Rafael Luque: Cuando el deporte salva vidas

Pasó de pesar 100 kilos y cenar dos hamburguesas a correr a diario y perder 30 kilos. Su oncóloga le reconoció que su nuevo estado físico posibilitó el diagnóstico precoz

31.01.2016 | 14:52
El tratamiento. la operación fue agresiva pero se libró de la quimioterapia y la radioterapia. sigue en seguimiento

Padece un cáncer de origen desconocido por el que aún debe hacerse pruebas rutinarias. Aún así la enfermedad no le ha impedido correr la Maratón de Málaga.

­Rafael Duque (51 años) es el quinto miembro con cáncer de una familia de doce. Tres de ellos, dos hermanas y su padre, no lo superaron. A pesar de saber perfectamente qué es y cuánto daño hace, cuando se descubrió un bulto en el cuello no le dio importancia.

Rafa, como le gusta que le llamen, es el optimismo personificado. Su vida dio un giro de 180 grados hace algunos años cuando, sin saber muy bien cómo, se encontró en una tienda de deporte comprándose una equipación de deporte. Pesaba más de cien kilos y cenaba dos hamburguesas por la noche. «Algo me hizo pensar que no iba por el buen camino», recuerda este analista económico que se siente más joven que cuando el DNI le restaba diez años.

«Tenía una vida sedentaria, me pasaba el día sentado comiendo mucho y mal», señala. «Después de muchos años eché a correr y me iba a morir, un niño me preguntó si es que me pasaba algo», recuerda con guasa este malagueño que admite que entró en una espiral positiva con la que se impuso hacer ejercicio a diario y comer más sano.

Como casi todas las grandes decisiones de la vida, Rafa dio este paso casi sin pensarlo y sin imaginarse que iba a acabar siendo un deportista casi de élite que no podría pasar ya un sólo día de su vida sin ejercitarse. Perdió treinta kilos y corrió la carrera urbana Ciudad de Málaga. No dejó de ponerse motivaciones, hasta que fue la vida quien le puso a prueba. «Un día me estaba afeitando y me noté un bulto en el cuello», recuerda. Lo dejó estar. No se lo dijo ni a su familia ni a ningún amigo. Pero a los dos o tres días algo le hizo detenerse en aquel bulto del apurado del afeitado. «Hubo algo que me hizo pensarlo bien y fui al médico», apunta. «La sensibilización con la enfermedad es inevitable para mí. Aún así, todos pensamos que está ahí, pero para los demás, ni para ti ni para los tuyos», recuerda.

Como todos los pacientes oncológicos recuerdan, el proceso fue muy rápido. De una radiografía a una biopsia, de una resonancia a un TAC y de ahí a un PET. «Tenía un cáncer de origen desconocido, un ganglio afectado, aunque me acabaron quitando 19 y una glándula salivar», cuenta el hombre, que explica que la rareza de su cáncer le mantiene aún hoy cerca de los médicos, que le hacen pruebas de forma rutinaria para controlar la enfermedad.

«Lo mejor es que me siento igual de bien. Cuando acabé del hospital apenas me podía mantener en pie», señala el hombre, que recuerda que salió con ganas de hacer deporte, aunque no tuviera fuerzas para ello. No podía dormir y entró en la difícil espiral de la depresión. Tras acudir al médico y acabar con un tratamiento antidepresivo evolucionó y volvió a sentirse el Rafa de antes.

Un día, la oncóloga le citó para explicarle cómo había sido el proceso y le confesó que si la enfermedad hubiera aparecido antes de hacer deporte podría no haberse detectado a tiempo o haber tenido una evolución peor. «Siempre digo que gracias al deporte estoy aquí, por eso tengo tanto que agradecerle», recuerda el hombre, que admite que el factor suerte estuvo ahí en el momento e instante precisos.
«Mi obsesión era volver a correr, que para mí era mi normalidad, mi vida, y pedí el alta médica», cuenta. Hizo un vídeo de motivación y más tarde se marcó un reto que pocos pueden cumplir: hacer la Maratón de Málaga.

Pero decidió ir un paso más allá. Quiso dedicar su reto personal a todos los pacientes oncológicos: a los que luchaban en ese momento y a los que no lo habían superado. Contactó con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y le informaron de que una delegación de Granada llevaba a un equipo de voluntarios y pacientes que se habían marcado la misma meta que él. Corrió con ellos la gran prueba en recuerdo y homenaje de todos ellos y en especial por un miembro del equipo que no pudo cumplir su sueño de hacer la prueba.

Desde entonces sigue siendo un apasionado del deporte y de la vida, aquella que le ha enseñado a disfrutar de las pequeñas cosas. «Se que el tiempo juega a mi favor», afirma, sin dejar de recordar que el cáncer es hoy una enfermedad que se cura y que disponemos de los mejores profesionales sanitarios y asociaciones para hacerle frente.

«Debemos ser conscientes de que la mejor manera es la prevención, que nos tenemos que cuidar y que hay tiempo para todo siempre que todo se haga desde una perspectiva razonablemente sana y saludable», recuerda Rafa, que asegura que el deporte ha sido su salvavidas particular.

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