El 28 de mayo del 2021, la cara de Javier Castillo y la portada de uno de sus libros, El juego del alma, ocupaban los icónicos pantallones publicitarios de Times Square, en Nueva York. Que sí, que son un emblema con tarifa de inserción pero el hecho de poder contar con algo así en tu estrategia de marketing da buena prueba del nivel de éxito al que prevés llegar. Pero es que el mijeño es el recordman de la literatura española: en seis años, del 2014 al 2020, logró despachar un total de un millón de ejemplares de sus cuatro novelas publicadas hasta entonces. Y parece que no va a dejar de batir marcas: el éxito de la primera adaptación audiovisual de una de sus historias, 'La chica de nieve', va a multiplicar sus cifras hacia una insospechada cantidad de ceros a la derecha. Con el tremendo emporio Netflix detrás, implantado en todo el mundo y con decenas de millones de clientes, imaginen la cantidad de potenciales lectores de los libros del joven exasesor financiero. Pero es que aún hay más, mucho más: astutamente su editorial, Suma de Letras, ha programado para pasado mañana el lanzamiento de 'El cuco de cristal', su nueva intriga en papel y digital que lleva días en preventa en diversas plataformas. O sea, recapitulemos: el malagueño es, ahora mismo, el autor de la serie más vista en España y segunda en el mundo (top 10 en 60 países) y también el firmante del libro más vendido ahora mismo en Amazon en nuestro país. Castillomanía, desde luego.

«Ahora la serie va a ser una ventana perfecta para los libros. ¡Ojalá la gente encuentre en la novela la serie y los que hayan leído el libro lo encuentren en la serie!», ha dicho el escritor en una de sus múltiples entrevistas durante el tour promocional de la serie 'La chica de nieve'. ¿Y qué hay en los libros, y en la serie, de este treintañero para que se relaman los lectores, jóvenes y mayores, los programadores de gigantes del streaming y casi cualquier hijo de vecino? «Ha habido algunos críticos que han intentado desmenuzar mis historias para descubrir qué gustan tanto de ellas, analizando elementos individuales: la sorpresa inicial, el continuo baile de giros de trama, el tratamiento de temas universales desde una perspectiva muy inquietante. ¿La verdad? Nada de eso funcionaría por sí solo sin pasión, que no está en palabras, pero se siente entrelíneas», ha desvelado Javier en alguna ocasión.

Detrás del boom Javier Castillo hay algo que gusta, casi imprescindible en la era contemporánea: tiene un relato, una historia. En 2014, el malagueño buscaba una manera de apurar los lentos minutos del Cercanías en que viajaba de lunes a viernes desde Fuengirola hasta la capital de la Costa del Sol, donde trabajaba como asesor financiero. Así comenzó a llenar las páginas de una novela que titularía 'El día que se perdió la cordura'. Decidió ofrecer su libro de la forma tradicional: enviándolo a varias editoriales para que le dieran su opinión sobre el manuscrito y después, con un poco de suerte, verlo publicado. Las editoriales reciben entre 300 y 400 libros diariamente, por lo que suele ser difícil para un autor primerizo encontrar un sitio entre las mesas de novedades. «En cuanto vi que las editoriales podían tardar más de un año en contestarme, no me puede esperar. Me agobié y decidí buscar otros caminos», afirma Castillo. Cuántas de esas editoriales que recibieron el manuscrito de El día que se perdió la cordura. Así que el joven optó por la autopublicación, vendiendo El día que se perdió la cordura a través de Amazon. Poco a poco, el boca-oreja hizo el resto.

Lectura

Recuerda Javier Castillo que la lectura siempre fue el lugar al que acudía cuando no le gustaba lo que veía a su alrededor: «Como decía Austen, todas las familias infelices lo son a su manera. Yo vivía en un entorno muy feliz, con una familia que me quería y con muy buenos referentes, pero siempre hay situaciones y momentos que te hacen pasar por malas épocas, aunque creas tener todos los ingredientes para ser feliz». Y entre todas aquellas lecturas, una destacó especialmente: la de Diez negritos, de Agatha Christie. «Tras acabarlo, me dije: ¿cómo ha podido estar engañándome una y otra vez durante toda la novela? Yo quiero hacer lo mismo. Escribí un relato inspirado en Agatha Christie llamado Cuatro negritos, que era malísimo, porque desde el primer párrafo ya casi se sabía quién era el culpable. Pero a partir de ahí, surgieron mis ganas por engañar y divertirme con la escritura».  

