Opinión | La Bodeguilla

En la política hay mercado de invierno

El presidente de la Diputación, Francisco Salado, la vicepresidenta Kika Caracuel y la alcaldesa de Mijas, Ana Mata, durante el último pleno de la institución provincial.

El presidente de la Diputación, Francisco Salado, la vicepresidenta Kika Caracuel y la alcaldesa de Mijas, Ana Mata, durante el último pleno de la institución provincial. / L. O.

Como en el fútbol, en la política también hay mercado de invierno. Es, al menos, la sensación que se experimenta en estas fechas otoñales y convulsas en las que se ha cabalgado, tras las elecciones generales, hacia la reciente formación de un Gobierno patrio. Otra vez ha aflorado cierto baile de agraciados y damnificados, de fichajes y de sacrificios. Viene sucediendo desde septiembre, una vez que se dio por amortizado ese primer paréntesis al que obligaban tanto el verano como la cita con las urnas del 23J. Muchos de los ajustes provocados por los comicios locales del 28M se dejaron metidos en el congelador hasta que empezaron a ser ejecutados. Otros, en cambio, debían esperar incluso a que ya hubiese inquilino en La Moncloa; y el inicio de una nueva legislatura le garantizase el sillón a los diputados y senadores de esta provincia. Es más, a partir de ahora se asistirá a algunos movimientos más (unos llegarán en esta antesala de la Navidad y otros incluso después). Y no sólo porque haya que nombrar a un subdelegado del Gobierno -lo lógico es que regrese Javier Salas- y porque algún socialista o comunista malagueño viva con el anhelo de que le toque un premio en el reparto de los cargos de confianza en los ministerios. En el PP de Málaga, también se están produciendo cambios. Y, encima, para esta semana se espera la reestructuración nacional ideada por Alberto Núñez Feijóo, ante la que el malagueño Elías Bendodo asiste con inquietud desde su condición de todavía ‘número 3’ de la calle Génova. Sigue a la espera de que se oficialice el nuevo rol con el que continuaría vinculado al núcleo duro.

Idas y venidas ‘peperas’

El PP de Málaga está aplicando una limitación de cargos institucionales -a razón de uno por persona- justo cuando tiene más puestos para repartir que nunca. Y eso que, en los comicios nacionales, el botín no ha sido tan holgado como se esperaba, con la hipótesis en el horizonte de un regreso al Gobierno nacional que certificase el pleno de conquistas electorales. Aunque no se ha producido, la amplia cosecha que le depararon a los populares las andaluzas y las municipales explica muchas cosas. Ilustra, por ejemplo, las constantes idas y venidas ‘peperas’ que venimos presenciando de un tiempo a esta parte en la provincia. La última ‘mudanza’ la ha protagonizado la nueva alcaldesa de Mijas, Ana Mata, cuyo retorno a la Diputación sólo ha durado un cuatrimestre. Ahora, ha renunciado a sus cargos allí para centrarse en su responsabilidad como regidora. Y a nadie se le escapa ya que esta es la enésima señal con la que la dirección provincial presiona -para dirimir sus respectivas duplicidades de cargos- tanto al alcalde de Rincón de la Victoria y presidente de la Diputación, Francisco Salado, como al senador y alcalde de Nerja, José Alberto Armijo. El escaño de Mata en la Diputación lo ocupará la alcaldable de Ojén, María del Carmen Márquez. Ella ya fue diputada provincial el último año de la anterior legislatura, cuando se marchó la a la postre regresada Kika Caracuel. Márquez empezó esta vez como cargo de confianza y ya tendrá nuevamente un escaño, al que sólo ha faltado estos últimos cuatro meses. Es uno de los muchos ejemplos que arroja la cambiante y pujante nueva realidad del PP malagueño.

Ana Mata tras ser investida alcaldesa de Mijas.

Ana Mata tras ser investida alcaldesa de Mijas. / Álex Zea

La UGT y los ministros andaluces

En el océano de comentarios suscitado por la composición del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, algunas reacciones resultaron especialmente curiosas. La dirección regional del sindicato UGT lanzó un comunicado en el que proclamaba que «el nuevo Gobierno debería contar con más andaluces». En ese sentido, se consideraba «un acierto el mayor reconocimiento que se hace a la Ministra de Hacienda y Administraciones Públicas, la sevillana María Jesús Montero, como vicepresidenta cuarta del Gobierno»; la continuidad del cordobés Luis Planas como ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación se calificaba de «buena noticia»; o se lamentaba que «Andalucía pierde un ministro en el nuevo Gobierno, al dejar la primera línea política Alberto Garzón».

Además, se planteaba una enrevesada reflexión: «Si bien es cierto que, el hecho de una mayor cuota de ministras y ministros andaluces, no significa, directamente, una mejor defensa de los intereses de nuestra comunidad, una mayor presencia de políticos de nuestra tierra sí significa que, en los intereses que se defiendan en los consejos de ministros, sí estará más presente Andalucía».

Sea lo que fuere, la fumata de Sánchez puso fin a cierta rumorología, alimentada por el PP, que situaba a su líder andaluz, Juan Espadas, en las quinielas para portar una cartera. Para testar la debilidad de esta conjetura, bastaba con recordar el inicio del curso político nacional celebrado, a principios de septiembre, por el PSOE en Málaga. Bajo la nueva normalidad menos pesimista que había instaurado la resistencia en las elecciones generales, a Espadas se le asignó un protagonismo y un ‘cariño’ que no había saltado a la vista en otros mítines anteriores. Incluso, Sánchez cerró su intervención proclamando que el exalcalde de Sevilla será el próximo presidente de la Junta de Andalucía. O sea, le otorgó un voto de confianza que no existía.