Diálogo

El cómic se pone a dibujar la pintura

Dibujantes europeos y españoles homenajean a la pintura en una exposición de Fundación Telefónica en Madrid con fondos propios y de las colecciones historietistas del Louvre y Orsay

02.04.2016 | 05:00
La portada del número extraordinario de «El Víbora», en el que sus personajes remedaban «La balsa de la Medusa», de Théodore Géricault.

La enésima prueba de que el cómic se ha convertido en un fenómeno museográfico entre las instituciones culturales y el arte de todo el planeta

Hace unas semanas de la muerte de Umberto Eco, que escribió sobre cómics con conocimiento semiótico y mentalidad desprejuiciada, iluminado en la infancia por la misteriosa llama de la reina Loana con la que tituló su novela de formación intelectual y de cultura sentimental.

Como en una carrera de relevos entre la alta y la baja cultura, La misteriosa llama de la reina Loana fue una aventura de los cómics de aventuras de los años treinta Tim Tyler´s luck (en España, Jorge y Fernando). La serie fue creada por Lyman Young y esta aventura concreta se basaba en Ella, un relato de H. Rider Haggard. Al cabo, dio título a una de las últimas obras de Eco, que toda su vida saltó, jugó y trabajó entre la alta y la baja cultura.

Un día antes de la muerte de Eco se abrió en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid El Arte en el cómic que jerarquiza con su mayúscula y su minúscula y quiere nombrar una exposición en la que más de 50 historietistas e ilustradores contemporáneos homenajean a los grandes maestros de la pintura universal.

Aquí tenemos sólo algunos ejemplos ordenados de las plebeyas artes echando mano de las bellas artes, devolviéndoles la visita a Roy Lichtenstein cuando convirtió en grandes lienzos las funcionales viñetas (magníficas) de los cómics de guerra de Russ Heath, por poner el ejemplo más notorio. En los últimos años unas y otras artes se encuentran con naturalidad y en plano de igualdad. No aquí.

La exposición, comisariada por Asier Mensuro, está dividida en tres espacios que muestran la presencia del cómic en los grandes museos, algunas de las planchas de cómic de la colección Telefónica y el homenaje de algunos dibujantes a piezas emblemáticas.

El museo de Louvre creó en 2005, en colaboración con la editorial Futuropolis, una colección de cómics en la que las obras del museo y sus colecciones ins- piraban las historias. Siguiendo su ejemplo, el museo de Orsay creó en 2014 otra colección similar.

Por eso en la muestra hay páginas de Milo Manara, Enki Bilal, Catherine Meurisse, David Prudhomme, Bernard Yslaire y Marc-Antoine Mathieu, entre otros.


Parece que hablamos de la gran Francia de los grandes museos, pero también lo hacemos del primer productor europeo de cómics (bande dessinée) con la inestimable ayuda de Bélgica. El mercado del cómic mundial se divide, estilísticamente, en el cómic estadounidense, la bd francesa y belga y el manga japonés. Hay otras comicgrafías –el fumetti italiano, claro–, pero no son tan internacionales.

A la altura de estas dos experiencias se añade Mitos del Pop, de Miguel Ángel Martín (León, 1960, autor de Brian the brain) que fue encargado por el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid como complemento a una exposición dedicada al pop-art.

La aportación de Fundación Telefónica es que ha encargado versiones libres de algunas piezas de su patrimonio a historietistas como Javier Olivares (Madrid, 1964), Premio Nacional de Cómic 2015, y Santiago García (Madrid, 1968), quienes pasan por su filtro una obra de Joaquín Torres García y realizan tres páginas sobre el Guernica. Mamen Moreu (Huesca, 1985) homenajea a Picasso, Tàpies y Magritte. La guionista Teresa Valero (Madrid, 1969) y Juan Díaz Canales (Madrid 1972) se enfrentan al movimiento impresionista.

La presencia de cómic español incluye a Miguel Gallardo (Lérida, 1955), en los setenta Makoki, en los 2000 María y yo; Sergio Bleda (Albacete, 1974), que se mueve entre los cómics eróticos de Kiss y los pin ups de superhéroes estadounidenses; Paco Roca (Valencia, 1969), autor de novelas gráficas como Arrugas y ahora La casa; Rubén Pellejero (Badalona, 1952) que en los ochenta se reveló con Dieter Lumpen y ahora es el dibujante del último álbum de Corto Maltés, o Enrique Ventura, para siempre unido a Groucho Marx por sus Grouñidos en el desierto de El Jueves.

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