Sovaldi

Vida libre de hepatitis C

La llegada de Sovaldi a los protocolos sanitarios ha cambiado la vida de miles de pacientes que, tras la toma inicial del tratamiento por tres o seis meses, se encuentran libre del virus y en perfecto estado de salud.

11.10.2015 | 05:00

Los pacientes piden ahora que se trate a los enfermos en los estadios iniciales f0 o f1

­Cientos de enfermos de hepatitis C de Málaga se han curado gracias a su tratamiento con Sovaldi, un fármaco revolucionario que se aplica desde principios de año y que llegó a las consultas de los hospitales gracias a las presiones de los propios enfermos, de los profesionales médicos y sociedades científicas. Ahora poco a poco, entran nuevos tratamientos que siguen mejorando la vida de los pacientes.

La hepatitis C afecta a más de 900.000 personas en España y supone la principal causa de cirrosis y cáncer de hígado, según datos de la Asociación Española para el Estudio del Hígado. Además, más del 50% de los pacientes que han necesitado un trasplante son pacientes con hepatitis C que han evolucionado a una enfermedad hepática terminal.

Sovaldi, un fármaco sustitutivo de los tratamientos convencionales contra el virus con unas tasas de éxito del 98% y sin apenas efectos secundarios ha cambiado la vida de miles de pacientes en todo el país. La mayoría tiene el virus negativizado al término del tratamiento y a la semana de comenzar a tomarlo ya estaban mejor.

Casi un año después de las reivindicaciones suenan buenas noticias, –al menos en Andalucía– aunque al principio se temió por su prescripción y porque no llegara al número necesario de pacientes. El Gobierno, en un primer momento anunció que llegaría a 7.000, una cifra que escandalizó a los enfermos. Finalmente rectificó y aumentó el número hasta 100.000, pretendiendo llegar a todos aquellos en estadios avanzados.

La Junta de Andalucía, por su parte, decidió ampliar el protocolo de dispensación al 40%. La ampliación del protocolo está beneficiando a los pacientes a la espera de ser trasplantados de hígado, aquellos trasplantados que se han reinfectado nuevamente, los pacientes con cirrosis, los que tienen la enfermedad en otras partes del organismo diferentes al hígado, los pacientes trasplantados de cualquier otro órgano, los que no han respondido a triple terapia y los que se encuentren en un estado previo a la cirrosis hepática, los denominados clínicamente como F3. En el caso de los pacientes en F2 o con cirrosis leve, es el médico el que valora de forma individualizada, en base a diferentes signos clínicos y opciones terapéuticas disponibles, la pauta a seguir con estas personas. Ahora, las plataformas piden que se trate a aquellos pacientes en estadios precoces, los F0 o F1.

Aunque es difícil tener datos sobre personas contagiadas de hepatitis C, porque el 70% de los pacientes desconoce padecerla y cuando se entera a menudo se encuentra en un estadio avanzado, se calcula que la cifra de andaluces con la enfermedad podría rondar los 85.000, de los que un 40% tendrá una cirrosis leve o nula, un 20% estaría en F2 un 15% F3 y un 25% estaría en el estadio más avanzado con cirrosis. En Málaga, se calcula que al menos 25.000 personas padecen la enfermedad con una gravedad sin determinar.

Antonio Robles
Pensionista, curado de hepatitis C

"Creía que no me quedaba mucho, ha sido una segunda oportunidad"

Este malagueño, que padeció un cáncer en su juventud, sospechaba que algo no iba bien cuando empezó a sentirse cansado sin motivo aparente. Cree que su contagio se produjo en una transfusión en 1978.

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Antonio Robles se siente joven. Hace unos meses que se ha quitado veinte años de encima gracias a unas pastillas que le han cambiado la vida. Tenía hepatitis C, una enfermedad que le detectaron hace ya seis años, cuando aún no había cumplido 50.

Antonio superó un linfoma cuando sólo contaba con 18 años. Por eso, cuando hace uno un tiempo empezó a sentirse mal y cansado, se temió lo peor. «Fui al oncólogo y le dije que no estaba bien». Tras unos análisis, el médico le comunicó lo que no podía imaginarse, no se había reproducido la enfermedad, tenía una nueva: hepatitis C. Y, además, estaba en un estadio intermedio que casi rozaba la gravedad, casi estaba en F3 (precirrosis). Aunque nunca lo sabrá con exactitud, cree que el contagio se produjo en una transfusión que le hicieron en una operación en el Hospital Civil en 1978. «Me pusieron el interferón, lo tuve cinco meses pero me sentó fatal, me daban taquicardias. Trataba de hacer vida normal, pero estaba resignado con el cansancio», cuenta.

