Música

"No me interesa nada la música de ahora"

Acompañado por Los Corsarios, Urrutia realiza este viernes (20.00 horas) un repaso por sus casi cuarenta años de trayectoria en el Teatro Cervantes, donde sonarán los temas más conocidos de su época al frente de Gabinete Caligari y de sus discos en solitario

25.02.2017 | 12:57
Jaime Urrutia.

Si en los ochenta hubo una santísima trinidad del rock español, Jaime Urritia fue uno de sus vértices junto a Loquillo y Carlos Segarra. El que fuera líder de los imprescindibles Gabinete Caligari inició en 2002 su propio camino con Patente de corso, disco al que le siguieron El muchacho eléctrico (2005), el directo Jaime Urrutia en Joy (2007) y Lo que no está escrito (2010). El compositor madrileño se sube esta noche al escenario del Teatro Cervantes para ofrecer «un grandes éxitos» de su carrera. Pese a los años –el próximo 2 de junio cumplirá 59– no se ve como una vieja gloria. Al contrario, se siente orgulloso de contar con el respeto y la admiración de la gente.

Han pasado siete años desde su último álbum, Lo que no está escrito. ¿Tanto le cuesta dar con las canciones perfectas?
Después de tantos años me he dado cuenta de que lo que más me gusta de la música es la composición. Y en ello estoy. Podía haber sacado un disco hace dos años, pero soy muy crítico conmigo mismo y mi idea es hacer un disco muy bueno. Ya sabemos que en este negocio tomarse un tiempo hace que la gente se olvide de ti. Pero me gusta hacer buenas canciones y aunque esté tardando espero que el resultado merezca la pena.

La autoexigencia en un artista debería ser el primer mandamiento.
Así es. Por eso no me importa que pasen dos años más hasta que tenga el nuevo disco.

Y mientras, salir de gira le mantiene pegado al público.
Sí. Noto el cariño del público. Percibo que la gente me tiene respeto y que le gusta verme en directo, tanto en acústico como con banda.

Es normal que le tengan respeto y admiración a una figura fundamental del rock en español.
El otro día por la noche me puse a escuchar canciones de Gabinete. Hacía tiempo que no las escuchaba. Y algunas me sorprendieron para bien, como Más dura será la caída o Suite Nupcial. Me sentí orgulloso.

En los años ochenta, el rock era el gran catalizador cultural. ¿Qué diablos ha pasado? ¿Por qué ha perdido su poder de atracción?
En este país perdimos la oportunidad de llevar al rock al lugar que merece. Ahora si pones la televisión o la radio ves cómo hemos vuelto a lo mismo que teníamos antes de los ochenta: la misma canción comercial, aunque con otra producción. Creo que perdimos la oportunidad de que el rock se mantuviera ahí, donde estuvo durante muchos años. Hace diez o quince años, sonábamos en la radio junto a Loquillo, Bunbury o Calamaro. Ahora directamente te dicen que no. Solo les interesa Bisbal y los dos horteras de turno, con todos mis respetos hacia ellos y la música que hacen. Pero eso es lo que le gusta a la masa. En los ochenta, la masa consumía rock. Y los artistas que lo hacíamos acostumbramos al público. Ahora es muy difícil que el rock esté presente en las radiofórmulas o la televisión.

Las discográficas también tendrán parte de culpa, ya que muchas se suelen entrometer en el trabajo de los artistas. Por ejemplo, a Gabinete no os permitieron dejar la portada de Camino Soria completamente en blanco, como el disco de los Beatles, que era vuestra intención.
Fue algo que no nos disgustó especialmente. No nos lo tomamos a mal. Pero ni en la carrera de Gabinete ni en la mía en solitario se metieron jamás. Ya sea por respeto o porque entendieron que podíamos hacerlo bien solos. Pero es lógico que las discográficas actúen porque los discos han dejado de venderse. Ahora tiene que vender al artista de otra forma. Y por ejemplo se llevan también un porcentaje de los conciertos, algo que ni nos podíamos imaginar que ocurriese en los ochenta. Pero hemos llegado a eso.

En sus comienzos jamás pensó que la música sería su profesión. ¿Qué opina de esos nuevos artistas que muestran más ganas de abrazar el éxito que talento?
Llevas toda la razón. Cuando nosotros empezamos no teníamos ningún ánimo de triunfar ni de ser profesionales. Ahora un chaval que se plantea ser músico se tiene que meter en las radiofórmulas y la mierda esa. Yo pensaba que Gabinete duraríamos tres años o así. En mi vida me pensé que íbamos a tener éxito. A la gente de antes de los ochenta les llamábamos ´los horteras´, y podían ser José Luis Perales, Camilo Sesto y los grupos esos de flamenquín. Y treinta y tantos años después hemos vuelto otra vez a eso. Ahora se llaman Bisbal, Bustamante y no se qué...

Asegura que en los noventa se repudió al rock español y a todo lo que oliese a movida madrileña. ¿Cómo vive el actual revival ochentero que algunos aprovechan de forma casi indecente para hacer caja?
Me llaman bastante para hacer eso del revival ochentero, y la verdad es que no me gusta. Me toca un poco las narices. Aunque depende de cómo se haga. Es evidente que hay cosas bien hechas y cosas mal hechas. Lo que pasó en los noventa me pareció normal. Era normal que los chavales de la nueva generación estuvieran hasta los cojones del rock español. Pero creo que su demérito fue no hacer las canciones que hacíamos sus hermanos mayores. En los noventa hubo buenos grupos, no digo que no, pero no se hizo tan buena música. No hubo un movimiento que hiciese que la gente se enganchara.

