Tribuna

Refugiados, del naufragio al gran bazar

17.03.2016 | 05:00

Sobre el sueño de una Europa unida, democrática, solidaria y avanzada socialmente€, ha caído el jarro de agua fría de la realidad. En la madrugada del pasado día 8, con la excusa de «combatir la actividad de las mafias», la Cumbre Europea acordaba externalizar la crisis de las personas refugiadas. El Gobierno de Turquía lo gestionará a cambio de 6.000 millones de euros. Ello sin reparar en la vulneración de la legalidad internacional: Carta Universal de Derechos Humanos, Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, Convención de Ginebra del Estatuto del Refugiado. La ONU rechaza este acuerdo que, además ha provocado un profundo malestar en el seno de la propia Unión por las dudas legales y morales generadas.

Ciertamente la crisis de las personas refugiadas es una patata caliente para los políticos pero resulta muy preocupante, para quienes creemos y defendemos los valores de una Europa solidaria, que Bruselas insista, tras el fiasco de resolución del brexit, en dar pasos tan torpes, transmutando el gran sueño europeo en una falacia. Pero no sorprende que ante esta crisis humanitaria se actúe con tanto cinismo. Y es que venimos sufriendo los rigores de unas políticas conservadoras que sólo velan por los intereses de la banca y de las grandes empresas a costa de la ciudadanía. Lobbies y poderes fácticos controlan las instituciones europeas, las políticas nacionales, una mayoría de medios de comunicación€, todo para quebrar décadas de conquistas sociales. El europeísmo hace tiempo cayó bajo el absoluto control de élites internacionales que perpetúan sus privilegios. Así no sorprende este preacuerdo suscrito con Ankara por los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintiocho que, probablemente, se ratificará en la próxima reunión del Consejo de Europa. Así toda persona extranjera que llegue ilegalmente a Grecia será expulsada a Turquía (país que no respeta los derechos humanos, que elimina las minorías kurdas y ataca a los medios de comunicación, entre otras cosas). No obstante, la Unión Europea se compromete (aunque probablemente no cumplirá) a acoger desde Turquía a una cantidad de personas refugiadas similar al de expulsiones. Lo que supone, entre otras cosas, acelerar el proceso de integración turco en la Unión.

A resultas de la crisis económica el euroescepticismo ha ganado mucho terreno. El fracaso estrepitoso en los planes para reasentar el gran flujo de personas refugiadas también ayuda. Del welcome refugees auspiciado por Angela Merkel se ha pasado al cierre de fronteras y, en paralelo, al auge del populismo y la xenofobia. Y finalmente un control del flujo de migrantes y personas refugiadas mediante expulsiones colectivas. El espacio Schengen se ha clausurado. El cierre de la ruta de los Balcanes es un hecho y el paso de personas refugiadas desde Grecia hacia Alemania ha cesado. Unos 42.000 personas están atrapadas en la frontera helena aunque pronto buscarán otras vías de entrada. Pasan frío y hambre y su futuro como deportados será más que incierto, entre otras cosas, porque Turquía es una pseudo-democracia que flojea mucho en derechos humanos: detenciones, malos tratos y abusos son moneda corriente de cambio. Incluso, como denuncia Amnistía Internacional, ya son frecuentes las repatriaciones de personas refugiadas a sus zonas de origen, volviendo una mayoría a un escenario de penurias y guerra.

En España existe cierto recelo a la llegada de inmigrantes por motivos económicos. No generan mayores simpatías las personas refugiadas. Como desvela la pasada encuesta del CIS, este tema importa nada a una gran parte de ciudadanos y ciudadanas. Lo cual, sin duda es preocupante, y exige mucha más concienciación e implicación institucional, aunque al menos la xenofobia, por ahora, no es significativa respecto a otros países europeos. Sin embargo es lamentable la desidia de nuestro Gobierno en la gestión de esta crisis. Sólo se han acogido 18 personas de las 17.680 que fueron comprometidas con la Unión Europea. Rajoy incluso se ha negado a debatir en el Congreso sobre el pacto con Turquía. Pese a esta actitud el Congreso, por mayoría absoluta (PSOE, Podemos y sus confluencias, C´s, Compromís, ERC, PNV, IU-UP), han instado al presidente en funciones a que no respalde en el próximo Consejo Europeo la ratificación del acuerdo con el Gobierno de Erdogan. Además, la mayoría de las organizaciones políticas y sociales, entre las que se encuentran diversas ONG y sindicatos como CCOO y UGT, vienen denunciando esta pasividad del Gobierno del PP hacia las personas refugiadas. Asimismo nos hemos movilizado y hecho público nuestro rechazo al pacto UE-Turquía que reduce el valor de las personas a meros números. A este respecto, CCOO y UGT, junto a numerosas organizaciones sociales y diversos partidos políticos, hicimos concentraciones en todas las ciudades el pasado miércoles, día 16, porque son posibles otras soluciones y Europa tiene potencial para actuar en origen, aunque, le falta voluntad. Además, CCOO anima a la Confederación Europea de Sindicatos (CES) para que lidere una movilización sindical europea. Porque es posible alcanzar otro tipo de acuerdo con Turquía (que ya acoge a 2 millones de inmigrantes) para poder solucionar esta crisis. Pero antes Europa debería cumplir su compromiso de acogimiento y reubicación en su propio territorio de las personas refugiadas.

Condenando a millones de personas a una vida de miseria y/o a la muerte, Europa da un gran paso hacia la ruina de sus principios y refuerza el temor a su propia decadencia. Con todo, Europa sigue siendo la tierra de la esperanza. Depende mucho de nuestra firme actitud contra esta injusta resolución a la crisis de las personas refugiadas. No en vano el sueño europeo es la principal ilusión que mantiene nuestra civilización, tan necesitada de mejorar sus perspectivas de futuro como de construir otro mundo que no puede seguir basándose en el crecimiento económico en perjuicio de la calidad de vida de las personas ni de arruinar el medioambiente, como tampoco siendo cómplice de la miseria humana y del siniestro juego de la guerra, ni de intereses económicos y geoestratégicos que todavía salpican el planeta.

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