24 de octubre de 2020
24.10.2020
La Opinión de Málaga
Memorias en blanco y negro

Gardel y la Batalla rioplatense en París, -1928-

24.10.2020 | 05:00
Gardel y la Batalla rioplatense en París, -1928-

Cuenta la historia que el fútbol nació en el Reino Unido en una típica tarde gris invernal de las islas, allá por 1857. Fueron unos estudiantes apasionados del Cricket en la ciudad de Sheffield y, curiosamente, para paliar los largos periodos de invierno sin poder practicar su pasatiempo favorito. Éstos hallaron la forma de mantenerse físicamente en forma golpeando a un esférico de cuero tras perseguirlo incesantemente por los verdes prados de Yorkshire.

Pero existe una leyenda que sitúa el epicentro en el Rio de la Plata. La única duda es saber si fue en la parte argentina o en la uruguaya, pero aseguran que fue allí donde el fútbol vería la luz por primera vez. Y yo también lo creo así.

Curiosamente, el Tango como género musical, también surgió en el mismo lugar allá por la segunda mitad del siglo XIX, cuyo máximo exponente Carlos Gardel, se dedicó a profetizar por cada rincón del mundo. Futbol y Tango, Tango y Fútbol, unido por un mismo fin, la "Pasión".

Tampoco existe consenso para ubicar el lugar donde nació El Zoral Criollo. Para los franceses Charles Romuald Gardes nació en Toulouse, pero para los uruguayos Carlos Gardel nacería en Tacuarembó. Aunque lo que sí que es cierto, es que en 1923 se nacionalizaría argentino entre otras cosas, por la pasión que sentiría por el binomio música y deporte, siendo hincha acérrimo de Racing de Avellaneda y Peñarol de Montevideo.

Esta historia nos traslada en el tiempo hasta 1928, cuando Uruguay se proclamaba bicampeona olímpica en Ámsterdam el 13 de junio, tras derrotar en el partido de desempate a su archienemigo público número uno como era Argentina por 2-1, –goles de Figueroa y Scarone para los celestes y Monti para los albicelestes–. Durante el desarrollo del partido los piques, amenazas y juego duro fueron la tónica. Pero la mayor crispación se vivió de manos del "Negro" Andrade y Luis Monti, cuando éste y encontrándose su adversario tirado sobre el césped tras sufrir una dura entrada por su parte, aprovechaba la coyuntura para pisarle la mano y dejarle clavados los tacos en ella. Aquello provocó que Andrade se retorciese de dolor jurando venganza por ello. La batalla se extendería al tren de regreso a París, que curiosamente llevaba a ambas selecciones como parada previa de regreso a Sudamérica desde Marsella en barco, justo al día siguiente.

Gardel que no pudo asistir a la finalísima por un compromiso en Italia y siendo hincha de ambas selecciones, se enteró de todo lo sucedido y quiso limar asperezas invitando a las dos expediciones a una cena en su famoso Cabaret parisino, El Garrón. París en los años 20 estaba llena de vida. Pintores, escritores, filósofos y todo tipo de artistas, llenaban los cafés de cada rincón de la ciudad del amor.

La cena se celebró esa misma noche, y Gardel en un intento de confraternizar a todos los pibes rioplatenses, fue intercalando en cada mesa a un argentino con un uruguayo. Monti se sentó al lado de Scarone, Bossio junto a Figueroa, Orsi junto a Andrade, muy cerca de la mesa de Monti con quien llegaría a retarse en duelo a muerte tras la final. El Negro, cojo y con la mano dolorida, tendría ganas de revancha€ "Estoy rengo por vos, además me pisaste la mano cuando ya estaba en el suelo", a lo que Orsi hizo oídos sordos, hecho que enardeció aún más a Andrade.

Gardel, astuto como nadie, apreció que allí podrían saltar chispas y a sabiendas de que Orsi no solo era un gran futbolista sino también un virtuoso del violín, rápidamente le invitó a subir al escenario para que interpretase junto a él, su clásico tango La Cieguita. Y, ¿Cuál fue la sorpresa del Mumo? Que el instrumento musical que iba a hacer sonar era ni más ni menos que un auténtico ¡Stradivarius!

La orquesta junto a Orsi comenzó a tocar la melancólica melodía, que fue interpretada por Gardel con un sentimiento sinigual. A punto de finalizar aquella bella canción a la voz del más grande y como pequeña travesura, comenzó una especie de batallita de migajas de pan iniciada por Paternoster y Scarone. Una de ellas se desvió de su camino y fue a parar ni más ni menos que al rostro de Ferreira, quién al intentar vengarse de Scarone, le lanzó un pan entero. Éste fue defendido por Batignani, y entonces toda la paz y la armonía se fue al garete€

Sin árbitro de por medio, argentinos y uruguayos comenzaron a lanzarse copas, platos y botellas, mientras Orsi incrédulo, seguía con el valioso instrumento entre sus manos. Y cuando todos estaban distraídos en la batalla, el Negro aprovechó la coyuntura para lanzarse a por el pequeño Orsi, que sin esperarlo se vio sorprendido por aquella gran mole humana. De repente, un estruendo de madera crujiendo paralizó a todos. El Mumo había estampado literalmente el violín en la cara de Andrade dejándolo noqueado. ¡El Stradivarius! Gritaron los de la banda, mientras Orsi saldría por patas del restaurante perseguido por los músicos. Gardel, preso del pánico, pediría calma a sus invitados para que no destrozasen su precioso cabaret. ¡No lo logró!

Raimundo Orsi aquella misma noche huyó hacia Marsella donde al día siguiente junto a sus compañeros –y rivales– partiría rumbo a casa. La fiesta-batalla de El Garrón había causado más lesionados que la propia final de Ámsterdam, generándose desde aquellos mismos momentos, una de las rivalidades más enconadas y añejas de la historia del fútbol mundial.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook