La mirilla

Ordenar la vida en la calle

Llevamos un mes desde que el Ayuntamiento empezó su campaña para el control de las terrazas de los bares, que se habían convertido en una plaga descontrolada que amenazaba por cubrir las aceras de sillas y mesas

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Miguel Ferrary Mi compañero Lucas estuvo viviendo durante muchos meses en la céntrica calle Sánchez Pastor, en una vivienda alquilada luminosa y con vistas a la calle. Parecía un lugar perfecto, salvo por un pequeño detalle que, al principio te parece pintoresco, pero que a la larga se convierte en un martirio. Esa calle se ha puesto de moda con la apertura de numerosos bares y restaurantes. Durante meses escuchaba entre sueños los pedidos de los clientes que apuraban sus cenas en verano, o intentaba leer en el sofá de su casa al Premio Nobel de Literatura Tomas Tränstromer mientras que alguien parecía que recitaba a su lado una larga lista de bebidas y platos. Eso le causó noches de insomnio y tardes de agobio, que pusieron fin a su ansiada vida en el Centro y forzó su emigración a barrios más silenciosos.

El Centro lleva años intentando convertirse en un lugar habitable y visitable, consiguiendo mucho en los últimos años. Sin embargo, la terrazas se habían convertido en uno de los principales enemigos de vecinos, paseantes y comerciantes. La voracidad forzada por la Ley Antitabaco, que condenó a miles de fumadores a no entrar a los locales, y la crisis provocaron que andar por determinadas calles se convirtiese en una carrera de obstáculos donde sortear camareros con bandejas repletas de cervezas, sillas con rubicundos turistas y malagueños disfrutando del buen tiempo, y mesas sin espacio para más platos de comida. El éxito del Centro había generado un problema que amenazaba con ahogar su comercio y el espacio atractivo en el que se había convertido.

Durante los últimos meses hemos asistidos a un cierre paulatino de tiendas tradicionales, que dejaron paso, no ya a franquicias, sino a establecimientos hosteleros que han ocupado cada vez más espacio. Este exceso de oferta no se ha frenado con la crisis, sino que parece que se ha incrementado con muchos nuevos parados que han optado por abrir un negocio con el finiquito pre-Reforma Laboral.

El resultado es que el éxito engendró el germen del fracaso con el exceso de ocupación de las terrazas. La presión de los vecinos y de los comerciantes ha tenido sus frutos con una campaña del Ayuntamiento para controlar el exceso de ocupación y reordenar el Centro, pero también Teatinos, Pedregalejo y El Palo, con los mismos problemas.

El resultado está a la vista con cientos de sillas y mesas menos y una ciudad más habitable en calles que antes eran imposibles. Lucas se marchó de calle Sánchez Pastor, aunque esta vía ya ha vuelto a ser agradable. A ver cuánto dura.

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