Solidaridad

El drama del joven Duarte y su lucha por la normalidad

Los padres de Alejandro Duarte, un joven benalmadense muy afectado físicamente tras un grave accidente de moto, piden ayuda para sufragar los gastos de su tratamiento

27.10.2013 | 01:38
Paco y Mónica arropan a su hijo y muestran algunas de sus iniciativas para recaudar fondos.
Paco y Mónica arropan a su hijo y muestran algunas de sus iniciativas para recaudar fondos.

Era conocido en Benalmádena por su pasión y habilidad con las motos. Él mismo recuerda con añoranza cómo una y otra vez montó y desmontó la suya propia para arreglarla o que ésta diera lo mejor de sí. Era muy feliz estudiando a lo que quería dedicar su vida profesional: a ser mecánico de motos. Tenía entonces diecisiete años y el mundo a sus pies desde su privilegiada atalaya benalmadense. Pero la vida le tenía previsto un duro revés y de la forma más inesperada para él y sus conocidos: con un terrible accidente de moto.

Eso fue hace cuatro años. Los mismos en que despertó de un coma cerebral de cuatro meses que lo dejó postrado en la cama de un hospital otros once. Era el momento, perfectamente entendible por otra parte, de tirar la toalla. Mandarlo todo a paseo y dejar que el tiempo pasara. Pero no para alejandro. Mucho menos para Mónica y Paco, sus padres.

«Lo más desesperante es escuchar, una y otra vez, que como mi hijo ya es mayor de edad y apenas ha cotizado en la Seguridad Social, no le cubren muchos de los tratamientos que necesita para mejorar y rehabilitarse. No es justo», dice frustrada Mónica Rodríguez. Y es que su marido y ella llevan sobre sus espaldas un verdadero calvario que sólo ellos, y con ayuda espontánea de amigos, vecinos, asociaciones y administraciones, están sacando adelante.

Para empezar, ella tuvo que dejar su trabajo para cuidar de su hijo. Paco Duarte, por su parte, siguió trabajando para seguir pagando las facturas y trata de echar todas las horas extras que puede para sufragar el alto coste del tratamiento que está siguiendo ahora Alejandro y que le está haciendo mucho bien.

«Cuesta 4.000 euros cada seis meses. El próximo es en marzo y estamos muy preocupados porque vemos que no llegamos. El tratamiento es en Madrid, e ir hasta allí también tiene su coste. No está siendo nada fácil. No pido más que cuando no tenemos más remedio. Honestamente, no damos más de nosotros mismos», comenta.

Eventos y recogida de tapones

Y es que Mónica tiene como recursos la organización de galas benéficas, la venta de pegatinas y camisetas y la recolección de tampones y envases de plástico. Por cada tonelada de éstos, les dan 150 euros.

Es, ciertamente, una familia optimista. Pero hasta el más positivo tiene un límite: el agotamiento. «Es desesperante porque, por otra parte, entendemos y sabemos muy bien que todo el mundo está pasando una situación muy delicada. Pero a la vez, ¿cómo puede permitir una madre no hacer nada por su hijo cuando lo necesita?», se pregunta.

«Mi sueño es volver a coger una moto algún día»

Cuando estaba en coma, ningún médico se hubiera atrevido a decir que volvería a subir las escaleras de su casa. Actualmente, no sólo lo hace, sino que además sueña con que algún día volverá a conducir su flamante Derbi Senda.

«Cuando desperté del coma, tardé mucho tiempo en ser consciente de lo que verdaderamente había pasado. Hubo un tiempo en que me frustré mucho... con lo que yo era y en lo que me quedé... pero en algún momento decidí venirme arriba y tratar de mejorar. Desde entonces, algo he mejorado», comenta sonriente, como si hubiera dejado atrás todo lo malo que le pasó.

Alejandro Duarte forma parte de un conocido club de motociclismo de Benalmádena. Desde pequeño, «cuando tenía cuatro años», como él mismo recuerda, hacía motocross y era muy valorado entre los aficionados a este deporte de motor. De ahí que luche con ahinco por volver a sentir en sus manos el puño con el que da gas a su moto.

«¡Enséñale el vídeo, mamá!», dice emocionado. Se refiere a uno en el aparece montado en una moto dándole gas recientemente y en el que por fin pudo experimentar esa sensación (aunque sin moverse del sitio y con a la ayuda de su padre).

«Le brillaban los ojos como hacía mucho tiempo. Verdaderamente es su ilusión», comenta Mónica.

Sería normal pensar en que pudiera sentir miedo a coger una moto. Pero no es así. Al contrario. «Aquello fue un accidente. Seguro, eso no quiere decir que no quiera volver a cogerlas», afirma tajante.

Por desgracia, aunque eso no parece impacientarle demasiado porque sabe que lo conseguirá, tardará un poco más de tiempo , y sobre todo más tratamientos y cuidados. Cosas no son costosas y por las que necesita ayuda. Y es que aunque puede moverse con relativa autonomía, su vista no mejora con la misma intensidad como su motricidad.

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