Ser observador no es lo mismo que ser cotilla ¿Verdad? Desde ‘chica’ he oído lo mal que está cotillear, sin embargo encontraba por doquier críticas y juicios inquisidores sin contrastar respecto del asunto entre manos o más bien entre lenguas. Yo misma he sido partícipe de escarnios, casi sin saberlo, hasta que tuve consciencia del perjuicio que conllevan tales acciones y más cuando recaen en carne propia.

Paseando se observan muchas cosas que alegran y lo contrario, como lo que presencié por nuestro paseo del muelle, con el horizonte y la Farola de confidentes. Se acercaba un bonito grupo de chicas charlando y tuve que oír algo que parece habitual o que ya tornó en necesario: tacos, palabrotas o exabruptos, cuando una de ellas presumía de cruzarse con su madre duros calificativos como si tal pero sin enfadarse, lo que la hacía una relación especial.

La globalización implica una posible réplica de una mala praxis como un virus allende los mares, como el cotilleo, tan ensalzado, y tal cual está la salud de nuestra comunicación y sus medios, ¿por qué nos hacen creer que el lenguaje inclusivo es clave para el respeto y la igualdad cuando está inmerso en el habla un formato soez, irrespetuoso y chulesco? ¿Está impidiendo el lenguaje inclusivo la discriminación, el acoso, la violencia de género…? Especialmente nuestros políticos y cargos públicos, se empeñan en evitar el neutro para aludir a un conjunto de hombres y mujeres y ahora a la ‘A’ y la ‘O’, le suman la ‘E’, para nuestro tedio. Las palabras pueden hacer mucho daño en cuanto a lo que dicen y cómo se dicen, el contexto cuenta también (como en hermenéutica), mas tergiversar un idioma no ocultará las carencias de educación y como sociedad, que sí generan desigualdades. Así que mienten porque algo queda.