Crítica

El siglo de Bach y Haendel

21.09.2015 | 05:00

Decidido espacio de confluencia caracterizado por la difusión de música impresa, la evolución de las formas musicales y la extensión de estas producciones en ámbitos sociales más ámplios gracias a la proliferación de conjuntos instrumentales, primeros conservatorios o los conciertos públicos. En este marco general, Barry Sargent, fundador de la Orquesta Barroca de Sevilla, presentó en el Edgar Neville, un segundo concierto de la JOBA. En este nuevo encuentro, el músico estadounidense propuso un retrato plural que ejemplarizase cómo se gestó la independencia de la música instrumental, gracias a autores como Purcell, Telemann o Geminiani entre otros.

La danza, condensada hasta su mínima expresión formal, sirve de modelo a la Chacona en sol menor de Purcell. Purcell la emplea como página de entretenimiento previo al comienzo de los espectáculos del Londres de finales del diecisiete. Basada en un tema y variaciones, Sargent nos mostró, por un lado, el intenso cromatismo que guarda y por otro, el carácter y personalidad que adquiere en el conjunto instrumental. Destacar el trabajo de las cuerdas graves que distinguió no sólo esta obra sino todo el concierto. Nuevamente, las formas danzantes determinan la Overture (suite) La Bourse de Telemann. La cercanía de su arreglo contrastante, en siete números, no escondería su talante virtuoso y a la vez imitativo. Fue apreciable un mayor empaste por parte de la JOBA.

La primera parte del concierto se cerraba con el Concierto para dos violonchelos RV531, de Vivaldi. Al músico veneciano debemos la fijación de la forma concertante que servirá de modelo al período clásico. Sus tres tiempos distinguieron un punto más de exigencia tanto para el conjunto como para los cellos de Laura Ramírez y Juan Antonio Carillo. Lejos del frío ejercicio técnico, Sargent supo combinar el brillante talento de la orquesta con la agilidad y sensibilidad de los solistas.

Geminiani y su admirado Corelli fueron los protagonistas de la segunda parte del recital. El opus 6 de Corelli contiene el Concierto en re mayor, que se articula en cinco movimientos, lo que nos avanza su vocación da chiesa. En el contraste de sus tiempos descubrimos formas fugadas y un cuidado equilibro entre el concertino y el ripieno. La influencia del compositor Fusignano la volvimos a descubrir en F. Geminiani, que como Haendel buscó fama y reconocimiento en el Londres del dieciocho. Utilizando un tema ya conocido, La Follia, construye su Concierto grosso nº 12, sobre el esquema de tema y variaciones. Director y orquesta mostraron un trabajo seguro, extraordinariamente medido, sin acentuaciones exageradas, dando paso al deseado sonido fluido y compacto. Como no podría ser de otra forma, hubo una propina fuera de programa, el Air de la Tercera suite para orquesta de Bach puso el punto y final a una cita cargada de interés.

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