14 de abril de 2018
14.04.2018
Música

Serrat: el enemigo público

Se cumplen cincuenta años del 'Caso Serrat' y el Festival de Eurovisión

13.04.2018 | 22:49
Serrat, en el vídeo de presentación de su tema eurovisivo.

Un episodio que le estalló al franquismo produciendo un gran debate social. Fue en París, a escasas semanas del Festival de Eurovisión del 68 en Londres, cuando Serrat anunció su renuncia si no se le permitía cantar 'La la lá' en catalán - El régimen franquista le impuso un veto televisivo al cantautor que duró hasta el año 1974. Sus discos fueron rayados en muchas emisoras mientras se retiraron de los escaparates y las estanterías

«No solo canta y compone sus canciones; además, se dedica a otras actividades de una gran y visible importancia intelectual y social. Cuando canta, su voz trémula y variable, nos transmite un sentir lleno de poesía, porque Joan Manuel Serrat es un auténtico poeta, es un trovador del siglo xx». El presentador José Luis Uribarri era el encargado de introducir en los hogares españoles la noche del 8 de marzo de 1968 a un casi desconocido Joan Manuel Serrat. Si bien el cantante se había dado a conocer al otro lado del Ebro gracias a Cançó de matinada su proyección fuera del área catalana seguía siendo marginal. Ahora, con gran pompa y ceremonia, un especial televisivo en prime time en un país monopolizado por la televisión estatal, se presentaba con motivo de su elección para representar a TVE en el Festival de Eurovisión que se iba a producir en el Royal Albert Hall de Londres el 6 de abril. Despues de las dos últimas participaciones en el festival, con más pena que gloria, promoviendo la figura de Raphael, desde la administración franquista se opta por una figura destacada de la «nueva canción» que se está fraguando en España, este movimiento musical que desde Cataluña bajo las siglas de la Nova Cançó defiende una canción con vocación lírica y acento crítico. Desde sectores catalanistas la elección de Serrat se observa como una jugada por parte del Ministerio de Información que capitanea Fraga Iribarne por frenar el papel cada vez más significativo de la Nova Cançó como movimiento musical y reivindicativo de la lengua catalana. Un Serrat como cantante bilingüe promocionado por las instancias franquistas puede ayudar a «desactivar» la corriente y a uno de sus elementos más populares y emblemáticos. La actuación se engloba en un ejercicio de aggiornamento por parte del régimen franquista que se dispone a celebrar «El año Miró» reconociendo la figura de un pintor antifranquista como Joan Miró.

El anuncio por parte de Serrat de su paso al bilingüismo en el otoño de 1967 fichando para su producción en castellano por la editora Zafiro ha pillado por sorpresa a su casa de discos Edigsa, que había jugado fuerte la baza serratiana frente al otro estandarte musical, Raimon, cada vez más incomodo para los dirigentes discográficos catalanes a causa de su militancia antifranquista. Serrat a ojos de Edigsa se presenta como una especie de «Adamo catalanizado». Esta nueva andadura profesional por parte de Serrat está guiada por el manager José María Lasso de la Vega, una figura que suscita a partes iguales, amores y odios en el mundo del espectáculo. Con buenas conexiones en la administración, Lasso de la Vega ha jugado fuerte la carta Serrat como posible representante eurovisivo. La elección del cantante, finalmente, y de la canción La la lá, un tema de «raíces» serratianas compuesto para la ocasión por el Dúo Dinámico, también representados por Lasso de la Vega, no ha podido ser más perfecta para el mánager. Pero no todo son alegrías, el anuncio de su paso al bilingüismo ha ido creando una atmósfera enrarecida para el cantante al que reprochan su traspaso lingüístico en aras a una mayor profesionalización y, sin duda, mayores beneficios económicos. Para muchos de sus seguidores el cantante se aleja de aquel público que le dio su apoyo en los primeros tiempos, una especie de cheque blanco y le permitió subirse a un escenario. La misma editora Edigsa ha decidido «congelar» la salida de un disco del cantante interpretando canciones populares catalanas a la espera de mejores tiempos. Durante su presentación en el Teatro Principal de Valencia en Fallas una parte del público ha mostrado su rechazo al bilingüismo del cantante. Lo mismo ha sucedido en otras ciudades.

