´Laforet quería olvidar su novela y ser más libre´

La profesora titular de Literatura Española en la Universidad de Barcelona Anna Caballé es coautora de 'Carmen Laforet. Una mujer en fuga' junto a Israel Rolón, un volumen donde desgranan los misterios que envolvieron la vida de la autora

25.01.2014 | 02:19
La profesora Anna Caballé.
La profesora Anna Caballé.

¿Por qué la escritura le resulta a Laforet un desafío insuperable?
Lo que le sucedió a Carmen Laforet es que es una mujer que empieza en lo más alto, cosa que no es frecuente y, sin embargo, a partir de entonces, su carrera va palideciendo. Ella sufre un poco el síndrome del éxito, es decir, publica una primera novela que tiene un enorme éxito y, por una parte, es muy positivo, pero al mismo tiempo, le genera muchos problemas familiares, porque es una novela autobiográfica y su familia se ve reflejada de una manera que no le parece justa. Esto le genera a Carmen Laforet una angustia terrible. El conflicto que se le plantea es que la suya es una escritura autobiográfica y, entonces, comprende la lección de que no puede escribir directamente de lo que le ocurre porque las implicaciones son muchas. Eso le genera un conflicto que jamás consigue resolver.

¿Cree que estos conflictos familiares son la raíz de la grafofobia que sufriría Laforet a partir de Nada?
Sí, digamos que es algo que se suma a un cúmulo de circunstancias, pero el conflicto principal es el vacío total que le hace la familia, porque ella no contaba con eso. Pero además de que el primer libro le genera tantos problemas familiares, también empezaron a circular los rumores acerca de su autora porque en la novela hay una amistad intensísima entre las dos protagonistas, Andrea y Ena, junto a una actitud muy poco predispuesta al amor con un hombre. Entonces, todo estos conflictos y rumores le causan tantos problemas que escribir un segundo libro le parecía imposible, porque ¿sobre qué iba a escribirlo? ¿Qué podía contar ella que no la comprometiese?

Sin embargo, logra publicar La isla y los demonios en 1952 , además de otras pocas novelas.
Sí, pero el segundo libro se le hace un gólgota, porque un segundo libro le crea un conflicto enorme. Estaba tan bloqueada que se vuelve hacia atrás y escribe sobre Canarias y sobre su adolescencia.

Por lo tanto, ¿Laforet nunca supera su miedo a escribir?
No, ella no superó la fobia que le genera el hecho de saber que lo que escriba va a ser leído después por muchísima gente, que analizará lo que ha escrito, sobre qué ha escrito, sobre quién ha escrito y por qué lo ha escrito. Es decir, ella escribe y ya visualiza los ojos de la gente puestos en lo que ella ha escrito. Eso la coarta totalmente.

¿Su historia sería diferente si no hubiese obtenido el Premio Nadal en 1945?
Pues es muy probable, porque hubiese pasado desapercibida de no ser por Nada. Digamos que Laforet sufre el síndrome de Greta Garbo ante la presión y el estrés que le genera el éxito. Por eso, poco a poco se va cerrando en banda, no quiere publicar, no quiere relación con los medios ni con sus lectores, sino huir y desaparecer, de modo que enmudece. El gran éxito de la novela la sobrepasa y lo que ella quiere es echar paletadas sobre Nada para poder ser más libre.

¿Su represión emocional derivó en una autocensura literaria o viceversa?
Realmente, yo creo que la represión emocional tiene bastante que ver con esa pulsión homosexual que ella tiene hondamente reprimida y que termina por salir en su obra literaria. Ella plantea la homosexualidad en diferentes novelas, de manera que ese es un tema que está latente en su obra.

¿Qué opinión le merece su matrimonio con Manuel Cerezales, con el que convivía en universos cada vez más distantes hasta su separación en 1970?
Efectivamente, eran dos universos distantes e, incluso, rivales, porque realmente el intelectual era él, pero el éxito lo tiene ella. Eso hace que haya una anomalía en la familia y ella acaba completamente alejada de Manuel Cerezales, al que considera un verdugo más de su imposibilidad de escribir.

¿Fue mayor su deseo de escribir o su anhelo de libertad?
Laforet siempre se sintió muy incómoda y, además, era una época en que la mujer tendía a sentirse incómoda en este ámbito porque nadie la esperaba en ese papel. Además, Laforet era muy joven, de modo que no supo construirse un personaje detrás del que ocultarse, como hacen hoy muchas escritoras, que se preparan para los premios y construyen un personaje sobre ellas mismas, como Lucía Etxebarría. En el caso de Laforet, ella actúa ingenuamente y sufre las consecuencias.

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