El desliz

Más guapas calladas

23.05.2016 | 02:13

De niña había una frase que me molestaba profundamente. «Callada estás más guapa». Aunque no era exactamente una simple irritación lo que se desataba en mi interior cuando un mayor me la soltaba para zanjar una conversación, impedir mi participación en el debate o simplemente contradecirme. Más bien se trataba de una erupción volcánica, una tercera guerra mundial, un torbellino de rabia. Jamás escuché decírsela a un niño. A los niños se les ordenaba simplemente «¡que te calles!» El dilema se planteaba solo a las chicas. Había que elegir entre aportar tu opinión y volverte fea o ser una preciosidad, y lo segundo era evidentemente más deseable que lo primero. ¿Y si querías poseer a la vez voz y la belleza? Difícil, más bien imposible. Al crecer me di cuenta de que la expresión evolucionaba hacia el elogio a la chica «discreta», aquella que acompaña a su hombre sin sobresalir, en silencio y sin ocupar demasiado espacio, como un fantasma. Nadie en su sano juicio le diría hoy en día a una mujer que callada está más guapa, pero se le pide que no exprese cosa alguna que se salga de lo convencional. Esto le cuadra a Cristina Pedroche, una presentadora de concursos de televisión a la que se invita a pronunciarse sobre lo divino y lo humano, y cuando lo hace sube el pan porque sus ideas no coinciden con las de la inmensa mayoría. Y curiosamente también sirve para las nuevas dianas de los dardos de la caverna, las mujeres de la Candidatura d´Unitat Popular (CUP) de Cataluña, que hablan de cosas de género y son crucificadas sin piedad. Tan distintas entre nosotras y tan sometidas al mismo escrutinio.

Primero levantaron gran polvareda las concejalas de la CUP en el Ayuntamiento de Manresa porque plantearon hace unas semanas una moción dirigida a promover el uso de copas menstruales, compresas de tela y esponjas marinas como alternativas a productos higiénicos desechables, compresas y tampones. Proponían que desde el servicio municipal de atención a las mujeres se les dé información al respecto y se hagan cursos en los institutos para que luego las niñas sean capaces de decidir qué prefieren emplear, pues ellas sostienen que las fórmulas alternativas son más respetuosas con los cuerpos femeninos y con el medio ambiente. Parece que no puede haber nada malo en proporcionar conocimiento a las jóvenes sobre algo que va a estar tan presente en sus vidas como la regla, pero les han llovido las críticas y las chanzas, porque claro, cualquier tema que afecte solo a las mujeres tiende a minusvalorarse y ridiculizarse. Se estará o no de acuerdo en la vuelta al naturalismo, o en el uso de métodos diferentes en el cuidado íntimo, pero se trata de un debate que merece la pena para la mitad de la población. No todo van a ser disquisiciones sobre la alta velocidad de los trenes, la reforma constitucional o el gobierno de Venezuela.

Después ha sido la diputada de la CUP Anna Gabriel quien se ha llevado una tunda por expresar en el marco de una entrevista con Catalunya Radio que el modelo de familia nuclear le parece muy pobre y que preferiría formar parte de un grupo que decidiese tener hijos en colectivo. Educadora social y profesora de derecho, su apuesta personal por la cocrianza tiene la virtud de abrir un tema interesante sobre los distintos tipos de familia que pueden caber en una sociedad. Aunque no comparto la opinión que tiene, me parece injustificable el vapuleo y la burla a que ha sido sometida por el mero hecho de hablar. De cosas relevantes, esas cosas que hace años las mujeres se guardaban para sí para estar más guapas calladas.

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