Tierra de nadie

Problemas educativos

13.06.2016 | 00:22

En la mesa de al lado, a la hora de la merienda, un adolescente se quejaba a su padre de la situación mundial. El padre lo escuchaba como si él fuera responsable de todo: de las amnistías fiscales, de la brecha salarial con Europa, de la desigualdad creciente, de la indigencia galopante, del falso empleo, de la corrupción legalizada, de los encarcelamientos injustos, del acné, del vitíligo, de la campaña electoral€
Cuando el hijo tomó un respiro para dar cuenta del refresco, el padre pronunció esta frase: «Partiendo de la base de que hay gente a la que no le gusta el jamón, cualquier cosa es posible, hijo, incluso que a mayor crecimiento económico haya más pobres y a mayor prosperidad más déficit». Al hijo debía de gustarle el jamón, y mucho, por la cara de extrañeza que puso frente a la aseveración del adulto. El caso es que dejó de protestar y cayó en un ensimismamiento que el padre aprovechó para encender un cigarrillo (nos encontrábamos en una terraza). Pensé que hay padres que saben responder y padres que no. Me encuentro entre los que no. Las respuestas me llegan con retraso, cuando ya han perdido toda su eficacia. Digo que «me llegan» como si vinieran del algún sitio y quizá sea así, pero ignoramos de dónde. Una mañana estaba paseando por el parque, dejando volar mi imaginación, cuando de súbito se me ocurrió lo que debía haber respondido a mi hijo mayor cuando, hace veinte o treinta años, me preguntó por los secretos de la vida. Tuve la tentación de llamarle, para decirle que ya tenía la respuesta, pero a esa hora estaría llevando a su hija al colegio y no podrá coger el móvil.

Cuando salió del ensimismamiento, el joven de la mesa de al lado reprochó al padre que fumara.

–Me das mal ejemplo –añadió.

El padre expulsó el humo y respondió que fumaba porque la daba la gana, a lo que el adolescente volvió a sumirse en el silencio. Yo jamás me habría atrevido a responder de ese modo, ni siquiera me habría atrevido a encender un cigarrillo delante de mis hijos, y no era cuestión de encenderlos ahora, retrospectivamente. Regresé a casa confundido, pensando en lo difícil que resulta educar.

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