Opinión | El jugador número 13

La gresca habitual

Alberto Díaz, base del Unicaja, con la selección española.

Alberto Díaz, base del Unicaja, con la selección española. / FIBA

Una confección del calendario, por lo menos opinable, nos ha traído una semana sin competición tras la disputa de la Copa del Rey, al menos en ACB, Eurocup y FIBA BCL, ya que los equipos que disputan la Euroliga sí tuvieron su jornada, así como la finalización de las ventanas FIBA para el Mundial de este verano.

Una competición, -las ventanas- que he calificado de timo en su momento, y cuyo calificativo no tiene visos de ir cambiando, ya que a modo personal es un fraude para con el público, los jugadores participantes y los clubes que aportan a esos jugadores.

Entre los damnificados, hablo del público, al cual se le ofrece un espectáculo lejos de ser el real en cuánto a tener a los mejores equipos, salvo circunstancias muy extremas, porque salvo lo vivido en los últimos partidos con los viajes de ida y vuelta de los argentinos, o Tornike Shengelia, las estrellas de primera línea europea no participan (el tema de los NBA lo dejamos para la noche del 5 de enero, cuestión de ilusión).

De los jugadores participantes, otro tanto, porque ahora todos estamos felices y somos partícipes del éxito de Alberto Díaz con los de Sergio Scariolo, pero que el pelirrojo se quedase fuera en inicio del Eurobásket de este verano pasado por Sergio Llull y Lorenzo Brown, que no participaron en ningún partido previo no nos sentó bien, mandar luego una réplica de la medalla a los participantes en las ventanas es un detallito que queda bien, pero seguro que a gente como Francis Alonso o Rubén Guerrero, les hubiera gustado haber estado en algo más que en los partidos a los que no van los primeros espadas.

¿Qué decir de los clubes? Dejando de lado el agravio comparativo que supone con las franquicias NBA o los que juegan Euroliga, arriesgar jugadores por decisiones unilaterales de las federaciones es poco menos que discutible, y nadie va a apelar al sentimiento nacionalista, o al orgullo de defender a tu país, líbreme Dios de poner en un compromiso a ese español de raza llamado Lorenzo Brown, pero a ver qué cara se nos pone si Kendrick Perry volviese averiado de sus partidos con Montenegro, o llegado el momento de ir a la cita mundialista, Bosko Radovic decidiera llevar a Justin Cobbs o Jonah Radebaugh en el lugar del cajista.

Es otra de las cosas necesarias a resolver en las altas instancias, esa gresca habitual existente desde mucho antes del nacimiento de alguno de ustedes, y que no sé si en algún momento voy a ver solventadas.

Y no soy especialmente optimista, porque lo que en su día fue un problema FEB-clubes en España trajo la ACB, posteriormente la pelea de los equipos fue con la FIBA, con la aparición de la Euroliga, y de esa misma pelea sale lo de usar las selecciones como arma frente a los que ceden los jugadores. No quiero yo decir que las federaciones sean la reencarnación de todos los males, pero el tema de las nacionalizaciones exprés son una perversión de la que todos se aprovechan, todo ello, claro está, obviando de manera intencionada que si en este patio de colegio hay un macho alfa se llama NBA, y a estos no hay quien les haga frente.

Mientras tanto, y a falta de saber la clasificación de Serbia o Bélgica, y al igual que ocurrió con la Eslovenia de Doncic y Dragic en China en 2019, está confirmado que la Argentina de Campazzo, Deck, Laprovittola, Brussino o Bolmaro no participará, pese a la ayuda en modo «Séptimo de Michigan» que intentaron prestar a su selección.

No voy a decir justo o injusto, las reglas se conocen antes de lanzar el primer balón al aire, pero chirría que el finalista del último mundial no acuda a éste, al igual que en esa cita tampoco estuviera el campeón de Europa a esa fecha.

Mientras tanto, y siendo pragmáticos, espero que los viajeros cajistas vuelvan de una pieza y con todas las neuronas preparadas para focalizar el objetivo del resto de una temporada que ya, pase lo que pase, se va a guardar con letras de oro en la historia de nuestro Unicaja.

¿Qué hacer? pues quizá imitar al resto de los participantes y pasar página de la Copa del Rey para atacar a la Liga ACB y de forma más activa la FIBA BCL. de los dos partidos frente a Galatasaray del 7 y el 9 de marzo, dependerá en gran medida la posición para clasificarse al play off previo a la Final a Cuatro. Sigo pensando -y ahora mucho más, claro- que el equipo de Ibon Navarro podría quedar 6-0 en el balance final del grupo K, pero también creo que cualquiera de los rivales puede derrotar a los malagueños, mucho más viendo a equipos como el AEK, reforzarse con Brynton Lemar y Pierre Oriola cara a su clasificación.

Antes de sorprender a propios y extraños en Badalona, pensaba que la verdadera guerra de este equipo estaba en la competición europea, no me ha cambiado el parecer el título copero, y creo que la ambición del grupo sigue estando intacta.