Cooperación Internacional

Dos cooperantes, en mitad de un golpe de estado en África

Pepe Albújar cuenta la experiencia y cómo se arriesgaron a salir en coche de la segunda ciudad del país hasta la capital, por una carretera con camiones calcinados por la revuelta

25.09.2015 | 05:00
Alfonso Artacho y Pepe Albújar protagonizaron el pasado 18 de julio un reportaje en La Opinión en el que explicaron el trabajo que realizan para Pozos Sin Fronteras, a las puertas de su viaje a Burkina Faso, un país que han visitado en varias ocasiones, donde han instalado 18 pozos y hay 10 en lista de espera.

Alfonso Artacho y Pepe Albújar, cooperantes malagueños de la ONG de Málaga Pozos Sin Fronteras en Burkina Faso, pudieron salir por fin ayer de la capital del país africano y coger un avión hasta París. Atrás quedan largos días en la habitación de un hotel después de que les sorprendiera un golpe de estado finalmente fallido.

Tardaron hora y media en avión desde Málaga a Casablanca, a lo que sumaron cuatro horas de vuelo hasta Uagadugú, la capital de Burkina Faso (el antiguo Alto Volta) y luego seis horas en coche hasta la segunda ciudad del país, Bobo-Dioulasso.

Al cabo de siete días trabajando para la ONG malagueña Pozos Sin Fronteras, en los que devolvieron la esperanza a aldeas de la zona con la construcción de pozos, huertos y la llegada de riego por goteo los malagueños Pepe Albújar (41 años) y Alfonso Artacho (46), cooperantes internacionales, se toparon de bruces con la turbulenta historia política de África.

«Estábamos cenando en un restaurante y de pronto llegó gente gritando por todos lados, tirando sillas y mesas y cerrando todo», contaba ayer Pepe Albújar desde la capital de Burkina Faso horas antes de poder por fin abandonar el país rumbo a Benín y después a París.

Fuerzas del regimiento de seguridad del presidente del país, Michel Kalafando, habían capturado a este y disuelto el gobierno. Los cooperantes, sin poder salir del hotel en el que se alojaban a partir de un temprano toque de queda, al cabo de unos días decidieron salir en coche de Bobo-Dioulasso rumbo a la capital, pese a que había barricadas que impedían la salida. «Pero salimos, la verdad es que nos arriesgamos porque a un valenciano lo asaltaron y robaron viniendo de otro sitio», cuenta.

Durante las cinco o seis horas en coche hasta Uagadugú Pepe Albújar recuerda haber visto camiones y neumáticos calcinados, «pero por suerte eran del día anterior».

Al llegar a la capital, el pasado lunes, se alojaron en otro hotel. El tiempo lo han pasado en el gimnasio, en la piscina y dando breves paseos antes del toque de queda, a las 7 de la tarde, que ayer ya se atrasó hasta las 11, porque la situación mejora dado que los golpistas llegaron por fin a un acuerdo con el presidente, que ha regresado a su puesto.

«En estos días en la capital escuchamos algunos tiros pero no hemos visto nada. Nosotros estamos muy bien», explicó Pepe Albújar, que será padre en un par de meses y que destacaba que contaban con dinero y estaban en contacto, como el resto de españoles en Burkina Faso, con la embajada de España en Bamako, la capital de Mali, el país vecino.

Los dos cooperantes malagueños intentaban ayer tarde, como lo llevan haciendo toda la semana, tomar un avión rumbo a París, a través de Mali o Níger. «Hoy (por ayer) es la fiesta del cordero y tenemos noticias un poco contradictorias del aeropuerto», contaba. La buena noticia llegó pasadas las 21.00 horas cuando se conoció que por fin pudieron coger un avión para volver a casa.

El pasado 18 de julio Pepe Albújar y Alfonso Artacho explicaron en La Opinión el trabajo que Pozos sin Fronteras (www.pozossinfronteras.org), fundada en 2004, realiza en Burkina Faso, un país centroafricano con ocho meses de estación seca. Gracias a las fuentes de agua que reparan o construyen cientos de habitantes del suroeste de la nación han dejado de recorrer 20 kilómetros de ida y vuelta para acercarse a la fuente más cercana. De la gestión de los pozos se encargan comisiones formadas en cada aldea.

En julio los dos expertos en cooperación confesaban que habían preferido aparcar sueldos más boyantes y trabajar en proyectos en el Tercer Mundo. «Si me tocara la lotería y me hiciera rico seguiría haciendo lo mismo que ahora», comentaba entonces Pepe Albújar.

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