Crónicas de la ciudad
El acento andaluz, muy lejos de ser una dolencia
Pese a la mejoría del panorama, en los micrófonos de Andalucía persiste el sinsentido de ocultar la aspiración de la ese en busca de un falso prestigio que nos desprestigia

Vista aérea de Málaga. / Álex Zea
Nos recuerda el catedrático de la Universidad de Sevilla Rafael Cano que en 1425, el rabino de Guadalajara Mosé Arragel comentaba que en Castilla ya eran conocidos por su forma de hablar el castellano los «leoneses e sevillanos e gallegos».
En los siglos siguientes, continúa Cano, pese a algunas críticas ‘andaluz’ será sinónimo de elocuencia y agudeza en el hablar e incluso el gramático Ambrosio de Salazar consideraba en el XVII la «lengua andaluza» como «mejor y más delicada» que la castellana y hasta la recomienda para que los extranjeros aprendan español, consejo que en Málaga han seguido decenas de miles de estudiantes de todo el mundo.
En los Siglos de Oro, no hay que olvidarlo, el prestigio de esta manera de hablar está unido al prestigio de Sevilla. Por ese tiempo además el andaluz, junto a otras formas de hablar español fruto de la mezcla y la frontera como el extremeño, cruzan el Atlántico y hoy se han convertido en la familia del español más numerosa (aplastantemente numerosa).
Y todo esto para que, cada mañana, cuando encendemos la radio y comienza la ronda por ciudades andaluzas para conocer el tiempo que hace, uno tenga la inquietante sensación de estar en Valdemorillo, provincia de Madrid, gracias a una legión de locutores chapados a la antigua que consideran de vitalísima importancia para poder ejercer su oficio esconder su auténtico acento y sacarse de la manga el de latitudes con más supuesto prestigio. El resultado, en demasiadas ocasiones, es artificioso y nos desprestigia.
El absurdo de ocultar la aspiración de la ese lleva décadas asentado en los micrófonos de Andalucía y eso que, por fortuna, la nueva hornada de políticos andaluces, de uno y otro partido, habla el variadísimo español de esta tierra con bastante normalidad. Hasta la fecha, que se sepa, no hay necesidad de intérprete cuando se dirigen a toda España, pese a aspirar tantas eses y alguna jota.
Y cierto es que las emisoras comienzan a dejar atrás la humillante práctica de redimir, con clases de dicción o similares, a los locutores ‘aquejados’ de algún tipo de acento andaluz, pero todavía queda mucho por recorrer.
Imaginen lo esperpéntico que sería si se obligara a los locutores catalanes a modular la ele; a los argentinos a erradicar el yeísmo; a los canarios, mejicanos o nicaragüenses a dejar de sesear; a los chilenos a pronunciar la jota ‘como Dios manda’... pues aquí seguimos con el esperpento. Feliz Día de Andalucía y que viva la riqueza del español, también el que se habla en esta tierra.
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