¿Escucha lo que hacen los músicos o las bandas actuales?
No. Sinceramente no. La música actual ni me interesa nada ni la sigo. Aunque, y siempre lo he dicho, en todas las épocas hay gente con talento y gente sin talento.

Seguro que hay empresarios dispuestos a poner mucho dinero sobre la mesa para ver a Gabinete de nuevo sobre el escenario. ¿Ha cerrado totalmente esa puerta?
Hace poco llamaron a mi manager para proponerle una reunión de Gabinete para un festival de verano. A mí no me apetece nada, aunque todo el mundo tiene un precio, claro. Por ejemplo, a los Héroes del Silencio le dieron un millón de euros a cada uno de los miembros. Si a mí me dieran un millón de euros... Gabinete, para bien y para mal, no es un grupo de grandes audiencias. Héroes del Silencio llenaron el estadio Olímpico de Sevilla e hicieron cinco o seis conciertos metiendo 80.000 personas. Me imagino que un regreso puntual de Gabinete como mucho llegaría a las 10.000 personas. Cada grupo tiene su historia y personalmente no me apetece en absoluto volver con Gabinete. Además, Ferni y Edi (Fernando Presas y Eduardo Clavo) no me hablan y no tenemos relación hace ya años. Tendrían que poner mucho dinero para volver a juntarnos en el local y retomar la relación. Es algo que no considero por ahora.

¿La separación del grupo se debió únicamente a diferencias estilísticas?
Así es. Fue por una diferencia puramente musical. En 1995 sacamos Gabinetíssimo, que fue un disco que pasó desapercibido. Ellos estaban muy atentos a las bandas de aquel momento, que volvieron al rock más cañero. Recuerdo que les gustaba mucho Nirvana y el grunge. También creo que La culpa fue del cha cha chá influyó bastante en el ambiente. A ellos les parecía una horterada. El rollo popular que alcanzamos no les convenció del todo. Es verdad que se me pudo ir la mano con esa canción, pero yo tenía bastante claro lo que quería hacer. Aparte de estas discordancias, yo ya no me lo pasaba bien en el local de ensayo. Además, había empezado la decadencia y ya no teníamos tantos bolos. Y entre eso y lo musical llegó el momento de dejarlo. Estuvimos 18 años juntos y nos fue de puta madre. No nos peleamos ni hubo discusiones ni nada. Pero ellos se lo tomaron mal porque les cortó su forma de vivir. Para mí tampoco fue fácil relanzarme en solitario. No nos peleamos pero dejamos de tener relación. Y hasta el día de hoy, que no nos hablamos.

Hay mucha gente que le admira más por su pasado que por lo que pueda llegar a ofrecer. ¿Se siente una vieja gloria?
Hay momentos en los que eso te causa desazón y otros en los que te sientes orgulloso. Desde dentro, el paso del tiempo no parece tanto. Alucino que hayan pasado 36 años desde que empecé. Desde luego, visto así me da vértigo. Y si soy una vieja gloria, pues lo soy...

Bueno, solo las viejas glorias tienen obras maestras como Camino Soria...
Y que me quiten lo bailao. Para mí es un orgullo tener ese repertorio, esos discos y la consideración de la gente. Pero bueno, está claro que no lo puedes tener todo y estar siempre en la cresta de la ola. Mi objetivo es seguir haciendo canciones hasta que dure. Afortunadamente, tengo lo suficiente para vivir, me divierto, hago mis bolos y mi público me quiere.

Y como todos, aguanta estoicamente los constantes desmanes políticos...
Sí. Qué quieres que te diga. En los ochenta, la llegada del socialismo se vivió con mucha ilusión, aunque esa ilusión duró muy poquito tiempo. La política es algo que miro con lejanía y perspectiva.

¿Se llegó a ilusionar con la posibilidad de un cambio en las pasadas elecciones?
Recuerdo cuando Pedro Sánchez pudo formar Gobierno y le tiró los tejos a Podemos. Y es cierto que, aunque no voto a Podemos, el cambio me hacía ilusión. Sobre todo por ver fuera a esos que llevan tanto tiempo mandando y armando tanto escándalo. Y bueno, aunque seguimos con Rajoy, afortunadamente ya no tiene tanto poder al no contar con la mayoría absoluta.

Recibe muchas críticas por ser aficionado taurino. ¿No cree que los toros es algo que pertenece a otra época?
Todo esto de lo antitaurino lo que está demostrando es que el cotarro se ha quedado en el siglo XIX. El mundo de los toros es un mundo muy cerrado y muy antipático. Y se ha pasado años y años sin mover nada. Ahora, cuando han visto que tienen que mover el culo, pues les está costando. Yo sigo siendo aficionado, aunque con más peros que antes. La gente del mundo del toro no ha dado ese paso y no ha avanzado. Las figuras se dedican a ganar dinero y se olvidan de lo demás. Y los empresarios tienen cuatro plazas y las explotan solo para ganar dinero. Me parece que se están cargado el mundo de los toros desde dentro. Y por eso hay mucho desgaste entre la afición. Nos están tocando los huevos un poco, la verdad. Y o se ponen las pilas o les va a pillar el toro, nunca mejor dicho.

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