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La Opinión de Málaga

Sara Torres Escritora

«El patriarcado nos pide desear pero dentro de sus esquemas»

«Mientras mamá moría yo estaba haciendo el amor». Con esta imagen, entre el asombro y la perturbación, arranca el debut narrativo de Sara Torres (Gijón, 1991). Editado por Reservoir Books, Lo que hay traza la historia de un doble duelo: la muerte de una madre tras un largo cáncer y la ruptura con una breve amante que no puede olvidar

La escritora asturiana Sara Torres. | LA OPINIÓN

Lo que hay narra es la historia de un duelo. Sin embargo, parece que la narradora no tiene dónde reconocerse. ¿Necesitamos nuevas formas de entender la pérdida?

Quería narrar la pérdida desde los afectos y los apegos, y no desde el discurso de regeneración de la perdida. Huir del cómo rehacer tu vida. Es un personaje que no se resuelve ni encuentra ninguna respuesta. Creo que es muy importante encontrar relatos de subjetividad, donde no ocurre ni una resolución ni una victoria, sino que entiende la subjetividad como un proceso abierto, sensible a los accidentes que nos van a transformar.

«Quería ser amada por una clase de lesbiana anterior a la legitimación social de la homosexualidad». En la novela siempre hay ese anhelo por reimaginar un nuevo tipo de relaciones y, al mismo tiempo, una resistencia absoluta.

¡Total! Hay una frustración y una culpa por haber pedido del mundo algo distinto: yo quiero vivir esto, pero las personas que están a mi alrededor no quieren. Entonces, ¿hasta qué punto puedo seguir yo con mi utopía?

¿El patriarcado nos ha estropeado el deseo?

¡Claramente! Nos lo ha fastidiado, pero nos ha hecho deseantes y ésta es la paradoja más oscura del patriarcado. Es un sistema de poder que determina el deseo, a veces te lo elimina y a veces te lo reduce, pero también lo produce dentro de su esquema. Lo que tenemos que hacer ahora es jugar distinto, utilizándolo como punto de partida, pero cuando lo intentamos, se pasa mal. No quise hacer un reflejo de que desear y vivir distinto es cuestión de querer. Eso es mentira, por mucho que exista la voluntad o el amor para hacerlo, tienes que estar negociando con la afectividad y los deseos de las personas con las que convives y ahí ocurren entroncamientos por todas las vías.

Dado que el libro sólo plantea preguntas, ¿cómo entiende el deseo?

El deseo podría ser un acto reflexivo. Cuando aparece en su estado pre-forma, antes de ser normativizado, es una potencia que puede tomar cualquier dirección. Tiene posibilidades de relación y enganche infinitas, lo que ocurre es que se educa. Para generar sociedades con un comportamiento concreto, lo primero que hacemos es educar el deseo a través de ideologías. Cuando se habla de políEl lenguaje nos sirve como método para reflexionar contra los poderes que ocurren sobre nosotras, pero es en las prácticas corporales, individuales y colectivas, es donde una se reapropia de su cuerpo. En el hacer y en los afectos. Generalmente no se habla del deseo, parece que es un territorio del cual no se puede teorizar y es todo lo contrario. El capitalismo cognitivo en el que vivimos es un sistema de producción de deseo, se beneficia del deseo de todas. Es importante reconocer cómo funciona y luego, en lo micropolítico, intentar tener vidas atentas a las cosas fuera de la norma. Cuando un cuerpo está atento a la oportunidad ya está facilitando la posibilidad de transformación de su propio deseo.

La novela también pone en cuestión el rol de los cuidados. Incluso habla del ensayo de Anne Boyer sobre esa estructura social de la enfermedad.

Me encantó el libro de Anne Boyer. Lo leí cuando estaba terminando la novela y me pareció increíble cómo había conseguido articular con tanta claridad todas esas ideas complejas que surgen cuando atraviesa la enfermedad. Veía que aparecía la figura de la madre sin pareja que está atravesando un cáncer y me preguntaba todo el rato: ¿la hija qué estará haciendo? Hay una serie de ideas preconcebidas de lo que las mujeres tenemos que hacer, que son todos los cuidados, pero al mismo tiempo hay un deseo por parte de nuestras madres de protegernos de ellos. Y, a su vez, parece que si no los das o no estás, aunque no te los reclamen, enturbian el vínculo. Es como un callejón sin salida y quería capturar esa paradoja.

La poesía que se rebela contra lo normativo, en el Museo Thyssen

Sara Torres comisaria la nueva edición del ciclo de poesía en acción del Museo Carmen Thyssen Málaga, que se rebela contra lo normativo en su tercera edición para explorar las «otras costumbres» del 22 al 24 de junio. Los creadores María Sánchez, Juan José Ceba, Alejandro Simón Partal, Lola Nieto y Pink Chadora invitarán a través de lecturas y performances a compartir el acto poético desde diferentes perspectivas y a reconsiderar la propia idea de costumbre, tan presente en buena parte de la colección de la pinacoteca. Con entrada gratuita hasta completar aforo, las sesiones se desarrollarán a partir de las 20.30 horas en el patio del museo. «En esta edición queremos explorar la relación entre costumbre y norma, revelando la capacidad creativa que tiene el lenguaje poético para registrar y transmitir la infinidad de otras costumbres que enriquecen el tejido social y cultural desafiando lo normativo y lo ideológico», explica Torres, que invita a los asistentes a «descubrir otros hábitos bellos, distintos, alucinantes, que enriquecen nuestras vidas y escriben la historia de forma distinta». Así, la propia Torres será la encargada de abrir el ciclo el martes 21 de junio, acompañada por la cordobesa María Sánchez, autora de Tierra de mujeres, en una sesión que girará en torno a las costumbres encontradas y perdidas en el entorno rural.


El cuerpo está en el centro de la novela. Suele decirse que es un tema intrínseco a la escritura femenina, pero aquí denuncia la falta de lenguaje para abordarlo. Escribe que todas las palabras están manchadas por el uso que le dieron antes los hombres.

Es que una cosa sería el cuerpo cultural, es decir, que la mujer es un sujeto que no puede devenir sujeto si no es través del cuestionamiento de su propia imagen corporal, como si pasase por la obligatoriedad de ser reconocida por el deseo de un otro. Lo que yo intento reivindicar es un cuerpo no cultural. Siempre lo va a ser, no hay milagros aquí, pero me refiero a ese otro cuerpo desde el cuál se puede empezar a reconquistar la propia vida.

¿Esa reconquista empieza en el lenguaje?

El lenguaje nos sirve como método para reflexionar contra los poderes que ocurren sobre nosotras, pero es en las prácticas corporales, individuales y colectivas, es donde una se reapropia de su cuerpo. En el hacer y en los afectos.

¿Y cómo ha sido poner el cuerpo o, al menos, cederle el nombre a la narradora?

Fue una propuesta por parte de la editorial y, de algún modo, para mí fue un reto. También es verdad que cuando alguien escribe poesía está siempre escribiendo bajo su nombre, a pesar de que tenga ficción o no. Estoy acostumbrada a que el yo sea un lugar de ficciones y realidades.

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