14 de julio de 2019
14.07.2019
Arqueología

La Málaga musulmana florece en las obras del metro

La huella indeleble del pasado ha marcado especialmente, durante los últimos meses, el día a día de los trabajos que se llevan a cabo en la avenida de Andalucía, junto a El Corte Inglés, para el tramo Renfe-Guadalmedina del metro, tras la aparición de restos de un arrabal árabe que datan del siglo XI

14.07.2019 | 05:00
Vista de los restos arqueológicos encontrados en las obras del metro en la avenida de Andalucía.

Fomento: «No crearemos falsas expectativas»

  • Desde Fomento, la consejería de la Junta de Andalucía que ejecuta las obras del metro de Málaga, no se pronunciaron sobre las posibles incidencias de los hallazgos arqueológicos en el desarrollo de los trabajos y, además, sobre el ritmo con el que se llevarán a cabo tras esta novedad prefirieron «no especular con plazos ni generar falsas expectativas, como hacía el anterior Gobierno». Y, en cuanto a la intervención arqueológica que se vaya a efectuar con los vestigios encontrados, reiteraron que «una vez se hayan inventariado estos restos, vendrá determinada por la resolución que emita la delegación territorial de Cultura y Patrimonio». «Los restos hallados en la Avenida de Andalucía y Armengual de la Mota se corresponden con manzanas de casas y viales de una parte del barrio que se desarrolló en esa zona durante la taifa de Málaga, entre los siglos XI y XIV», recordaron las mismas fuentes de la Consejería de Fomento. PATRICIA SORIANO

Desde la tierra que sepulta el paso de los siglos, emerge de vez en cuando la certeza de que el subsuelo cobija incontestables tratados de historia. Esa huella indeleble del pasado que le da sentido a la arqueología ha marcado especialmente, durante los últimos meses, el día a día de las obras del metro de Málaga que se llevan a cabo en la Avenida de Andalucía de la capital malagueña, en las inmediaciones de El Corte Inglés. La misma superficie de tierra que, en los albores de la pasada primavera, se erigió en una enorme zanja en la que empezaban a trabajar los arqueólogos, muestra ahora importantes hallazgos que se corresponden, tal y como preveían los expertos, con restos pertenecientes a un arrabal musulmán.

Este viaje a la milenaria Al-Ándalus se percibe ahora en el enclave en el que confluye la estela de las casas y las calles de aquella época. Y, al mismo tiempo, es el punto de partida cronológico del cúmulo de vestigios que suele hallarse en el transcurso de unas labores de excavación de esas características. Prácticamente, la datación de los innumerables restos encontrados ofrece un relato de casi un milenio de vida, desde el siglo XI hasta la actualidad.

En pleno verano, el resultado de las excavaciones es ya tan evidente que salta a la vista de los viandantes y de los usuarios de los autobuses urbanos o, incluso, congrega a ciertos curiosos que ya lo saben y al transitar por la concurrida zona se acercan con inquietud, como si la ciudad que tiene su corazón en obras ya hubiese encontrado el tesoro que buscaba. Hay, incluso, quien poseído por la vigente fiebre de la imagen, relativiza la presencia de las vallas que acotan la zona y captan una fotografía del descubrimiento para lanzarla al océano de Internet. Sobre estas aguas virtuales, la arqueología flota, como todo en los tiempos que corren, convertida en carne de redes sociales. Es, ni más ni menos, la notable repercusión que empieza a generar la Málaga musulmana que ha florecido en las futuras instalaciones que ampliarán el escueto recorrido que aún ofrece el metro malagueño.

El impacto del hallazgo sobre los trabajos de ejecución del tramo del suburbano Renfe-Guadalmedina, que desarrolla la Consejería de Fomento de la Junta de Andalucía, ha ido 'in crescendo' a medida que avanzaban las averiguaciones de los arqueólogos y el resultado de las excavaciones se hacía cada vez más visible.

Su notoriedad ha crecido hasta el punto que la valoración inicial de los representantes políticos, que hace un par de meses le quitaban hierro al asunto y descartaban una consecuencia directa en el desarrollo de las obras, también ha variado hacia términos más prudentes, que dejan cualquier resolución y medida de conservación a expensas del informe que emitirá en las próximas fechas la Consejería de Cultura, a partir de las conclusiones extraídas por los técnicos de la Junta y los arqueólogos desplazados hasta allí.

En este sentido, la delegada provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Carmen Casero, explicó esta misma semana que «los arqueólogos de Metro Málaga están trabajando en coordinación con el equipo técnico de la delegación de Cultura y están llevando a cabo una labor meticulosa de catalogación de todos los restos que han aparecido, de cara a la conversación de aquello que sea necesario».

«Serán ellos los que, cuando acaben este trabajo de investigación, determinen las zonas o los restos que tenemos que poner en valor y adoptarán todas las medidas necesarias para garantizar la conservación del patrimonio de la ciudad; las medidas todavía no están decididas porque el trabajo técnico aún no está finalizado, cuando lo esté en su informe aportarán cuáles son las medidas que ellos consideran que se deben adoptar y así lo haremos», reiteró Carmen Casero.

