¿Qué le gusta de La niña?

Que es otra parte de mí que no tiene nada ver con Aquelarre y lo que he hecho antes. Es la pura esencia de lo que he ido mamando en cuanto a música y a cultura pop. ¡MTV! Es Missy Elliot, Spears, Christina y es yo. En lo que me he convertido.

Hay reguetón, guitarra eléctrica... ¿Quería que fuera variado?

Es una mezcla de la música que he escuchado, con el sonido de Lola Índigo, que es la melodía que le hemos metido a la gente en la cabeza durante cuatro años [Ríe].

¿La niña de la escuela es la historia de la revancha de una pequeña a la que llamaban gorda?

La revancha de los nerds [Ríe]... Todos hemos sido en algún momento de la vida un poco inadaptados. Cuando te dedicas al mundo de arte, es que no estás muy bien de la cabeza. Al menos, no te adaptas muy bien a lo establecido.

Culo habla de empoderamiento. ¿Qué quiere contar?

Que he tenido que currar para tener lo que tengo. Es una manera divertida de explicar: si quieres esto, cúrratelo. Tú ahora quieres estar conmigo porque tengo este culo. Que no es el culo en sí, es mi éxito. Y si lo quieres, debes trabajar. No ser una garrapata.

Cultiva el reguetón feminista.

Yo no hago canciones feministas: soy una feminista que hace canciones. Igual que hay una canción que se llama Killa, que se la dedico a una mujer, porque tenía sentimientos. No lo planeo.

Su favorita, Spice Girls, habla de la soledad del artista. ¿La siente?

Sí y no. Porque justo cuando me ha contactado por Zoom acababa de hablar con mis amigos del pueblo, que están muy presentes en mi vida. Tengo la raíz en la tierra muy apretá. Y todo esto que me pasa son unas nubes maravillosas en las que yo me subo y me bajo, pero no me quedo.

Ha vuelto a los conciertos. ¿Tenía mono?

Muchísimo. Desde la pandemia piso el escenario con más ganas, más rabia y más confianza. Porque he aprendido a valorar la posición que el público me ha dado. Al principio tenía muchas inseguridades y sentía que me habían empujado al escenario sin saber muy bien qué hacer. A raíz del parón empiezo a disfrutarlo. No puedo rayarme, porque he luchado toda mi vida por esto.

No es muy habitual ver danza en el prime time de la tele. ¿Ha disfrutado con The dancer?

Ha sido el regalo de mi vida. Es como un traje a medida. Y siento que va a hacer mucho por los bailarines y la industria de la danza en España. Mi sueño es tener una escuela. Entonces, que este programa provoque que la gente llene las escuelas de baile me llena el alma. Ver cómo crece algo cultural en la tele y poder poner mi granito de arena es maravilloso.

Fue la primera en salir de OT 2017. ¿Le han dicho que se equivocaron? ¿O fue mejor así?

Todos tenemos un proceso y un camino diferente. Yo quería estar ahí porque quería aprender a cantar mejor. Todos mis compañeros habían estado en el conservatorio o habían estudiado un instrumento o canto. Yo bailaba. Era la diferente. Y me tocó estudiar más canto cuando salí . Mi proceso ha sido el que ha sido y ha sido maravilloso. Lo que sucede conviene, que dice Rafa Méndez.

Doblará a Lola Bunny para la secuela de Space Jam. Y en Twitter le han acusado de intrusismo.

Fue decisión de Warner Pictures. Querían tener a una persona pública. Y tenían muchas ganas de que fuera yo. Me llamaron para hacer un casting y me preparé: estudié por internet, me busqué un coach de doblaje...

¿Y saltará a la interpretación?

Estuve haciendo un curso, porque me llamaron para un par de castings y pensé que tenía que estar preparada. En cuanto al intrusismo laboral, a mí nunca se me había pasado por la cabeza. Yo no he caído en el mundo siendo Lola Índigo. Llevo muchos años de bailarina y he hecho muchos castings en los que han cogido a chicas que no tenían mi formación, pero como eran modelos, más altas y delgadas, cuadraban mejor. Y nunca se me ocurrió criticarlo. Y menos, públicamente.

¿La ven una enchufada?

Es una decisión de la empresa. Por eso me chocó. Había mucho comentario tipo: «Es que tienes un posición privilegiada». Ya, pero por la que llevo luchando tiempo. Me han dicho que no en castings, me han despedido habiendo firmado el contrato, me han estafado. De todo. Yo estaba muy ilusionada. Pensé: «Tiene que haber alguien que se alegre por mí». Y, sí, la hay.