Los ojos de los niños, abiertos como platos, no pierden un instante de vista el inmaculado cortejo que inicia su salida desde el interior de San Felipe. Para muchos, son sus primeros nazarenos. Ellos también han sufrido la pandemia y este largo vacío de dos años. Pero tiempo tienen de recibir el flechazo devocional y quedar enamorados de esta bendita tradición. Salutación, fiel a su buen hacer, se ha puesto en marcha de forma puntual y la cruz guía iniciaba la marcha a los sones de la eucarística 'Triunfal'. Siempre igual, pero a la vez tan distinto...

Un pequeño de apenas 16 meses estrena su faraona y sale andando del templo para orgullo de sus padres. La comitiva ya se despliega por la calle Parras. Capas y velas. 

Para la difícil maniobra de salida, los hombres de trono exteriores abandonan sus puestos, se pliegan el varal A y el F y muy despacio, a ruedas, sortea el vano de la puerta. El público rompe con sus aplausos el silencio que hasta ese momento acompaña la salida. Es el instante de atacar 'Nazareno de la Salutacion' de Artola, por la banda de Almogía, antes de que San Lorenzo Mártir inicie su concierto callejero tras el trono del Señor, que bajaba hasta la capilla de la Piedad con 'Entrada en Jerusalén'.

Cristo consuela a las mujeres, le secan el rostro y hace un nuevo milagro. La corona de espinas se le clava en la sien, pero mantiene su rostro de Misericordia y lo imprime en el lienzo que sostiene la Verónica. El Calvario es un camino de claveles sangre de toro con iris morados en las jarras. 

Le toca el turno a la Virgen del Patrocinio. Es el más difícil todavía. Estrena trono, un joyero. En él se concentran las emociones reprimidas de los últimos dos años sin salir. Así se expresa, emocionado, Emilio Méndez, el orfebre responsable del cajillo, una obra genial, que este Domingo de Ramos no ha querido perderse un detalle en Málaga. 

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Las macollas casi rozan el estrecho dintel. El trono ha de salir a ruedas, muy despacio, deslizándose, bajo, a la mano, para poder contemplar más de cerca las maravillas que aloja en sus cartelas: todo un himno de amor a la Virgen. A su vida ejemplar. Suena 'Amarguras'. Y 'Nazareno de la Salutación', de nuevo. Y 'Patrocinio', de Gándara. Un alarde de la banda del Nazareno de Almogía, casi aún sin moverse del sitio. 

Desde el Museo del Vidrio y el cristal una soprano también entona un aria. Suena la campana y arriba ya está la Virgen consolada por San Juan. Clásico clavel para exornar la escena de la Sacra Conversazione, bajo palio.