"De la Torre es todo educación"

´Celia nos hace sonrojar a veces con sus salidas´

Entrevista al director gerente de las escuelas de hostelería de La Cónsula y La Fonda, Francisco Oliva

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Francisco Oliva (Málaga, 1946), en las cocinas de La Cónsula el pasado viernes.
Francisco Oliva (Málaga, 1946), en las cocinas de La Cónsula el pasado viernes.  Arciniega
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El actual director de La Cónsula se jubila la próxima semana, después de una intensa vida política que le ha llevado a participar en la preautonomía de Andalucía, el primer Ayuntamiento de la Málaga democrática, la hoy polémica Consejería de Trabajo de la Junta, el Congreso de los Diputados, el Parlamento andaluz, el Parlamento Europeo y a presentarse a candidato a la alcaldía de Málaga a finales de los 90. En total, 42 años de vida laboral que concluyen al frente de las Escuelas de Hostelería, una iniciativa personal cuando fue consejero.

ALFONSO VÁZQUEZ «Desgraciadamente en los dos grandes partidos el 80 ó 90 por ciento de los jóvenes no ha trabajado nunca y eso se nota al final» «Ya se están produciendo ataques desmesurados del Gobierno central contra la Junta».

­Afronta su última semana de trabajo ante la jubilación, después de 42 años de vida laboral, parte de ella como político todoterreno, aunque estos últimos cuatro años ha estado rodeado de los fogones de La Fonda y La Cónsula, en donde en un azulejo aparece su nombre como fundador de la Escuela de Hostelería en 1993.

¿Cuándo se despertó su vocación política?
En los tiempos previos al final de la dictadura, los que nos dedicábamos a ser abogados laboralistas teníamos total inquietud por la política pero nunca pensamos que nos íbamos a dedicar a esto.

Ingresa en el PSOE en el 75, ¿cómo era entonces el partido?
Ese PSOE era una cosa absolutamente distinta, un partido minoritario, que siempre decíamos que teníamos más de los que teníamos, pero una gente entregada e interesantísima, con una ambición muy larvada y sólo había un deseo de entrega y de hacer cosas. Y también de participar, pero nunca como idea política personal. Era algo muy distinto.

¿Y esa Málaga de entonces?
La conocí cuando mi segundo cargo político porque el primero fue en la preautonomía, en la Consejería de Interior. Era una Málaga tremenda, había días que teníamos un coche patrulla y a lo mejor no teníamos gasolina. Todas las urbanizaciones se habían hecho sin las necesidades adecuadas, que luego tuvo que pagar toda la ciudad. Era una Málaga muy deteriorada con un urbanismo muy salvaje.

Como teniente alcalde en esa primera corporación del 79, ¿fue complicado hacerse con la gestión de la ciudad?, porque todos eran unos primerizos.
Sí costó, lo que pasa es que teníamos una gran capacidad de ilusión. Allí no había firmado uno un cheque más allá de 2.000 pesetas y cosas de esas. Además nos encontramos una Málaga sin ninguna conciencia fiscal, en lo que a municipio se refiere. Me acuerdo que fuimos a Bilbao y allí andaban en el 80 y tantos o 90 de pago y aquí no llegábamos al 15. La gente no respetaba absolutamente nada el Ayuntamiento. Y encima no había un duro. La cosa fue muy difícil.

¿Cómo era la relación entre los partidos?, ¿notó mucho cambio cuando regresó al Ayuntamiento 20 años después?
Sí, la relación era muy distinta. En los primeros tiempos había mucha ilusión. En el PCE había gente muy añorada pero muy dura como Leopoldo del Prado pero, sin embargo, era tremendamente práctico. Después todo fue diferente, pasó el tiempo y también yo era diferente.

¿Había más compañerismo en esa primera legislatura?
Eran los comienzos de la política. Había habido sólo elecciones generales y las municipales eran el primer ejercicio y la gente estaba ilusionada y con ganas de no meter la pata. Aunque ya empezaron a surgir las personas y hubo un voto de censura a Pedro Aparicio en medio de la legislatura, así como una escisión en el PCE. Ya hubo cosas bastante duras en un principio.

