Cirilo Gutiérrez Quijada (Montehermoso, Cáceres, 1947) transmite felicidad, quizás porque muchos de sus sueños de niño se han hecho realidad. Hijo de una pareja de agricultores, confiesa que de pequeño ya «tenía clarísimo que sería profesor o director de orquesta». Al final, ha sido un profesor muy querido y también muy vinculado a la música, afición esta que le vino de dos de sus tíos, que tocaban en la orquesta del pueblo.

Le animaron a seguir formándose dos maestros del colegio en Montehermoso, don Domicio y don Ticiano. Sus padres hicieron el esfuerzo de mandarle a un internado de La Salle en Griñón, Madrid, cuando tenía 11 años. «Todos los recuerdos que tengo del internado son bonitos. Allí empecé a tocar el piano, aprendí solfeo y jugaba mucho al futbolín», sonríe.

En el monumento a la Gorra de Montehermoso, en su pueblo natal. Archivo familiar

Los estudios en el internado los enlazó con Magisterio. Su primer destino, nada más acabar la carrera: el Colegio La Salle en San Fernando, Cádiz. «La experiencia fue increíble porque te pones a trabajar todo lo que has estudiado con niños de 6 años y dices: a ver qué pasa aquí». Ya entonces, cantaba y tocaba la guitarra como parte del método de enseñanza.

De San Fernando pasó a Melilla a otro Colegio La Salle y de ahí, a Almería, donde decide seguir formándose y estudiar la carrera de Química, tras consultar a tres amigos que estudiaban Geología, Matemáticas y Química. «Me dijeron que Química era la carrera que mejor preparaba para dar clase y la escogí», comenta.

Gracias a ese consejo, por cierto, conoció a una joven estudiante almeriense de Química, Asunción, con la que terminaría casándose. De esta manera, compaginó las clases de Matemáticas que impartía en otro centro La Salle con la carrera, pero en 1974, para continuar los estudios tuvo que dejar Almería y escogió la naciente Universidad de Málaga para completar la licenciatura.

El joven maestro, dibujado a su llegada a Málaga en 1974. Archivo familiar

En esos inicios malagueños, daba clase en el Colegio La Salle de Antequera y todavía agradece la generosidad de una profesora de Química Analítica, Mari Carmen Díaz por abrirle el laboratorio los sábados, de 9 a 1, para que pudiera hacer las prácticas.

Los dos últimos cursos se dedicó a la carrera por entero. La muerte de Franco le sorprendió en Málaga y todavía recuerda escuchar, «desde calle Santa María, donde vivía», el tumulto cuando en 'La buena sombra', en calle Sánchez Pastor, coincidían la Joven Guardia Roja y los Guerrilleros de Cristo Rey.

La mili y la boda

En 1977 no le quedó más remedio que hacer la mili. Como subraya, «soy antimilitarista, mis ídolos son Martin Luther King y Gandhi», así que en su primer destino en Vitoria logró una ocupación acorde con sus inquietudes: «Enseñé a leer a soldados que no sabían». Fue estando en la mili cuando Asun, su novia, que también terminaba la carrera de Química en Málaga, le propuso casarse, con la idea además de ahorrarse luego lo que le quedaba de servicio militar.

Cirilo Gutiérrez, esta semana, con un ajedrez y el libro de divulgación que promovió en 2003. A.V.

La pareja se casó en Montehermoso y la luna de miel fue un viaje en autoestop por Cáceres y Badajoz, con parada en el Teatro Romano de Mérida, donde a Cirilo le permitieron cantar y tocar la guitarra en tan magno escenario. «Hoy no se podría», bromea.

A la vuelta de la luna de miel el matrimonio se llevó un chasco: la norma había cambiado y había que seguir haciendo la mili. El año que le restaba lo completó en Burgos haciendo trabajo de oficina.

Los Maristas

 Como explica este afable cacereño y malagueño de adopción, en sus primeros tiempos en Málaga ya estuvo dando clases particulares, en muchos casos a alumnos de los Maristas. «Y como ya me conocían, me dijeron que cuando terminara la mili, en 1978, había una plaza para mí en Maristas de Málaga».

En total, en el Colegio de los Maristas Cirilo Gutiérrez ha trabajado 34 años, desde 1978 hasta su jubilación en 2012, donde sobre todo impartió clase en Bachillerato de asignaturas como Matemáticas, Física, Química, Ciencias Naturales y Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente.

Además, ha tenido la suerte de dar clase a sus propios hijos: Óscar, nacido en 1983 y Paloma (1985).

En el Palo, acompañado por su mujer, Asunción, sus hijos, Óscar y Paloma y sus parejas respectivas, Mariola y Carlos Archivo familiar

«El 95 por ciento de mi vida en Maristas ha sido disfrutar», resume este profesor, que a raíz de su trabajo se fue a vivir a calle Ferrándiz, donde vive todavía. Y aún hoy confiesa que sale a la calle y no para de encontrarse a exalumnos y padres de antiguos alumnos. «Para mí, lo más importante en la Educación son ellos, los alumnos», remarca.

Por cierto que, en la larga etapa en Maristas, fue 20 años tutor de COU y organizó los viajes de estudios. «Siempre he estado acostumbrado a organizar», señala.

Ajedrez

Fueron precisamente esas dotes de organización las que le llevaron a presidir la Federación Malagueña de Ajedrez, a la que estaba vinculada por sus dos hijos -Paloma fue campeona de España con 11 años-. «Iba a ser Cirilo el Breve pero al final estuve 10 años», ríe.

Foto de archivo con su hijo Óscar, también un gran jugador de ajedrez. Archivo familiar

Durante su mandato, promovió con la Diputación un libro divulgativo de ajedrez para los más pequeños, ‘Puedo jugar’ y organizó el Open Internacional de Ajedrez, que aún se celebra.

Zegrí y los libros

Cirilo Gutiérrez se rebela cuando le hablan de la separación entre Ciencias y Letras. A su faceta como compositor de canciones, que es amplia, hay que sumar su interés por las Humanidades. De hecho, hace 15 años y con el deseo de «hacer algo productivo por la gente», se integró en la Asociación Cultural Zegrí y se formó como guía, algo que sigue haciendo en la actualidad.

Cirilo Gutiérrez, en la Catedral de Málaga, que conoce al dedillo como guía de Zegrí. Archivo familiar

Además, en el Archivo Catedral hay un par de trabajos de su autoría sobre el Templo Mayor y pronto llegará un tercero sobre los Pueblos de Málaga.

Por otro lado, en su afán por divulgar, ha escrito sendos libros sobre los artistas Pimentel, Berrocal y sobre Jesús Castellanos, entre otras obras.

Cirilo Gutiérrez, maestro de la vida y hombre feliz.