10 de septiembre de 2018
10.09.2018

Agricultores aplauden los avances de la UMA para completar el genoma del trigo

Los sindicatos agrarios reconocen que las iniciativas en este terreno ayudarán a mejorar la productividad y a afrontar retos como la intolerancia al gluten o el cambio climático

10.09.2018 | 05:00
Una de las múltiples explotaciones de trigo que existen en los municipios más septentrionales de la provincia malagueña.

Málaga mantiene unas 35.000 hectáreas dedicadas al cultivo del trigo

La provincia malagueña podría duplicar este año la producción de trigo, debido a las excepcionales condiciones meteorológicas de la pasada primavera. Las intensas precipitaciones de las últimas semanas del invierno dieron paso a una primavera única, en cuanto al crecimiento de este cereal en los municipios más septentrionales. No obstante, los agricultores miran con optimismo los avances anunciados recientemente por la Universidad de Málaga, al objeto de poder completar el complicadísimo mapa genético del trigo.

Consideran que identificara la secuencia al completo permitirá afrontar retos futuros de gran importancia, como la mejora acerca de la intolerancia al gluten o el propio cambio climático. Málaga dedica actualmente unas 35.000 hectáreas de superficie al cultivo del trigo. Este año podría alcanzarse una producción de unas 140 toneladas, frente a las 70 que habitualmente pueden llegar a generarse. En algunos casos, como remarca el presidente de Asaja en Málaga, Baldomero Bellido, se ha llegado a los 6.000 kilos producidos por hectárea. Todo un récord durante el presente siglo.

Ya alertó también durante la pasada primavera el secretario provincial de COAG Málaga, Antonio Rodríguez, que pese a la falta de pasto empaquetado para la ganadería, esas precipitaciones invernales cambiarían el curso de las cosas para esta campaña. Pero si además de recuperar los recursos hídricos, «disponemos de la secuencia completa del trigo, es algo así como tener el libro abierto con todos los detalles del cereal».

Bellido recuerda que hace años ya se conocía en tierras británicas el 95% del genoma del trigo. Sin embargo, la secuencia completa es aún un reto «porque este cereal tiene más de 100.000 genes y cada uno implica una variable. Desde la resistencia a determinadas enfermedades, a los hongos, como la forma de afrontar condiciones determinadas de la meteorología en cada zona del planeta», sostiene.

Otra cuestión que llama a la reflexión en la provincia es la misma que abre foros internacionales sobre el futuro del planeta. «Uno de los retos que tenemos es que el crecimiento demográfico va muy por encima de lo que pueda aumentar la superficie dedicada a determinados cereales durante el presente siglo», agrega el propio Bellido.

El trabajo genético sobre el cereal parte por lo tanto de la necesidad de aumentar progresiva y exponencialmente la productividad de las explotaciones sin que se requieran más metros cuadrados dedicados a una determinada variedad. Y no se trata de construir hacia arriba, como los jardines verticales que adornan determinadas zonas urbanas, «sino de que la planta proporcione más kilogramos». No obstante, los portavoces agrarios recuerdan que estos análisis tienen una aplicación a medio y largo plazo en los campos donde ya se producen toneladas y toneladas de cereal. «Que nadie espere un supertrigo para dentro de un año, insiste Bellido.

La Universidad de Málaga, acerca de estos estudios, confía en que completar el ADN del trigo permitirá «seleccionar genes que produzcan mejores plantas, lo que se traducirá en la obtención de nuevas variedades más resistentes a enfermedades y ante el cambio climático, avanzará también el objetivo de aumentar la producción sin incrementar la superficie de cultivo». Pero los mismos expertos en investigación agraria indican que se trata de un trabajo complejo.
Los más de 107.000 genes que son responsables del desarrollo, la maduración y las características nutricionales del tejido que compone el grano de este cereal han requerido del esfuerzo conjunto en los últimos años de unos 200 científicos de 20 países, entre los que se encuentran profesionales de la universidad malagueña pero también del CSIC.

Los primeros análisis concluyentes, publicados en la revista científica Science, han requerido además de 13 años de trabajo y es «solamente el principio de todo».

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