Crítica | Teatro

El blanco nuclear

29.07.2017 | 05:00
El blanco nuclear

La Asamblea

  • Compañía: Andolini Producciones. Director: Sergio Rodríguez. Reparto: Paqui Montoya, Iñigo Núñez, Cristina Almazán, Pilar Herranz, Bea Ortega, Miguel Mateos. Lugar: Teatro Romano

La Asamblea, de Andolini Producciones, basada en La Asamblea de Mujeres de Aristófanes, se presentó en el Festival de los Teatros Romanos de Andalucía en Málaga como estreno nacional. La comedia de Aristófanes en el fondo es una sátira que trata de ridiculizar a las mujeres que tienen la pretensión de equipararse a los hombres de su época. Hoy en día casi todas las versiones tratan de obviar esta parte poco rentable y dan un giro hacia la valentía de las mujeres que luchan por su igualdad. Así ocurre en esta de Andolini Producciones que resume la trama en una historia básica y que no busca muchas complicaciones. Más bien utiliza el argumento como base para el libreto de lo que en realidad es su esencia: un espectáculo musical. Utilizar un texto clásico para crear un musical no es infrecuente. Aunque a los puristas les provoque desazón. Tampoco era raro que en su época se acompañaran de canciones y música. Pero lo que importa es la coherencia del espectáculo y su resultado final.

En La Asamblea nos encontramos un trabajo que en su aspecto formal resulta bien trabado. La dinámica y el desarrollo tienen lógica y limpieza. Hay un buen trabajo de fondo y una clara idea de lo que se quiere representar, del estilo. El elenco está formado por actores y cantantes que se mueven como pez en el agua entre las diferentes coreografías y los momentos dramatizados. De hecho, hay muy buenas voces, y la vis cómica de los intérpretes resulta entre los espectadores.

Tal vez la pega sería que, aun asumiendo un riesgo como empresa que se estrena con su primer espectáculo, es el espectáculo el que no asume un riesgo. El humor blanco está bien, busca no molestar y llegar a todos los espectadores. Pero también es cierto que es necesario que no le falte picardía, no la erótica, más bien ese guiño al espectador, el sarcasmo, la crítica. Nada de esto tiene por qué ofender, y está intrínseco en el propio texto clásico de Aristófanes. Despojarlo de esta parte y blanquear la puesta en escena deja la sensación de que se trata más bien de un espectáculo para escolares o eso que se denomina «para toda la familia». Bien elaborado, pero demasiado blanco para un público que se acuesta tarde y que ya ha visto ese texto representado. Y que lo que espera es que le sorprendan con alguna novedad. La sencillez de la puesta en escena, la escenografía o el vestuario no tiene por qué estar reñidos con la chispa. Hay muchos tonos de blanco, pero elegir el blanco nuclear tal vez no haya sido la mejor idea.

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