05 de diciembre de 2016
05.12.2016
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Tres comentarios de urgencia sobre Nadia

05.12.2016 | 05:00

Les resumo la historia de Nadia, aunque probablemente ya la conozcan. Durante las últimas semanas varios programas de televisión –Más vale tarde, El programa de Ana Rosa€–, y varias cuentas de twitter de otros personajes televisivos –Jordi Évole, Ana Pastor...–, se hicieron eco de la historia de una niña de 11 años afectada de una grave enfermedad muy minoritaria y poco conocida llamada tricotiodistrofia, y secundaron la petición de su padre para recaudar dinero destinado a su tratamiento en los Estados Unidos. En pocos días se recogieron 150.000 euros. Sin embargo, posteriores investigaciones han planteado importantes sospechas sobre la veracidad del testimonio del padre de la niña y, aunque al escribir estas líneas aún la cuestión no está completamente aclarada, todo parece indicar que nos hallamos ante un fraude. Con las prisas inherentes al periodismo y la prudencia siempre aconsejable, cabe plantear tres comentarios de urgencia:

01. Como ocurre con la corrupción política, lo fundamental en los errores periodísticos no es tanto su inevitable ocurrencia como la actuación que lleva a cabo el profesional cuando son descubiertos. Pedro Simón, el profesional que destapó el caso, ha tenido un comportamiento ejemplar al reconocer inmediatamente su error y pedir disculpas a los lectores.

02. ¿Y si en vez de recoger dinero para el tratamiento de Fulanito o de Fulanita aprovechamos cada caso particular que salta a los medios para exigir que los puntuales tratamientos extraordinarios que requieren los puntuales casos extraordinarios sean sufragados por el Estado en vez de confiarlos al capricho de la relevancia mediática y la arbitrariedad de la caridad individual?

03. «Médicos secretos que trabajan para el gobierno estadounidense», «operaciones de terapia genética mediante tres incisiones en la nuca», «especialistas escondidos en cuevas afganas»€ y nadie del equipo de Mamen Mendizábal o Ana Rosa Quintana dijo «esperad un poco, que esto huele fatal». Hay que ver más Órbita Laika y menos Cuarto Milenio.

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