Sin embargo, tales argumentos no han convencido a los representes políticos en la oposición. De hecho, el PSOE pretende que esta cuestión se aborde con transparencia en el Parlamento Andaluz. Su parlamentario y vocal en la Comisión de Cultura Francisco Conejo reclamó más información al PP y se refirió a la situación en la que se encuentran tales hallazgos arqueológicos en los siguientes términos: «Vamos a registrar una iniciativa en el Parlamento de Andalucía para que el Gobierno nos informe sobre los restos arqueológicos hallados en la Avenida de Andalucía durante las excavaciones del metro de Málaga. Queremos saber qué tiene previsto hacer el Gobierno andaluz con estos restos, conocer su verdadero valor, los planes para su conservación y protección, si existen, así como su posible afección en las obras del suburbano», matizó Conejo.

La aparición de este barrio musulmán también ha suscitado reacciones como las del prestigioso arquitecto Salvador Moreno Peralta, quien aseguró que «a juzgar por lo que aparece en las fotos parece que se trata de restos con mucha importancia». «Hemos vivido con la certeza de que Málaga era una medina encerrada en sí misma pero no sabíamos el alcance de este arrabal que, por lo que estamos viendo, es bastante importante», apostilló.

Ahora bien, Moreno Peralta recordó que, en su momento, ya mostró su oposición a la ejecución de un proyecto como el del metro y derrochó cierto escepticismo en relación a la actuación que se vaya a llevar a cabo para responder a la aparición de estos restos arqueológicos. «Si los criterios que se están manejando estuvieran enfocados al respeto del patrimonio, me parecería estupendo; pero creo que todo esto es una metáfora perfecta del desmadre institucional en el que vivimos», sentenció el arquitecto.



Un barrio periférico


La magnitud histórica de estos vestigios se calibra, igualmente, y adquiere un significado de lo más didáctico ante las explicaciones del arabista Virgilio Martínez Enamorado, el hombre que se conoce cualquier recoveco de la Málaga musulmana como si fuese la ciudad que respira a diario. A este especialista en historia medieval, no le ha pillado por sorpresa la aparición de estos restos arqueológicos: «Se sabía que iban a ser localizados, pues por allí se encontraba el arrabal occidental de Málaga. En el siglo XI, y puede que incluso en el X, se desarrolló un barrio periférico que, según el geógrafo ceutí del siglo XII Al-Idrisi, era entonces el arrabal de Al-Tabbanin, que era conocido como el arrabal de los mercaderes de la paja».

Al oírlo, se corrobora que lo que hoy es una arteria bastante céntrica en aquel tiempo se encontraba a las afueras. El centro de ahora era la periferia de la Málaga de entonces. Martínez Enamorado llega, incluso, a reconstruir las grandes señas de identidad de este barrio árabe, «que tenía su propia mezquita y debía estar amurallado, pues al igual que la medina los dos arrabales también poseían sus propias murallas».

«Aquel barrio daba acceso al cinturón de huertas, en el que abundaban aquellas fincas de recreo conocidas como almunias, que rodeaba la ciudad y, además, constituía una importante vía de comunicación ya que, en los que hoy se conoce como la plaza de la Solidaridad junto al Centro Comercial Larios, existía una puerta que conectaba a través del Paseo de los Tilos con el antiguo Camino de Churriana», añadió antes de continuar con su relato.

«Ese arrabal tuvo mucha importancia en los siglos XII y XIII, e incluso en el XIV pero ya empezó a vivir una crisis causada por el episodio de peste negra y, luego, cuando llegaron los castellanos siguió contando con población andalusí entre sus habitantes», expuso Martínez Enamorado.

Al remontarse a aquella época, este profesor de la Universidad de Málaga recuerda que «la cartografía de la Málaga musulmana es perfectamente reconocible, el centro de poder se ubicaba en las colinas de la Alcazaba y de Gibralfaro y, después, estaba la medina que comprendía lo que hoy se conoce como el centro histórico de la ciudad».

Respecto a la aparición de estos restos arqueológicos pertenecientes a uno de los arrabales musulmanes, este doctor en Historia Medieval aboga por que «se intente integrarlos en la ciudad, aunque son los técnicos quienes deben determinar la actuación a llevar a cabo».

«Soy consciente de que hoy en día nos es fácil preservarlos en ciudades que crecen continuamente como un órgano totalmente vivo y que constituiría una inversión importante, pero algo se debería hacer para mantenerlos como ya se intentó, al menos, cuando se produjeron otros hallazgos en el otro arrabal árabe de la ciudad, en la zona de calle Jinetes», concluyó este estudioso que destila con cada reflexión una pasión inquebrantable por las páginas de la historia que ahora han sacado a la luz las obras del metro.

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