Crítica de 'Hijo de Caín'

Este chico sí que es un demonio

23.04.2013 | 11:03
David Solans, en «Hijo de Caín».
David Solans, en «Hijo de Caín».

Está claro que el de niños cabroncetes es un subgénero en alza: películas más o menos recientes como Joshua, The Children, Tenemos que hablar de Kevin o The Orphan retoman el testigo de cintas de otras épocas como la estupenda El otro, de Robert Mulligan, y la eficaz El buen hijo, con Macaulay Culkin, en una tendencia que bien podríamos subtitular Este chico sí que es un demonio. Desde ayer añadimos la catalana Hijo de Caín, un filme funcional, más de sobremesa que de madrugada, con algún que otro traspié, sí, pero que entretiene moderadamente.
Jesús Monllaó va directamente al grano, no se anda con rodeos y ejecuta el argumento sin tiempos muertos ni demasiada paja; se agradece que haya un armazón firme, que no aparezca esa sensación de incertidumbre argumental omnipresente en buena parte del cine español –el hecho de que la cosa se base en un libro, o un bestseller, como se lee sin atisbo de vergüenza en los créditos iniciales del filme, debe de haber ayudado: a veces, los corsés traen mejores nueces que las libertades irreflexivas–. Tan, tan rígida es a veces la película que parece la lectura de la sinopsis. Sin embargo, el mundo ajedrecístico que actúa como telón de fondo –estupendas las escenas que transcurren en esta academia para jóvenes talentos del juego, con un genial Jack Taylor como un profesor Xavier del tablero blanco y negro– opera como un sabroso telón de fondo, que añade significados y sugerencias.

Pero los problemas surgen cuando al producto se le ven demasiado las costuras –ahí también tendrá mucho que ver el libro, o bestseller, original, claro–: las trampas y vueltas de tuerca, siempre a la búsqueda del dichoso efecto sorprendente, requieren de mucha más imaginación y pericia que las aquí desplegadas. Tampoco ayudan las evidentísimas interpretaciones de buena parte del elenco –salvemos a Julio Manrique y María Molins, bien plantados–, ni algunos momentos pedestres de puesta en escena y de cierto sonrojo –todas las escenas en las que Coronado aparece, como una caricatura, con el pelo enloquecido y hecho unos zorros–. El tramo final, un guirigay notable, busca golpear al espectador pero, insisto, la realización funcional, impersonal, lo deja en toquecito en el hombro. En cualquier caso, visto lo visto hasta ahora en la Sección Oficial, una cosita de género como ésta, sin ambiciones, directa para el consumo y el olvido, realmente no molesta. Es lo que hay.

Hijo de Caín
Dirección: Jesús Monllaó Plana. Intérpretes: Jose Coronado, David Solans Julio Manrique, María Molins, Jack Taylor

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