La gira de promoción del tema eurovisivo le conduce por las diferentes televisiones europeas. Serrat graba la canción La la lá con arreglos del cotizado Bert Kaempfert, el autor de la célebre melodía Extraños en la noche. Por parte de Televisión Española y de la editora Zafiro –la nueva discográfica del cantante– no se repara en gastos de promoción. Hasta se registra una versión en catalán del tema con letra del propio Serrat, una iniciativa por parte de su representante Lasso de la Vega que intenta rentabilizar al máximo la operación y, de paso, acallar las voces cada vez más críticas por el paso al bilingüismo. Desde la editora y círculos catalanistas se inicia por su parte una campaña en defensa de la participación de Serrat en catalán en el Festival. Si el cantante se ha hecho popular cantando en su lengua paterna, porque no puede representar a TVE en la lengua que le ha dado a conocer, se preguntan. El triunfo de una canción en catalán en el Festival del Mediterráneo en 1963 con la pareja Raimon-Salomé y lo que había supuesto como publicidad para la Nova Cançó sin duda está en el horizonte de los promotores. El semanario La Actualidad Española publica una encuesta con una serie de intelectuales: Camilo José Cela, Gabriel Celaya, Buero Vallejo entre otros, en la que defienden la participación del cantante en catalán. El propio Serrat a la vista de la magnitud que está adquiriendo el tema, plantea la cuestión a los directivos televisivos mientras se aproximan las fechas de celebración del festival. A propósito de la polémica con el cantante y el debate social la escritora Maria Aurèlia Capmany habla de un «Caso Dreyfus a la catalana» en referencia al estado de crispación que produjo el juicio al militar francés en la sociedad francesa de principios del siglo xx.

La capital francesa es la última etapa de promoción del cantante antes de su actuación en el Royal Albert Hall de Londres. Serrat y su mánager Lasso de la Vega junto a la embajada de Televisión Española, se aloja en el lujoso hotel George V. Entre el staff televisivo destaca el productor y director artístico Artur Kaps, el hombre que le ha dado a la televisión española su primera puesta de largo con sus programas musicales y que ha conducido la promoción del cantante por Europa, delante y sobretodo, detrás de las cámaras. Y en París explota la bomba –la otra, el Mayo 68 se está fraguando– y para otros, el milagro: Serrat está dispuesto a cantar en catalán en el Festival de Eurovisión. Una carta firmada por el cantante con fecha del 24 de marzo de 1968 bajo el título «Carta abierta a la opinión pública española» estalla como un obús en el panorama informativo. «Un hombre ha de ser fiel a sí mismo y a la gente que le es fiel. Es por estas dos razones que me he me permitido enviar una carta al director general de Radio y TVE rogándole comprenda mis argumentos y me autorice a cantar en Londres en catalán o que en caso de que esto no fuese posible, acepte mi renuncia irrevocable». Por parte de la administración franquista la reacción es fulminante, sustituyéndolo por la cantante Massiel, perteneciente a la misma editora, la madrileña Zafiro, que desembarca desde México dispuesta a «salvar España». En su carta de respuesta los directivos televisivos acusan al cantante. «La decisión del cantante señor Serrat es incorrecta e inadmisible y pretende dar un sentido político a la participación de TVE en el Festival de la Eurovisión». Serrat pasa, de la noche a la mañana, de hijo predilecto a enemigo público número uno. La prensa del régimen dispara toda su artillería contra él como si se tratara de una reedición del Tribunal del Santo Oficio. Se le impone un veto televisivo que durará hasta el año 1974. Sus discos son rayados en muchas emisoras mientras se retiran de los escaparates y las estanterías. La propia prensa no franquista no acaba de entender la decisión del cantante al que acusan de haber actuado tarde y desafortunadamente.

La historia eurovisiva acaba con el triunfo de Massiel en Londres aclamada como una nueva Agustina de Aragón y la Armada Invencible entrando triunfalmente en el Royal Albert Hall. Más tarde saldrán algunas informaciones sobre los jurados y algunos votos hacia la representante española a cambio de licencias en la futura televisión en color. La carrera profesional de Serrat parece encontrarse en la cuerda floja mientras descansa en Cala d´Or, en el refugio balear que le ha buscado Lasso de la Vega. Edigsa se apresura a publicar el álbum Cançons tradicionals con una portada donde se ven unos sospechosos segadores y Serrat reaparece en el mes de mayo en Cataluña en un ambiente de fervor catalanista. El paso de Serrat al ejercicio bilingüista produce división en el seno de la Nova Cançó abriéndose una brecha entre «puros» e «impuros». La figura del héroe y el traidor se reproduce en la epica serratiana. A pesar de su alejamiento de los postulados que significaron el nacimiento de la Nova Cançó, serán muchos los que señalen su desafío al régimen franquista y en defensa del catalán como uno de los gestos más significativos de la cultura catalana durante el franquismo.

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