La de Javier Castillo es una literatura abiertamente comercial, que busca enganchar al espectador con intrigas repletas de giros y romance apasionado, nunca dejando de lado las emociones de sus personajes (quienes hayan visto La chica de nieve sin tener conocimiento previo del territorio Castillo se habrán encontrado con un thriller más pegado a los sentimientos que a las escenas de persecuciones y de golpes). Y siempre, siempre escrita pensando en sus lectores. De hecho, otro de sus lugares favoritos para escribir sus libros era la Biblioteca Pública de Fuengirola, por una razón concreta: «Me parece el mejor lugar para hacerlo, porque te sientes parte de algo: hay gente estudiando, preparando oposiciones, todos con su rutina, y la escritura es muy solitaria. El protocolo de ir a un lugar, sentarme en tu sitio y ver que los compañeros son los de cada día, me ayudaba a entrar en el modo trabajo. Cuando nos mudamos a una casa nueva y empecé a trabajar en mi despacho, la verdad es lo que echaba mucho de menos», ha recordado el autor.

El fenómeno Castillo tiene más patas interesantes. Por un lado, reivindica el poder de los lectores, como los principales agentes, más allá de los gatekeepers culturales y los responsables editoriales, del éxito: «La literatura española es ahora mismo más democrática que la propia democracia española. Cualquiera puede escribir y luego publicar o autopublicar (en plataformas como Amazon, en wattpad o incluso en blogs o redes sociales). Si a mucha gente le gusta una historia la recomendará y regalará y, al final, ese libro subirá en las listas de más vendidos hasta el primer puesto de ventas el tiempo justo hasta que deje de gustar. Las ventas de un libro en Cataluña importan lo mismo que las ventas de alguien de Cuenca. ¿Podríamos decir lo mismo de nuestra democracia?», sentencia el autor.

Y luego están las redes sociales, que acercan a los autores a sus lectores, mostrando aristas cotidianas de su vida al margen de su esfera creativa. Acostumbrados a que los escritores estén rodeados de un cierto aura de misterio, de autoimportancia, Javier Castillo se define como «un padre de familia normal», comparte su día a día, su vida doméstica con sus hijos y su mujer a través de sus cuentas en Instagram, Twitter y más plataformas. Siempre estupendamente peinado y vestido (ojo, su mujeres es la muy popular influencer Verónica Díaz, @modajustcoco en Instagram), pero sin alardes ni florituras. Pero es que así es él: «Yo prefiero ser transparente y natural. No puedo fingir ser alguien enigmático o con aura de misterio, cuando en mis firmas puedes venir y comprobar que soy todo lo contrario. Prefiero la naturalidad».

En este sentido, el fenómeno alrededor de Javier Castillo tiene mucho que ver con el de otra estrella más o menos reciente del firmamento cultural, en este caso musical: Pablo Alborán. Concomitancias, desde luego, las hay: ambos son malagueños, se aprovecharon en sus comienzos de internet y sus bondades (Alborán subiendo sus vídeos del sofá a YouToube; Castillo, autopublicándose y vendiendo a través de Amazon), gestionan primorosamente sus redes sociales y están respaldados por una legión de admiradores y fans, muchas de ellas mujeres. Por no hablar de que se benefician de una imagen pública impoluta: los que busquen escándalos, tatuajes, rock and roll y extravagancias, que miren para otro lado.

Pronto en las cuentas de Javier Castillo en las redes sociales habrá un nuevo protagonista: Pablo. En marzo nacerá el tercer hijo de Javier y Verónica. Su llegada al mundo paralizará unas semanas la gira de firmas y presentaciones de El cuco de cristal. Habrá que decir le hasta luego al creador de intrigas y hola al padre de, ya, familia numerosa.