Memorias de Málaga

‘Noamoamoá’, ¿quién la sabe?

El vocabulario popular malagueño es una mina de expresiones y palabras. Quienes no vivan en este rincón de España tendrán dificultad para comprender incluso consultando el diccionario

Frases y expresiones muy malagueñas (I)

Si eres malagueño seguro que te sientes identificado con estas frases

14 palabras que solo entiendes si eres malagueño

Turistas bajo la lluvia la pasada primavera.

Turistas bajo la lluvia la pasada primavera. / EFE

Guillermo Jiménez Smerdou

Guillermo Jiménez Smerdou

Si curioso es el vocabulario popular malagueño, que con frecuencia empleo en las Memorias de Málaga con la sana intención de que no se pierda algo de nuestra cultura popular, no menos original es recurrir a apócopes para preguntar, responder, sugerir, avisar, advertir, informar…

En lugar de usar varias palabras o una frase hecha, resumimos en una sola y extraña palabreja que solamente los naturales de la «ciudad del paraíso», según Vicente Aleixandre, entienden sin el menor esfuerzo. Una de esas frases constreñidas en una sola palabra es noamoamoá.

Si el lector de estas Memorias es malagueño de pura cepa, huelga la traducción; si es nacido en Castilla-León, las Vascongadas o Cuenca, ni consultando las publicaciones de la RAE, el Espasa, los diccionarios de Casares y todos los tratados lingüistas hallará la traducción. Noamoamoá es el apócope en malagueño de «nos vamos a mojar», un aviso o alerta de que es aconsejable salir a la calle con paraguas.

Si el tiempo amenaza lluvia (cosa nada frecuente en Málaga), se recomienda agenciarse un paraguas por «si las moscas», que sí está en la RAE.

Como ahora no llueve como antaño, quizá haya que inventar una segunda palabra, ampliación de la susodicha de noamoamoá: nonoamoamoá.

Sí están entronizadas en la ciudad otras extrañas palabras o frases que no necesitan aclaración; algunas, como aliquindoi (estar atento), chipichanga (abastecedor de buques), guarrito (taladradora)… son frases o palabras de origen inglés malagueñizadas (menuda palabra) por el uso o mal uso de las palabras de la lengua que está desplazando al español, hasta darse casos de vergüenza ajena al preguntar en los concursos de las televisiones expresiones o definiciones que la mayoría de los españoles, entre los que me encuentro, desconocemos.

A mí me molan más las frases y dichos malagueños como «Está más escuchimizao que un chanquete disecao», «Más chalao que una pella jigos», «Tiene más huesos que un saco de nísperos» y «Más apañado que jarrillo de lata».

‘Noamoamoá’, ¿quién la sabe?

Churros en Casa Aranda, en 2022. / Álex Zea

Se aprende ‘sintiendo’

Aunque hay varios libros, folletos, artículos en prensa… referidos a nuestra lengua, y algunos novelistas como Salvador González Anaya y Arturo Reyes utilizaron y enriquecieron sus novelas con palabras y expresiones malagueñas, una manera de mejorar el nivel de conocimiento de nuestro vocabulario es escuchando o, usando un sinónimo, «sintiendo» lo que dice la gente corriente en la calle, en los mercados, en las tertulias, en las peleas y riñas, en los insultos, en las alabanzas, en el amor, en el cabreo, en los elogios y censuras, en las consultas de médicos, farmacias y guarnicionerías, si es que queda por ahí alguna, cuando en Málaga proliferaban los talleres para reparaciones de toda clase de objetos.

En una cafetería, en un bar, en una tienda de comestibles, en una frutería y en un bazar regentado por un chino, a diario se mezclan entre palabras corrientes y molientes frases como «un centro» (la parte interior y más frita de un churro recién salido de la sartén), «una nube» (en un cafetería para pedir un café con mucha leche), «póngame cuarto y mitad de bacalaíllas» (un pescado barato), «a cuanto están los amasquillos» (albaricoques), «es una mamela» (cosa fácil que se consigue sin esfuerzo), «es un manguta» (ladronzuelo), «cierra la ventana que con el terral entran las volantonas» (cucarachas grandes), «la tuya, que es más zambuya», «pampadó» (servir pan para dos personas en un bar) …

No te afanes

, en el vocabulario popular malagueño se emplea el verbo afanar

Aunque es correcto decir o escribir «no te afanes» en la versión malacitana se cae en una frase vulgar pero muy expresiva: «Pa qué tafanas».

No me hallo

Hace tiempo que no oigo una frase muy malagueña para definir un ambiente o lugar donde uno o una no se siente a gusto por no compartir con los reunidos ni ideas ni gustos.

La frase escrita en castellano correcto es «no me hallo»; pero expresada por un malagueño o malagueña, en algunos casos, la frase es «no me jallo», con hache aspirada.

Los muertos

En un corralón de la calle Plaza de Toros Vieja

En medio del habitual ruido en estos corralones, con gente hablando, gritando y trabajando en el patio, la preguntada, a gritos, llamó a la asegurada:

-¡María! - y la repuesta le llegó en seguida

-¿Queeé?

-¡El Ocaso! (nombre de la compañía aseguradora)

-¿Qué? ¡No te escucho!

-(A grito quéééé pelado) ¡¡El Ocaso!!

-¿Qué dices?

-¡Los ‘muertos’! (forma popular de referirse a la compañía de decesos).

Ante la alusión a los ‘muertos’, la reacción fue:

-¡Los tuyos, hija de la gran puta!

Es que mentarle a una persona «sus muertos» es una ofensa que se paga muy cara, como la reacción de la vecina del corralón que se rebeló con la frase señalada.

Una imagen del pantano de La Viñuela, en mínimos históricos.

Una imagen del pantano de La Viñuela, en mínimos históricos. / Álex Zea

Pertinaz sequía

«La pertinaz sequía» es una frase hecha que se remonta a los primeros años del franquismo, cuando hubo pocas lluvias. El régimen repetía una y otra vez lo de «la pertinaz sequía» para alertar a la población de lo que acaecía. Ahora ha vuelto la frase de marras porque no llueve nada y las aguas que caen del cielo, en lugar de ir a los pantanos, después de destrozar todo lo que encuentran a su paso (coches, contenedores, …) se van al mar.

Como la Memoria Histórica es muy exigente, «la pertinaz sequía» se trata de evitar por sus reminiscencias franquistas. El problema es hallar una frase neutra, que no traiga recuerdos. El problema está en que para calificar la escasez de lluvias no hay muchos sinónimos; se pueden usar obstinada sequía, terca sequía… La idónea es: Persistente sequía.

En nuestra lengua particular, tenemos un adjetivo que significa precisamente terco. Es porrúo. Claro que si la utilizamos para sustituir pertinaz, resultaría que padecemos «una porrúa sequía».

El porrúo lo reservamos para los niños tercos o cabezones.