Punto final

Jorge Lorenzo, el "prosciutto" del bocata

19.08.2015 | 05:00

No hay mejor bocadillo ¿verdad? Que el de jamón pata negra. Si es prosciutto, ya es otra cosa, pero no deja de ser exquisito. Valentino Rossi, que aprecia el jamón y el prosciutto, acaba de convertirse ¡ya! en el jamón del bocadillo que han cocinado, y bien cocinado, sin hablar, supongo, dos de los más grandes pilotos que ha parido España en toda su historia, los dos primeros bicampeones del mundo de la máximo categoría: el catalán Marc Márquez y el mallorquín Jorge Lorenzo. El primero, el mejor rookie de la historia de MotoGP y el bicampeón más joven.

Rossi confirmó el domingo su peor presentimiento, su peor sueño, lo que no quería ni saber ni confirmar: si quiere ser, de nuevo, ¡que ya está bien! campeón del mundo, es decir, si quiere ganar su décima corona, ha de empezar a ganar carreras. En Brno, por ejemplo, perdió el liderato del Mundial porque, pese a tener los mismos puntos que Lorenzo (211), ya tiene dos victorias menos, 5 del mallorquín (Jerez, Le Mans, Mugello, Barcelona y Brno) por tres del italiano (Catar, Argentina y Holanda).

Ser el jamón entre dos tan buenos, tan prodigiosos y, sobre todo, tan hambrientos bicampeones (al «Doctor» tampoco le falta hambre, tampoco) es un peligro. Porque la fuerza de Lorenzo es Márquez. Rossi sabe que no solo ha de superar, ganar, al mallorquín sino que debe humillar, también, y no solo psicológicamente como hizo en Argentina y Assen, al nen de Cervera. Y, tal vez, a Pedrosa, que puede hacer un destrozo si acaba de recuperarse, que se recuperará.

Los colegas italianos, siempre tan ocurrentes (ya saben «se non è vero è ben trovato»), se pasaron los dos primeros meses de este Mundial recordando en sus medios que Italia había dado la vuelta a la tortilla y estaba apalizando a España€ En motos. Y, cómo no, utilizaron a su buque insignia, al deportista más querido, no de Italia, de la tierra, al mismísimo Valentino Rossi, para decir que el resultado era ya de 3-0 después de que el Doctor, tras ganar en Catar y Argentina y ser tercero en Austin, se distanciase en el Mundial con 29 puntos de ventaja sobre los españoles. Se volvieron locos con razón, Vale hacia cinco años que no era líder del Mundial.

La sorpresa, el silencio y la decepción penetró en buena parte de los 138.782 apasionados seguidores que abarrotaron las laderas del precioso trazado de Brno. Rossi, con una carrera mediocre, concluyó, sí, tercero (once podios en once carreras), pero a mucha distancia de los dos bicampeones.

Italia ya no ríe, ya no se mofa de la «armada española», pese a empezar a ver los frutos en la base (¡maravillosos Niccoló Antonelli, Enea Bastianini, Francesco Bagnaia!) De sus campeonatos de promoción, copia exacta, idéntica al fructífero campeonato de España. El mundo asiste atónito al sueño del Doctor: arruinar, aniquilar, humillar, derrotar a los lideres de dos generaciones únicas, Lorenzo (28 años) y Márquez (22). Si Rossi logra la décima corona frente a semejantes semidioses demostrará que, una vez, hubo un deportista, un mago, un rey para el que nada era imposible. ¿Qué debe hacer para volver a ser líder? Le preguntó un periodista azzurri. «Sencilla: ser más rápido que Jorge y Marc. No hay otra».

Rossi se ha pasado media temporada diciendo que su problema era que no trabajaba bien el viernes y, ni siquiera, el sábado, en el sentido de que calificaba horrible en la vuelta rápida para decidir el lugar de salida en parrilla. En Brno, logró meterse, por segunda vez este año, en primera línea, junto a Lorenzo y Márquez. Pero no solucionó nada. Salió horrible, tropezó en las primeras vueltas con Dovizioso y, cuando lo superó, Lorenzo y Márquez ya estaban en la Luna. Sigue siendo favorito, claro. Más que Márquez, claro, pero no más que Lorenzo. Ni por asomo.

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