Crítica

Mejor un ipod que un abanico

"Lo que resulta poco verosímil y hasta un poco frívolo es sacarlo de su época sin que ese disparador no evolucione"

09.02.2016 | 05:00

Windermere Club
Teatro cervantes

Director: Gabriel Olivares.
Intervienen: Natalia Millán, Teresa Hurtado de Ory, Javier Martín, Susana Abaitua, Emilio Buale, Harlys Becerra.

'Windermere Club' es la versión de 'El abanico de Lady Windermere', de Oscar Wilde, que ha creado el autor Juan Carlos Rubio para Txalo Producciones. Con caras muy conocidas como Natalia Millán y Teresa Hurtado de Ory se presentó en el Cervantes para el Festival de Teatro de Málaga. La historia es la de una jovencita enamorada y casada que recibe la noticia de los continuos idas y venidas de su esposo con una señora recién llegada a la ciudad y de poco fiable reputación. Los dimes y diretes terminan por hacer mella en su sólida confianza hacia el cónyuge. Hasta que se ve envuelta en un suceso del que sale bien parada gracias precisamente al sacrificio personal e inmolación que la propia señora hace para evitar que el joven matrimonio se rompa. ¿Por qué? Bueno, todos sabemos la historia. Era la madre que la abandonó siendo una niña y que ella creía muerta. Oscar Wilde hizo de ésta una obra en la que se reflejaba el espíritu decadente de una sociedad, la victoriana, llena de prejuicios y ataduras. No es que ya no existan, pero probablemente no seamos tan susceptibles a según en qué grado se sitúe el detonador. Los diálogos siguen siendo estupendos y la versión que hace Juan Carlos Rubio los mantiene en su grandiosidad literaria. Pero lo que resulta poco verosímil y hasta un poco frívolo es sacarlo de su época sin que ese disparador no evolucione. Queda empequeñecido. No parece que haya una motivación suficiente para que los personajes actúen como actúan con dobleces y engaños para no herir o para herir en otros casos. El abanico de la joven, elemento fundamental en la trama, que encuentra el esposo en casa del amigo, algo tan sumamente personal en su momento, es un ejemplo; ya no resulta una pieza significativa que pueda marcar la tragedia, y puestos a actualizar bien podía haber sido el iPod, que ése sí que no hay quien te lo quite como para aparecer en casa de otro sin explicación. No obstante, la puesta en escena es colorista como corresponde al lugar en que se resitúa el ambiente. Porque ahora estamos en un club de salsa en Miami, con personajes hispanos de diversas procedencias. Algo que también extraña por la comparativa temperamental entre británicos del original y los extrovertidos clichés de los latinos. Incluso ese tópico, el de las nacionalidades, al renovarse, obligaría a reconsiderar las respuestas de los personajes, excesivamente comedidas y poco motivadas. Eso sí, el trabajo actoral, por sus registros, es excelente en su totalidad.

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