17 de agosto de 2019
17.08.2019
Cuarta de abono

Inspirada tarde de Manzanares y Puerta Grande para Cayetano

Buena corrida de Núñez del Cuvillo que propició el triunfo en una cita que levantó la Feria Taurina

17.08.2019 | 23:08
Inspirada tarde de Manzanares y Puerta Grande para Cayetano
Cayetano, en La Malagueta.

Cuarta de abono

  • Tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Se lidiaron cuatro toros de Núñez del Cuvillo y dos sobreros de El Pilar (1º) y Fermín Bohórquez (4º). Buenos los del hierro titular, siendo el segundo premiado con la vuelta al ruedo. Los sobreros no sirvieron. Antonio Ferrera: media estocada y descabello (ovación) y dos pinchazos y estocada desprendida (silencio). José María Manzanares: tres pinchazos y estocada (vuelta al ruedo tras aviso) y estocada (oreja). Cayetano: estocada tendida (oreja) y estocada (dos orejas). Saludaron Montoliú y Fernando Sánchez tras banderillear al primero.

Antonio Ferrera, que tuvo que lidiar dos sobreros, no tuvo ninguna opción de lucimiento en toda la tarde.

Uno de los platos fuertes de la Feria Taurina de Málaga 2019 llegaba con la corrida de Núñez del Cuvillo, que tras el desierto del día anterior volvía a poblar los tendidos de la plaza de toros de La Malagueta en la primera cita del Desafío Taurino, una circunstancia anecdótica en cuanto que no se llevaron al caballo los animales con especial cuidado. El tercio de varas, como lamentablemente es habitual, volvió a ser mero trámite. Como nota positiva, el público que acudió a la plaza se divirtió, y a buen seguro regresarán después de ver una inspirada actuación de José María Manzanares y la salida a hombros de Cayetano, entre el entusiasmo general,

Desde este festejo, la feria crece en interés, ya que era el primer compromiso de Manzanares, el único diestro que hará el paseíllo dos tardes en este abono. A priori, siendo sinceros, no parecía especialmente justificada esa doble contratación del diestros alicantino. Sin embargo, a las primeras de cambio, nos recordó el soberbio torero que es, y despertó las esperanzas en reverdecer laureles de épocas que parecían pasadas.

En el primero de los cuatro toros que debe lidiar en esta feria, 'Gineto' de nombre, ofreció una espléndida dimensión que únicamente se vio privada de premio por el mal uso de los aceros. Se estiró con él a la verónica, rematando con la media. Luego, con la muleta, tuvo la sabiduría de darle al animal lo que precisaba. No lo quebrantó de comienzos, sabedor de que tenía calidad en sus acometidas. Poco a poco, fue ganado en temple y ajuste, y la plaza comenzó a rugir. La Malagueta se emociona con el buen toreo, y Manzanares lo hizo en tandas, sobre todo por el pitón derecho, en las que abundó la elegancia, la profundidad y la prestancia. Con aroma a manzana, toro y torero fueron siempre a más; incluso deleitándonos con algún natural con despaciosidad y pases de pecho eternos. Muy a favor del toro pasándoselo por los adentros, fue mérito del lidiador que la gloria final llegara para el astado, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Antes, el diestro intentó entrar a matar en dos ocasiones recibiendo, y su apuesta le terminó por salir cara; pese a lo que también fue invitado a pasear el anillo.

El silencio se hizo cuando Manzanares arrancaba la faena del quinto. A tenor de los primeros tercios no parecía que hubiera demasiadas opciones, pero todos confiábamos en él. Inspirado y despejado de mente, nuevamente optó por la táctica adecuada. Lo fue enseñando a embestir hasta que los pitones siguieron la muleta como si estuviera hipnotizado. Surgieron nuevamente rotundas tandas en redondo, siendo las de naturales de uno en uno pero con enjundia. Administró los tiempos para propiciar que llegara al final de una faena de calidad y que sitúa en grado máximo el interés de cara a su segundo paseíllo de este lunes. Esta vez la espada se hundió en el morrillo y los pañuelos salieron a flamear para lograr una oreja que pudieron haber sido dos de haber atendido el palco la petición de un segundo apéndice.

En un tono muy menor en lo artístico, Cayetano paseaba una oreja del segundo de su lote, al que recibió con ordoñísimos lances con una rodilla en tierra antes de proseguir con una media verónica con las dos asentadas en el albero y un farol como conclusión. Posteriormente mostró su voluntad de estar variado en un quite por tafalleras y tras brindar al público se fue al estribo para comenzar una faena sin alma. Eléctrico y periférico, siempre sin salir más allá del tercio, tiró de raza para intentar salvar con estos recursos una papeleta que no había podido solventar con el toreo fundamental ante un Cuvillo que, si bien no tuvo la calidad del anterior, sí que resultó manejable. Como tantas veces ocurre, la contundencia con el estoque, más por rápido que por certero, fue generosamente premiada con el mencionado trofeo.

Brindó Cayetano el último de la tarde a Fortes, que compartía el festejo con los jóvenes de la Asociación Minotauro en una grada. El respeto y la admiración que le tienen sus compañeros al diestro malagueño está quedando patente repetidamente en esta feria. También sirvió este toro, al que sí que se llevó a los medios para desarrollar otra faena sin excesivo ajuste pero que tuvo el beneplácito del público que le jaleó una actuación larga y variada en la que sobresalieron los pases de pecho. Enrazado, prolongaba con una tanda de molinetes de rodillas antes de un desplante y proseguía con estatuarios mientras unos cuantos pedían el indulto. La mayoría hizo entrar en razón y finalmente entraba a matar con contundencia para conseguir un sonoro triunfo de dos orejas que le servían para abrir por primera vez en esta feria la Puerta Grande Manolo Segura.

No lidió ninguno de los toros de Cuvillo Antonio Ferrera, siendo el primero de su lote devuelto por inválido y el segundo por partirse una pata tras entrar al caballo. El primero de los sobreros fue de El Pilar, un animal sin empuje que frustró sus ilusiones tras un recibo capotero con sabor por delantales, al igual que la media de remate. También hubo gusto en el arranque muleteril, muy desmayado a la vez que erguido. Paulatinamente fue tirando del animal, alargando los pases y contando con la colaboración de un burel que repetía aunque sin empuje. Cuando tomó el engaño con la izquierda todo se fue desmoronando hasta diluirse en la nada.

Pasado el ecuador del festejo, salía de los chiqueros uno de Fermín Bohórquez que no fue mejor. Más bien todo lo contrario. Un toro sin clase ninguna, agarrado al piso como dicen los mexicanos, y que encima tendía a defenderse. Un regalito que pedía que se doblara con él y se fuera a por la espada, tal y como hizo el extremeño en el fin de una desangelada actuación.

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