De Juana

18.07.2008 | 02:00

Charo
Zarzalejos

La ley, por principio, siempre va por detrás de las realidades. Y es que lo que no cabe pensar, por avezado que sea el legislador, es en normas que regulen hipótesis. Sin embargo, en el caso de De Juana sí cabe hablar de imprevisión, no tanta de este Gobierno concreto, como de la propia democracia. En realidad, no es ésta la primera afrenta que sufren las víctimas.
El precedente mas notorio por conocido es el de Pilar Elías, que todos los días se cruza con quien asesinara a su marido. La mujer de Aspiazu se ha encargado de salvar el negocio de cristalería.
Hay que sumergirse en el error para encontrar el acierto. Y acierto ha sido la actuación de la Fiscalía, solicitando el embargo preventivo ante la sospecha fundada de que tras una peculiar compraventa se esconda un alzamiento de bienes.
De Juana ha cumplido con la Justicia de acuerdo con nuestro Estado de Derecho. Y de acuerdo con este mismo Estado, vivirá a un paso de varias víctimas de ETA sin haber dado la más mínima muestra de arrepentimiento, siendo esto lo más lacerante para una sociedad mínimamente sensata.
Afortunadamente, poco a poco se va imponiendo una moral ciudadana en virtud de la cual las víctimas de género, de pederastia y es de esperar que de terrorismo, van adquiriendo el derecho a no tener que recordar de manera permanente. Tienen derecho a no ver la película de su dolor en sesión continua.
Nuestro sistema jurídico y penal tiene evidentes rendijas; sin embargo, nada nos debe llevar a denostar el mismo. Nuestro cuerpo normativo es garantista y así debe seguir siéndolo para garantía de todos. Sólo se trata de reaccionar a tiempo y, en muchas ocasiones, de atreverse a establecer normas sobre hipótesis, porque lo cotidiano nos demuestra que la realidad puede superar cualquier ficción.
Ver a De Juana paseando por las calles del barrio de Amara, por mucho que haya cumplido su pena, será una nueva prueba para quienes ya superaron muchas. Y siempre dentro de la ley. Ahora va a ser doloroso, pero no va a ser distinto. "Me ha tocado la china", dice Pilar Elías cuando todos los días se cruza con el asesino de su marido. Y tiene razón, porque las víctimas tienen derecho a la memoria de todos, pero no al recuerdo en directo de su condición de víctima.

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