El amigo malagueño del Papa

Y el Papa fue a ver al padre Paquito

El malagueño Francisco Cortés, de casi 91 años y que vive desde 1963 en Ecuador, trabó amistad con Francisco en los 80

07.07.2015 | 13:46

El sacerdote jesuita malagueño Francisco Cortés, que está a punto de cumplir 91 años y es conocido por todos en Guayaquil (Ecuador) como el padre Paquito, vivió ayer una jornada inolvidable al recibir en la sede del colegio Javier de esta ciudad sudamericana la visita del papa Francisco. Y es que el pontífice ha aprovechado el viaje pastoral que realiza estos días por el continente para saludar personalmente a quien considera un viejo amigo y todo un referente espiritual pese a que habían pasado 30 años sin que, hasta ahora, hubieran vuelto a verse. Cortés conoció a Bergoglio en los años 80, cuando el ahora papa era provincial de los jesuitas en Argentina.

Cuentan estos días en los medios de ese país que Francisco solicitó expresamente que su estancia en Ecuador incluyera, tras la eucaristía de ayer en el parque Samanes de Guayaquil, una comida con la comunidad del Colegio Javier y unos minutos para poder charlar con Cortés. Peregrinos ecuatorianos que estuvieron recientemente en el Vaticano afirman también que el pontífice les había dicho: «Díganle al padre Paquito que quiero ir a Guayaquil para que me bendiga y yo lo bendiga a él». Todo eso ha provocado que en las últimas semanas, sea conocido en Ecuador como «el amigo del Papa».

Él, en las diversas entrevistas que ha tenido que conceder, ha tratado de restarse importancia aunque siempre mostrándose encantado con el detalle del pontífice, que ha calificado como «un regalo de cumpleaños» (los cumple este próximo viernes, 10 de julio). «Estoy admirado de la humildad de ese hombre por acordarse de mí. En cuanto lo nombraron Papa me mandó más de cinco recados de que me saludaran personalmente. No al padre Francisco Cortés, sino al padre Paquito», afirma modesto pero sin duda satisfecho.

El padre Paquito, natural de Málaga y que vive en Ecuador desde 1963, conoció a Jorge Mario Bergoglio a inicios de los 80, cuando éste era rector del Colegio San José de la Compañía de Jesús en Buenos Aires, según rememoraba ayer a La Opinión el padre Luis Gómez de León, que vive en la comunidad jesuita de la calle Compañía en Málaga y que fue compañero de Cortés durante tres años en Guayaquil.

El caso es que Bergoglio buscaba por aquel entonces un lugar donde los novicios jesuitas argentinos pudieran hacer sus prácticas y visitó para ello Ecuador. «En Argentina había entonces muchas vocaciones, y podían permitirse el mandar a jóvenes jesuitas fuera para formarse y ayudar», comenta el padre Luis. Cortés –que dirigía por aquel entonces el Colegio Jesuita de Guayaquil– también necesitaba de sacerdotes para realizar tareas pastorales y educativas en la zona.

El futuro Papa quedó encantado con la acogida que recibió en el colegio Javier, así que durante toda esa década llegaron desde Argentina más de 30 jesuitas que desempeñaron una labor enorme en Ecuador. El padre Paquito, como guía espiritual, los cuidó con todo el esmero posible, algo que Bergoglio agradeció de corazón.

En 1985, Cortés viajó además a Buenos Aires para asistir a la ordenación de un grupo de seminaristas. Al regreso, el vuelo se retrasó y Bergoglio lo acompañó en el aeropuerto, tiempo en el que hablaron de todo, como grandes amigos. «Me trató a cuerpo de rey, estuvo conmigo en la cafetería porque mi avión salía con dos horas de retraso», recordaba el padre Paquito en una reciente entrevista con la cadena Ecuavisa.

Con el tiempo, y pese a que casi perdieron el contacto, la amistad y el afecto perduró aunque lo que no podía esperarse el nonagenario padre Paquito, que tiene implantado un marcapasos y camina con un bastón, es que el ahora Papa iba a acordarse de él de forma tan personal y cariñosa en este viaje a Ecuador.

«Ha sido desde luego un detalle precioso pero es que Francisco es así de cercano con todo el mundo», ratifica desde Málaga el padre Luis Gómez de León con una sonrisa. Según comenta, el padre Paquito ha vuelto en alguna ocasión a la ciudad que lo vio nacer, la última de ellas hará unos tres años, a pesar de su avanzada edad.

«Estuvo cerca de un mes aquí, un poco casi por obligación, porque tenía algunos conocidos que le habían pedido por favor que viniera», afirma este jesuita.

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