del local de la calle Atarazanas. Allí los hacen a diario, no son congelados, los cocinan al momento y son naturales. Sus ingredientes, la sal, la harina y el aceite y el resto “son muy cuidados” porque si se descuidan pueden salir porras quemadas, feas, por eso siempre tratan que estén en la mejor calidad posible.

La mejor combinación es la del chocolate con churros, para tomarlos en una tarde de fin de semana, porque tienen churros todos los días por la mañana, pero por la tarde solo los viernes, sábados y domingos. El momento más concurrido es de 17.00 horas a 19.00 los fines de semana, y en el desayuno también, alrededor de las 9.30 horas.

La Malagueña

La Malagueña, en la calle Sebastián Souvirón Marcel Sanfelice

En la churrería La Malagueña, en la calle Sebastián Souvirón, sirven tejeringos, y los hacen de diferentes formas según el gusto del consumidor, “hay a quien les gusta un poquito más pasado, a quien les gusta más blancos, a quien les gusta un poco más finos”, son los tres formatos que sirven allí explica Antonio Llorente, gerente del local. Tres churreros se encargan de elaborar el manjar y la masa la hace uno solo, porque le da su propia identidad. De esta forma, si la masa la hace otro, ya sale diferente a pesar de que la hagan con los mismos ingredientes, “la identidad tiene que ser siempre el mismo producto y que la gente se encuentre siempre a gusto”, comenta el gerente.

“Intentamos ser los mejores cada día independientemente de que cada negocio tenga su propia identidad, en el mío yo intento que todos los días sea diferente y mejor si cabe” afirma Llorente. La hora punta de clientes por la mañana es de 8.30 a 11.45 horas, y por la tarde están con mucho trabajo por la campaña de Navidad y el alumbrado, pero el tipo de comensal que va todo el año, independientemente de la fecha, suele ser el que va por la mañana. 

Café Madrid

Café Madrid, en calle Calderería Marcel Sanfelice

Ya pueden intuirse cómo son aquí los churros solo con leer el nombre del establecimiento. Los madrileños son los que se pueden encontrar aquí desde 1892, por lo tanto se puede decir que lleva abierto casi 130 años, más de un siglo de servicio. “Esto es muy simple, es un churro, no es un plato del Can Roca ni de Berasategui ni nada de eso, un churro, lleva poco misterio”, ríe José Vera, gerente del Café Madrid, lo que hace ver que es una tradición de antaño y la sencillez del alimento, preparado allí mismo de forma sana y manual y con ingredientes naturales.

“Hay a quien le gusta, a quien no le gusta, porque este mundo es así, hay quien dice que ese churro no está bien y quien se pirra por los churros, cada cual es como es” comenta Vera. A su juicio, el mejor momento para disfrutar del sabroso es o al desayuno o en la merienda, precisamente cuando suele estar más concurrido, de 10.00 a 12.00 horas y de 18.00 a 20.00 horas. Se puede visitar en el principio de la calle Calderería.

Cafetería Framil

Cafetería Framil, en la calle Cisneros Marcel Sanfelice

En esta cafetería de la calle Cisneros se pueden disfrutar de unos churros malagueños. La calidad es su punto fuerte, la masa para hacerlos se realiza de forma tradicional, con una masa madre que no tiene nada químico, hechos como de toda la vida y no tienen prácticamente aceite.

En el desayuno y la merienda es cuando más demanda tienen en el local, aunque especialmente de 11.00 a 12.00 horas. Normalmente les suelen pedir entre tres y cuatro churros, los cuales acostumbran acompañarlos los clientes de un chocolate, un café, o un pitufo, o también ir solos sin nada, cuenta Francisco Criado, trabajador de la Framil.