Entrevista a Leonardo Padura

´La implicación ciudadana de un creador no es un lastre sino una responsabilidad´

Padura (habanero con ciudadanía española) factura una narración policial junto a otra histórica con un cuadro de Rembrandt de un judío errante como excusa

11.10.2013 | 05:00
El novelista Leonardo Padura.
El novelista Leonardo Padura.

¿Todo hereje es un revolucionario?
No, pero creo que todo revolucionario es un hereje, sobre todo cuando hace la revolución. Después de hecha, si crea una ortodoxia, ya no es más un hereje, sino un mesías.

Para un artista, ¿los compromisos son un lastre, como dice Rembrandt?
Creo que sí. El gran compromiso del artista es con su creación. Pero muchas veces la creación implica una postura ciudadana, que no es precisamente un lastre, sino una responsabilidad. Lastre es hacer política con el arte (no hacer arte político, entiéndame) o poner la creación al servicio de grupos de poder e influencia, de carácter social o económico. Digo yo.

¿Por qué empaqueta tres novelas en una (negra, social e histórica) en Herejes?
Porque no reconozco ni me aferro a los cánones ni a los esquemas. En una novela donde reflexiono sobre la libertad del individuo y sus riesgos, ¿no estaba bien correr mi riesgos y practicar mi libertad de escribir la novela que quería, sin atenerme a clasificaciones ni esquemas?

«La obediencia a mandatos supuestamente creados para nuestro bien puede convertirse en una cárcel», leemos en su novela. ¿Esa es su definición del castrismo en 2013?
Es mi definición de cualquier ideología, militancia o pertenencia que te obligue a la obediencia, por encima de tus propias necesidades humanas o de tus principios, preferencias o deseos. El mundo es cada vez más totalitario (económica, política, religiosamente…) y ese vestido le sirve a mucha gente.

Su Mario Conde sigue en su lucha contra la ausencia de expectativas. ¿Esa es la condición del ser cubano durante el último medio siglo?
No. Es la de Conde. El problema está en que muchos se sienten como Conde y que Conde es una metáfora generacional.

¿El hombre nuevo cubano es ajeno a la política, adicto a la ostentación gozosa de la vida? ¿Esa sería su visión distanciada de los resultados del neocastrismo?
Cuba es como casi todos los países: hay pícaros, creyentes, hedonistas, gente buena y gente mala, oportunistas, personas decentes, corruptos, los que no se enteran de nada o no les interesa enterarse… Hay de todo como en la viña del señor. Ese es el resultado.

¿El desencanto y el cinismo son actitudes inteligentes ante la vida?
No, son consecuencias. Uno te llega desde fuera, el otro te nace desde dentro; uno te aplasta, el otro te sirve de escudo.

«Filosofar es hablar mierda porque no llevan a nada las grandes preguntas». ¿Así lo cree, esta sería su particular antifilosofía?
No se puede confundir a los personajes con los escritores. No siempre lo que ellos dicen es lo que uno piensa. He creado muchos personajes con filosofías de la vida diferentes a la mía, como casi todos los novelistas. Si todos fueran como uno, la literatura sería aburridísima.

El arte escuálido y conmovedor, tipo J. D. Salinger, el que le gusta a Conde, ¿es mejor que las novelas largas tipo Padura?
No lo sé. El arte es bueno o malo, con independencia de que sea más o menos salingeriano o paduriano (la verdad es que acabo de inventar el término), más o menos escuálido (en el concepto de Salinger) o conmovedor.

Y un escritor maduro y hecho como usted, ¿cómo ve la literatura joven que se está haciendo en Cuba y el resto de Hispanoamérica?
Con interés y cautela. Siempre hay que esperar. No todos los días aparecen un García Márquez o un Vargas Llosa. Carpentier publicó El reino de este mundo a los cuarenta y cinco años y El siglo de las luces al borde de los sesenta.

Perdone la ingenuidad, pero no acabo de entender lo que sucede en Cuba hoy en día. ¿Entonces el castrismo es ya cosa del pasado?
No hay nada que perdonar. Solo entre en la web del periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, y tendrá la respuesta. Y respecto a entender, hay millones de cosas que yo no entiendo. Incluso de Cuba.

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