Pero algo cambió hace un año cuando escuchó la palabra Sovaldi. Como la mayoría de enfermos de hepatitis C, vio en este revolucionario fármaco la esperanza de su curación. Se adhirió a la plataforma y luchó junto a sus compañeros por que todos ellos recibieran este costoso tratamiento. En febrero recibió la llamada que tanto esperaba: le iban a poner la nueva medicación. Esto no sólo le devolvió la esperanza, sino que también la vida. «En marzo me hicieron el primer análisis y ya salió negativizado. Me encuentro como mi apellido, como un roble», bromea.

En los sucesivos análisis, los valores salieron negativos. «Me ha cambiado la vida al 100%. Creía que no me quedaba mucho, ha sido una segunda oportunidad», apunta. Antonio Robles admite que no sólo ha cambiado su vida, sino que también la de su mujer y su hija, su gran apoyo.

Paloma García
Funcionaria, curada de hepatitis C

"Ahora me noto feliz, no me agoto como antes en el trabajo"

Hace un año supo que su vida había cambiado para siempre, pues le diagnosticaron hepatitis C, una enfermedad desconocida para ella y que no sabía cómo había contraído. Un año después está curada y se siente otra.

Hace un año que Paloma García se enteró de que tenía hepatitis C. Fue un mazazo porque, aunque sabía que algo no iba bien, no esperaba tener una enfermedad de este tipo. Un año después de conocer el diagnóstico está curada. «Estaba cansada, un poco deprimida y le dije al médico que quería hacerme un chequeo», cuenta Paloma, que tiene 54 años. Sus amigas le acusaron que era hipocondría, ella sabía que no. «Entré en shock cuando me lo dijo el médico. Me metí en internet y aprendí muchísimo», explica la mujer, que reconoce que fue en Google donde supo por primera vez de la existencia de Sovaldi.

En marzo comenzó el tratamiento, que arrojó cifras positivas en muy poco tiempo. «Negativicé desde el primer momento» cuenta orgullosa la mujer, que ya estaba en estado de precirrosis. «Ahora me siento feliz, lo noto muchísimo, en el trabajo no me agoto como antes», cuenta, y admite que en sólo un año su vida ha dado un giro de 180 grados. «Todo ha ido muy deprisa, estoy muy contenta y muy agradecida al equipo de médicos que me ha tratado», dice.

Aunque nunca sabrá cuando contrajo la hepatitis C, sospecha que pudo ser en el parto de su hijo, en Madrid, cuando le hicieron una transfusión.

Paloma García se siente, además, doblemente afortunada, porque no llegó a sufrir los efectos de otros tratamientos, ya que directamente empezó con Sovaldi. «Esto es la penicilina del hígado, mata el virus y el órgano se regenera», señala la mujer, que trabaja de funcionaria y recomienda a todo el mundo hacerse una prueba ante la mínima sospecha.

José Gutiérrez
Administrativo, libre de hepatitis C

"Me siento curado, vuelvo a tener perspectivas de vida y de futuro"

Fue el primer malagueño en experimentar en su propia piel la revolución de Sovaldi. Un tratamiento de tres meses le devolvió la ilusión por vivir y la energía con la que tomar las riendas. Está feliz de poder saber que puede hacer planes y en pensar qué hará mañana.

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Hace treinta años que José Gutiérrez supo que tenía hepatitis. Pero no sabía de qué clase, no se había descubierto. «Me dijeron que no era ni A ni B», cuenta el hombre, que recibió la noticia en el Centro de Transfusión Sanguínea, a donde había ido a donar.

Más tarde, en el año 2000, en un análisis de empresa, supo que era del tipo C. Ahora tiene 63 años, ha convivido con la enfermedad décadas y la sentía parte de él, junto a sus preocupaciones.

Aunque al principio no tuvo síntomas, poco a poco fue encontrándose peor hasta entrar en el estadio F4, es decir, cirrosis en el hígado. José fue uno de tantos pacientes que probó el interferón, un fármaco que produce numerosos efectos secundarios y que, a veces, propicia incluso la aparición de otras patologías. Pero el tratamiento fracasó.

Como trabajador del Hospital Clínico y, dado su delicado estado de salud, fue el primer paciente de la provincia en tomar Sovaldi. «El tratamiento era asintomático, nada que ver con los anteriores», apunta José, que aún recuerda con pesar los efectos secundarios de los tratamientos previos.

Durante la toma del tratamiento hizo vida normal. «Lo alternaba con mi trabajo, a los 20 días ya estaba negativizado el virus. Después me hice otra a los tres meses y esta semana me ha vuelto a dar resultados negativos», se enorgullecía el hombre, que admite que ahora vive una segunda oportunidad.

«Estoy curado, me siento muy contento. Yo, antes, cuando hablaba del futuro , me preguntaba si llegaría a ver a mi nieto en el colegio. Mis perspectivas de vida han avanzado, son muy diferentes a las de hace un año», cuenta el hombre.

Han bastado tres meses de tratamiento para que José se sienta una persona, de nuevo, sana. «Antes mi futuro siempre era a corto plazo, pero ahora mi vida es completamente normal. Ya no me siento enfermo», admite satisfecho.

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