Impresiones

Una política de Estado

23.11.2015 | 05:00

El problema del Estado Islámico es que no es un grupo terrorista como otros, como Al Qaeda o como ETA. En el caso del Daesh, que es como también se le conoce, nos encontramos ante algo mucho más peligroso pues se trata de un estado que practica el terrorismo como un instrumento al servicio de sus objetivos políticos y estratégicos. Es una situación similar a lo que un día fue el Afganistán de los talibanes, que condujo a la más larga guerra jamás librada hasta la fecha por las tropas norteamericanas, aunque hay que reconocer que sin mucho éxito. O como la situación que imperaba en Somalia bajo el dominio del gobierno de los Tribunales Islámicos. Un estado terrorista no sólo da abrigo a grupos terroristas sino que tiene medios que no están al alcance de meros terroristas. Por tres razones: porque tiene mucho más dinero para hacer maldades, porque tiene el espacio necesario para albergar y dar refugio a toda ralea de indeseables y porque puede ocultar con facilidad las fábricas y laboratorios necesarios donde preparar armas mucho más peligrosas y cuya tecnología no es excesivamente sofisticada ni imposible de obtener, como son las armas químicas y biológicas, por no hablar de las bombas sucias que constituyen una de las peores pesadillas de los servicios de Inteligencia de todo el mundo. Sin necesidad de ellas y en solo un mes el Daesh ha atacado en Ankara, Beirut, Paris y ha derribado un avión ruso: unas 500 víctimas inocentes y habrá más si no se lo impedimos.

Se discute si hay una guerra con el Estado Islámico y es una discusión ociosa. El presidente de la República Francesa ha afirmado tajantemente ante las dos cámaras de la Asamblea Nacional que Francia está en guerra y si lo ha dicho hay que creerle, aunque en sus palabras puedan esconderse motivos electorales relacionados con el ascenso del Frente Nacional de Marie Le Pen en las encuestas. Francia bombardea en Siria posiciones del Daesh y los parisinos son ametrallados con fusiles Kalashnikov. La duda es si también estamos en guerra los demás. Francia podría haber invocado el artículo 5 del Tratado de la Alianza del Atlántico Norte que establece que el ataque contra un miembro de la OTAN es un ataque contra todos y hay obligación de ayudarle de la forma que cada un estime más oportuna. Es lo que hicieron los norteamericanos tras los ataques de 2001 a las Torres Gemelas y al Pentágono. Fue la primera vez que se invocaba el artículo 5 y ha sido la única hasta la fecha. En vez de ello, Francia ha preferido invocar la cláusula de asistencia mutua del artículo 42-7 del Tratado de la Unión Europea que es más fuerte porque establece que en caso de «agresión armada» los demás socios de la Unión Europea deben darle ayuda «con todos los medios a su alcance». El tipo de ayuda es algo que se decide luego de forma bilateral en conversaciones directas con cada país, aunque la Alta Representante de la UE, Federica Mogherini, se ha brindado a coordinar este esfuerzo.

Esto plantea qué puede o debe hacer España, teniendo en cuenta la delicada coyuntura electoral en la que nos hayamos, y lo primero deberá ser esperar a ver qué nos pide Francia y si estamos en condiciones de hacerlo. No se trata necesariamente de enviar al porta-aviones rey Juan Carlos a las costas de Siria ni tampoco de que nuestros F-18 bombardeen posiciones del Estado Islámico, porque se puede ayudar de muchas otras formas y la presencia en Irak de 300 efectivos de nuestro Ejército haciendo labores de entrenamiento del ejército Iraquí es buena prueba de ello, como ha dicho el ministro de Defensa. Como también se puede ayudar compartiendo con Francia información sensible de Inteligencia o sustituyendo a tropas francesas que combaten en el Sahel a islamistas radicales, de forma que éstas puedan ser desplegadas en Francia o enviadas a Siria... Las posibilidades son infinitas. Pero se decida lo que se decida, lo importante es que reciba el respaldo de las principales fuerzas políticas en la Cortes y también de la opinión pública, evitando lo que se hizo en 2003 cuando la guerra de Irak. Entonces se hizo política de partido cuando lo que se necesita es una política de Estado que se pueda mantener sea cual fuere el resultado de las elecciones del 20 de diciembre. Para ello sería también muy conveniente contar con la cobertura de una resolución del Consejo de Seguridad y que la OTAN coordinara este esfuerzo colectivo.

Es importante estar con Francia en este momento. Un refrán dice que «es de bien nacido ser agradecido» y no podemos olvidar la ayuda que nos dio Francia contra ETA y que resultó de gran importancia para la derrota definitiva de la banda terrorista. No podemos ni debemos mirar hacia otro lado.

Porque lo que aquí está en juego no es la vida de un grupo de jóvenes que disfrutaban de un concierto o cenaban con amigos un viernes por la noche en París, con todo lo importante que esas vidas son, lo que nos estamos jugando es nuestro modo de vida y nuestros valores, los que impregnan nuestra sociedad y son odiados por la gente de Daesh: la democracia, la igualdad de género, la laicidad, la libertad de expresión o de religión y otros. Hay que pelear por ellos pues, como decía un ilustre marino español, el vasco Blas de Lezo, que venció al almirante inglés Vernon en Cartagena de Indias contra fuerzas muy superiores, «una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden». Ha llegado la hora de defender nuestra libertad.

*Jorge Dezcállar es exembajador de España en EEUU

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