Usted tuvo sus discrepancias con el alcalde Pedro Aparicio, ¿qué ocurrió?
Yo me voy del Ayuntamiento en plena legislatura porque el líder era Pedro y no nos entendíamos, y hoy se ve con toda naturalidad. Estaba claro que él era el alcalde y yo era el portavoz y el primer teniente alcalde y tenía que haber mucho más feeling, que no lo había en aquellos momentos.

¿Cree que a Aparicio le sobró la última legislatura como aseguran sus críticos?
El partido creo que propició que se marchara como eurodiputado europeo y él no se marchó. Y el final fue un final triste que seguramente no se merece él ni Málaga. ¿Quién es el culpable?, no lo sé, pero el final de ese equipo –por no personalizar en Pedro– no fue bonito, fue muy de decadencia. Luego el partido lo pagó, pasando de 17 a 7 concejales y ya no hemos levantado cabeza desde entonces. Seguramente algo tuvo que ver el no pacto con Izquierda Unida, que también era muy difícil.

Tras su marcha del Ayuntamiento, en el 82 le recupera el partido para el Congreso de los Diputados, un hemiciclo en el que los socialistas son mayoría absoluta.
Allí me encontré un panorama interesantísimo con un Felipe González absolutamente en forma y como hombre de Estado y empezamos todos a aprender. Y nos teníamos que reprimir en muchas cosas que nos parecían que se podían hacer y había unas responsabilidades exteriores y económicas que hasta entonces no habíamos tenido. Eso nos hizo aprender a todos de política.

¿Qué iniciativas recuerda?
Participé como ponente en algunas leyes como la Ley de Protección al Desempleo, en la de Cooperativas, en la de Sociedades Anónimas Laborales o en la famosa ley de las 40 horas, que fue un paso fundamental que no sé en qué quedará ahora.

Y coincide con un Manuel Fraga en toda su plenitud.
También lo conocí en el Parlamento Europeo porque coincidimos. El del Congreso era un Fraga que levantó la derecha, tras el bajón de UCD, integrando a toda la extrema derecha que había estado segregada y eso fue importante para el país. Era un hombre tremendamente enérgico pero muy razonable.

¿Supo gestionar bien el PSOE esa mayoría absoluta o funcionó el rodillo?
Es verdad que la victoria fue arrolladora, 202 diputados, yo creo que la mayoría más alta que ha habido nunca. Al final siempre ocurre igual, ¿qué pasa?, la Historia tiene que hacer el juicio. Se hicieron cosas muy importantes como la reconversión industrial, y aparte el cambio fundamental en España. Y claro, la oposición no cooperaba demasiado porque tenía que hacer su labor de oposición. Y no lo hizo demasiado bien porque tuvieron que pasar tres líderes y tres años más del último líder para llegar al poder.

A finales de los 80 pasa al Parlamento Europeo. ¿Se repiten en Europa los defectos y virtudes de la política española o es otro nivel?
Es otra cosa. Aparte, el Parlamento Europeo es muy de cara a la galería. Está bien, porque es un parlamento de una Europa naciente y tiene que tener ese halo de romanticismo, a veces no pegado a la realidad. Recuerdo los mejores días cuando aparecimos en el primer Parlamento Europeo representando a España. También tenían mucho interés las delegaciones en los distintos sitios. Yo formé parte de las de el Magreb, Sudamérica y Centroamérica, con la historia de la Nicaragua roja de entonces. Pero es cierto que vivíamos un poquito despegados de la realidad.
En unos tiempos sin móviles, su nombramiento como consejero de Trabajo, en 1990, fue muy peculiar.
Estaba en un camping, de veraneo, y tuvieron que llamar a la Guardia Civil para contarme que me pusiera en contacto con Manuel Chaves.

¿Cómo era la salud económica y empresarial de la Andalucía de entonces?
Con respecto a la salud económica, no tenían nada que ver con estos presupuestos. Me parece que en mi consejería había dos coches, por poner un ejemplo, pero la salud entonces era buena, hasta el 93 que empezó la crisis gorda y me tocaron todas las crisis de Santana, Santa Bárbara, Gillette, las textiles... fue tremendo. Y yo me refugiaba en la formación, me parecía que era un descanso de aquella tremenda tensión cuando había que negociar la expulsión. Pero entonces teníamos el arma de que la administración tenía que dar el visto bueno. Si eso hoy desaparece, como parece que ha desaparecido, eso sería gravísimo.

