Director del museo Reina Sofía

"Cansa el arte asociado al espectáculo"

Manuel Borja-Villel Cumple siete años al frente del museo estatal de arte contemporáneo

27.07.2015 | 02:30
"Cansa el arte asociado al espectáculo"

Su nombre ha sonado para grandes 'mastodontes' internacionales de la creación, como el MoMA y el Pompidou

¿Qué le espera este verano?
Unos cuantos libros y un cuaderno de notas para reflexionar, porque el día a día en la cultura es de autoexplotación y precarización, en general. Ya no se trata de trabajar mucho, sino de dedicar mucho tiempo a actividades no productivas. Así que separarse un poco y pensar es fundamental.

¿Explotación propia, sin tener a alguien por encima?
Sí, es el momento actual. No hace falta una figura autoritaria, porque todos nos explotamos a nosotros mismos.

¿Se cansa uno del arte? ¿Necesita una desintoxicación?
Se cansa del arte malo, del que está demasiado asociado al espectáculo y la moda, porque es un tipo de producto cultural para el consumo, no para enriquecer. Produce empacho.

En el arte contemporáneo, ¿cómo sabe que no le dan gato por liebre, que no le están vendiendo una cabra?
Todo depende de la cabra? [ríe] Pero hay varias cosas. Una es el paso del tiempo, que no perdona. Hay figuras de hace 20 y 50 años que con la distancia han perdido. Otra es que hay artistas que sirven para explicar solo una época. Pero no hay unos criterios objetivos. Ayudan algunas cosas, que tienen que ver con la capacidad de una obra para reinventarse: Las Meninas siempre las ves distintas. Esa es la diferencia de una gran obra de arte.

¿Los animalitos de Jeff Koons aguantarán 20 años?
Me da la impresión de que hay algunas figuras, como Koons, que en unos años, igual que ocurrió con autores de la transvanguardia italiana, no nos van a parecer tan interesantes. Más allá de la anécdota histórica de que fueron muy visitados y su precio era altísimo.

Y las cifras de visitantes mandan hoy en los museos, ¿no?
Ha habido una absorción del arte por las industrias del entretenimiento y por las finanzas. El arte es como el resto de la sociedad, en la que lo económico es dominante.

¿No ha pasado siempre?
Cuando Picasso ya tenía un valor de mercado alto, su valor simbólico seguía por encima. Y artistas con gran precio no se exponían por eso. Pienso en Pollock o en Rothko. Hoy, sin embargo, parece que es al revés, que lo importante para exponer el gauguin de los supuestos 300 millones es que valga eso. Y la figura del artista se ha asociado al glamur, a estrellas de cine –a muchos se les empieza a tratar así–, y vemos que la presencia de Brad Pitt en la Feria en Basilea se considera un gran evento. Hay por fortuna circuitos paralelos y obras buenísimas, pero la institución arte está siendo absorbida por el mercado.

Dice «supuestos 300 millones». ¿No se lo cree?
Es porque no está confirmado, pero lo dijo The New York Times y suele ser fiable.

Por lo que dice, ¿el peligro de la cultura es la cultura light, la espectacularización de la cultura?
Sí. Va ligado. La cultura como mercancía ha de ser light, igual que esas entrevistas de verano que son meros formularios. Hay formatos que impiden la complejidad. Cuando todo es un producto intercambiable de consumo, a no ser que seas Warhol o Duchamp, la hegemonía del mercado conlleva una cultura light.

¿El trato con el mercado es lo mas molesto para el director de un museo?
El mercado es hegemónico, pero no hay una mano negra que mueva los hilos en los museos. No hay censura, quizá porque no es necesaria, porque igual que hay un elemento general de autoexplotación lo hay de autocensura, que va ligado a la precarización, a la desaparición del Estado del Bienestar y de las transferencias del Estado, que lleva a que todo el mundo busque modos de financiación y a que deseches lo que sabes que no va a producir ingresos. Y si añades en Europa el control absoluto, donde todo tiene que ser justificado, el resultado son demasiadas cosas en una sociedad que debería ser abierta y que posiblemente no lo es tanto como imaginamos y nos venden.

¿La autofinanción supone conformarse en las compras con un segundo escalón o apostar por emergentes?
Hasta ahora había dos modos de financiación, el del Estado del Bienestar, que está desapareciendo, y el de la financiación privada o la autofinanciación, que se está extendiendo. Si tienes limitaciones económicas, hay cosas que nunca vas a hacer porque nunca van a ser rentables. Lo que está ocurriendo entonces es que la programación de todos los grandes museos se parece demasiado.

¿También se refleja en las adquisiciones?
Si un giacometti vale 70 millones, y un gauguin 300, casi ninguna institución pública puede optar. ¿Qué hacemos? ¿Nos dedicamos a emergentes, a ser instituciones subalternas? Creo que hay que plantear que, aunque las colecciones estén ligadas a la idea burguesa de la propiedad, los museos pueden ser custodios de obras compartidas. Ahí es donde estamos haciendo énfasis, en crear estas estructuras en red de conocimientos y de obras. Hay veo una alternativa: formas de organización y financiación diferentes de la que se nos hace ver como única.

¿Los museos públicos 100 % se están acabando entonces, si solo vale la financiación privada o la autofinanciación?
El museo público es un derecho que tenemos todos, como la educación y la sanidad. Es irrenunciable. Que los fondos sean públicos (no se renuncia del todo al modelo de los años 60, 70 y 80), privados o procedentes de crowfounding... Hay que buscar nuevas formas de organización, relación y financiación, manteniendo la idea del museo como servicio público.

Para usted, ¿la cultura es de izquierdas?
La cultura es algo que te plantea cada día qué significa ser de izquierdas o de derechas. Los contenidos de un museo nacen de unas circunstancias políticas y el edificio está en un barrio, y eso implica una dimensión política. La cultura es política, obliga a una interpelación continua de categorías.

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