Puerto Rico

Las laureadas playas de Vieques ocultan peligros devastadores

12.07.2008 | 11:30

Las revistas internacionales de viajes reconocen periódicamente a la isla puertorriqueña de Vieques como un destino obligado en el Caribe, sin embargo, sus playas paradisíacas esconden peligros que podrían ser más devastadores que la mordedura de un tiburón o un abordaje pirata.

La revista Travel + Leisure eligió esta semana a Vieques como la mejor isla para visitar de la región, incluyendo Bermudas y Bahamas, a pesar de que sus orillas están sembradas de minas antipersonales activas y proyectiles de gran calibre sin detonar.

La Marina de Estados Unidos ha destruido desde 2005 y hasta junio de este año 12.108 de estas municiones y recogió casi 5.000 toneladas de desechos bélicos en la limpieza de 324 de las poco más de mil hectáreas de terreno contaminado en la isla.

El Congreso de Washington dedica anualmente unos 20 millones de dólares a esta tarea y a pesar de los esfuerzos de las comunidades organizadas de Vieques, con una población de 9.205 personas y unos 800 niños, y la propia Marina estadounidense para disuadir a los visitantes siguen llegando a las áreas contaminadas.

Los artificieros pasan horas evaluando las condiciones del terreno o la posibilidad de que haya tormentas eléctricas o llueva antes de adentrarse a buscar las bombas, sin embargo, encuentran habitualmente "huellas en la arena de niños pequeños caminando", aseguró a Efe el técnico de explosivos Edgar Colón.

Los viequenses saben que no deben adentrarse en esas zonas, originalmente casi tres cuartas partes de la isla, pero algunos se arriesgan buscando jueyes (cangrejos).

Más peligro corren las familias con embarcaciones privadas del resto de Puerto Rico o islas vecinas que pueden llegar a las "bonitas" playas por mar y desembarcan en parajes desiertos ignorando las grandes señales de peligro instalas.

Unos 80 civiles viequenses adiestrados en el manejo de explosivos ayudan a los efectivos de la Marina en esta labor en jornadas de 10 horas en las que gran parte del tiempo se invierte en estudiar y planificar la manera más segura de realizarla.

La Marina de Guerra de Estados Unidos ocupó la mayor parte de la isla durante 68 años, hasta mayo de 2003, y la usó como campo de tiro que incluso alquilaba a otras naciones para que probaran sus armamentos.

Cuando comenzó el proyecto de descontaminación hace tres años los vecinos volvieron a temblar cuando la isla se estremecía con las nuevas detonaciones, aunque esta vez estaban más controladas y con el objetivo de deshacerse de las municiones todavía "vivas".

La gerente del proyecto de limpieza de la Marina sobre el terreno, Madeline Rivera, explicó a Efe que ahora tratan de realizar las detonaciones más a menudo, casi semanalmente, para evitar la acumulación de estos restos bélicos peligrosos, por lo que apenas si las siente la población.

"Queremos llevar un mensaje de seguridad. El área que estamos limpiando sigue siendo muy peligrosa, pero es tan bonita, que la gente sigue entrando de manera irresponsable", indico Rivera en un expositor donde se exhiben réplicas de las municiones que todavía pueden encontrarse, a veces, en la misma superficie del terreno.

Pero si en otra época los militares mandaban en la mayor parte de Vieques, hoy en día no pueden mas que aconsejar a los imprudentes visitantes para que se vayan.

"Los más conscientes recogen y se van, pero otros se quedan a pasar el día", lamentó Rivera, que dijo que sólo el Departamento de Recursos Naturales de Puerto Rico o el Servicio de Vida Silvestre de EEUU pueden, en cualquier caso, poner una multa.

Junto a castillos de aire, payasos, expositores grupos ambientales, de bomberos u otras profesiones, se podían observar este viernes todo tipo de bombas y proyectiles durante la segunda Feria para Niños que se celebró en Vieques.

A pesar del latente peligro que esconden esas playas, todavía no se ha producido ningún accidente grave con la munición.

Hay que señalar que el detonante, nunca mejor dicho, de que la Marina dejara la isla después de un movimiento de desobediencia civil y protestas que unió a los boricuas de todas las ideologías, fue la muerte en 1999 de David Sanes.

El puertorriqueño era guardia jurado en una garita del exterior del perímetro del campo de tiro al que impactó un proyectil que se desvió de su trayectoria durante unas prácticas.

Después de la muerte de Sanes, y dejando para otra crónica las reiteradas denuncias sobre la superior incidencia del cáncer y otras enfermedades entre los viequenses atribuidas a las prácticas de tiro, los únicos accidentes que se han producido han sido "por caídas, las características del terreno o el uso del equipo".

En muchos lugares contaminados "la vegetación es tan densa" que los técnicos en manejo de explosivos concluyen la jornada "con los brazos abrasados por las espinas", sostuvo rivera.

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