30 de diciembre de 2017
30.12.2017
La chapa del sábado

Vete ya, 2017

La presión social obliga en estos días a hacer un balance del año que se va, a echar la vista atrás y qué se yo. Me da miedo mirar

30.12.2017 | 05:00
Se acerca el fin de año, tiempo para la reflexión.

Les voy a hacer un pequeño spoiler: el año se acaba. Por si no se habían enterado y que no les pille de sorpresa. Tiempo de balance, político sobre todo. De nuevos y mejores propósitos, como si el 6 de abril o el 2 de septiembre tuvieran algo de malo para comenzar una dieta, matricularse en una carrera universitaria o dejar el tabaco. Mañana podrán revivir el 2017 en estas páginas en un completo y muy visual repaso del año que se arrastra hacia su final, que le llegará en menos de 48 horas, pero ya les digo yo que un año en el que se han muerto Chiquito de la Calzada y Pablo Ráez no puede haber sido bueno. De 2016 veníamos dejando atrás una huelga de basuras en Málaga que, el alcalde y Limasa no lo quieran, podría asomar en los primeros meses de 2018, a causa de no cerrar un acuerdo en condiciones. Parches, como los que se le ponen a un pelota cuando se pincha, como el que se le puso hace pocas semanas a una crisis del ruido del baloncesto base de la ciudad que hizo que hasta los que no somos malagueños nos sonrojásemos un poquito a la hora de comer cuando veíamos el asunto resonar, bastante más alto y más fuerte que el bote de los balones del Puerta Oscura, en los medios nacionales. Poco ha sonado este año que, aunque fuera en una competición menor, el Unicaja del tan criticado Joan Plaza ganase un título. Y mucho ha sonado Míchel. Siempre suena Míchel. Cuando llegó para encarrilar el rumbo del Málaga CF la pasada temporada y para dirigirlo hacia su descarrilamiento de la máxima competición del fútbol español en la presente. Aún hay tiempo, y dentro de una semana ya será 2018 y la afición blanquiazul habrá recibido de su rey mago de oriente particular los regalos que el equipo necesita. O carbón. O nada. Habrá que portarse bien. Mejor, desde luego, que aquellos que en estos 364 días de 2017 se han encargado de amargarnos la existencia, intentando que vivamos con miedo y conviviendo con bolardos gigantes en las calles, que nos abochorne escuchar las noticias que provienen de la tierra de la libertad y que bordeemos el ataque de ansiedad en una sala de cine por un trabajo mal hecho, aunque esté hecho hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana. «Rian, no te lo perdonaré jamás». Vete ya, 2017, que el 2018 Solo trae cambios, y seguro que son para mejor.

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