Ganó las primarias a un peso pesado como Eduardo Martín Toval, ¿por qué cree que la balanza se inclinó a su favor?
Creo simplemente que yo era más un hombre de partido en Málaga que él. Eduardo era un peso pesado y un hombre con una magnífica carrera política y un currículum sobradamente por encima del mío, sin ninguna duda, pero quizás hubo cierto distanciamiento con el partido en Málaga. No hubo el suficiente feeling con los propios militantes.

Se presenta como candidato a la alcaldía en el 99 y pierde con Celia Villalobos, ¿cómo ha sido su relación política con ella?
Lo que pasa es que tiene un carácter endiablado. Hay veces que nos hace sonrojar con sus salidas. Fíjate en un pleno lo que era, mientras que Francisco de la Torre es todo educación, seguramente más cínico que ella. Celia era muy difícil en el trato.

¿Qué piensa de Celia Villalobos como alcaldesa?
Le pilló un momento muy difícil pero como alcaldesa hizo cosas, sin lugar a dudas.

En esa etapa le toca vivir el asesinato de Martín Carpena.
Es el peor recuerdo de mi vida política, el llevar el féretro de ese hombre pensando que siempre habíamos visto a ETA de lejos y el hecho de que la tuviéramos tan cerca y, de hecho, a los dos días le tocó a Pepe Asenjo. Fueron unos días que nos cambiaron la vida a todos.

Usted perdió las primarias con Marisa Bustinduy pero ni ella ni María Gámez han podido ganar hasta ahora a Francisco de la Torre. ¿Dónde radica su éxito?
Es un honesto padre de familia al que tú le puedes dejar la cartera y el coche porque vas a salir, era un poco estilo Manuel Chaves. Paco es un hombre que no es tremendamente brillante pero es muy trabajador, da la sensación de un honesto padre de familia y la gente confía en él. Ese es el secreto, creo, de Paco de la Torre.

Usted creó las Escuelas de Hostelería de La Cónsula de Churriana y La Fonda de Benalmádena, ¿cómo ha sido la experiencia de dirigirlas?
A nadie le dan la oportunidad de coger a un hijo después de tanto tiempo. Rafael de la Fuente lo acompañó muy bien durante muchos años y el darte la experiencia de estar al frente de él para mí ha sido una experiencia increíble.

¿Cómo surgió la idea?
No era normal que en Málaga, que tenía muchos miles de trabajadores, no hubiera una escuela de hostelería en condiciones. Yo provenía del INEM y le tenía mucho respeto, entre comillas, a los cursos que se daban porque era un sistema de cursillismo que no valía para nada. Sabía que tenía que hacer una escuela, pero el problema era cómo y qué clase de escuela, porque el repetir lo que se había hecho no tenía sentido. Tomamos tres variantes: Había que poner un lugar con caché suficiente, dotarlo de los medios necesarios y traer gente de reconocido prestigio que diera clase. Y ha sido un éxito. Y una de nuestras ilusiones, que los profesionales trajeran a sus hijos aquí, es hoy una realidad desbordada.

Y es una fábrica de estrellas Michelín.
Cinco estrellas Michelín no las ha conseguido ninguna escuela y, además, todo el mundo dice que ha habido un cambio importantísimo en el servicio y la gastronomía malagueña.

¿Sigue siendo un reducto frente a la crisis?
Antes era un desborde y los alumnos se cambiaban de un hotel a otro con mucha facilidad. Ahora eso ya no existe pero sigue teniendo salidas y tenemos una demanda que no podemos atender. Además, ahora nuestro principal consumidor es el antiguo alumno que busca aquí profesionales.

Un relevante político se quejaba de que los jóvenes que se están dedicando a la política en Málaga suelen ser de obediencia ciega, poca manga ancha y escasa formación, ¿qué consejo les daría?
Les diría que primero trabajen y que luego se dediquen a la política porque si no su visión es muy limitada. Desgraciadamente en los dos partidos grandes el 80 ó 90 por ciento de los jóvenes que se dedican a la política no ha trabajado nunca y eso se nota al final.

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