Memorias de Málaga

Y consulte al farmacéutico...

Los martilleantes anuncios de medicamentos nos recuerdan que leamos las instrucciones y consultemos al farmacéutico. Leerlas dejan en mantillas a Frankestein, Boris Karloff a los pájaros de Alfred Hitchcock

22.05.2016 | 05:00
Interior de una farmacia en una foto de archivo.

De vez en cuando se publican estadísticas sobre las empresas que más gastan en publicidad en los diversos medios de comunicación, entiéndase prensa, radio, televisión, internet, carreteras, avionetas que sobrevuelan las playas y zonas de aglomeración, buzoneo (que suena fatal), teléfono, pegatinas en los contenedores de basuras, fachadas y qué sé yo más porque estamos inundados de mensajes publicitarios.

El anuncio que hoy sobrepasa a todos los conocidos es el que nos martillea la televisión a todas horas y canales. Yo creo que hasta los niños que todavía no saben leer se lo han aprendido de tanto oírlo: «Lea las instrucciones de este medicamento y consulte al farmacéutico».

Yo, en contra de la recomendación que subraya todo anuncio de medicamentos para combatir la tos, el resfriado, el dolor de espalda, el mal sabor de boca, las articulaciones, la mucosidad, el cansancio, los síntomas de la vejez, el dolor de oídos, la próstata, el colesterol, la tensión, la migraña€, no he consultado nunca al farmacéutico ni a la farmacéutica, no porque no confie en sus saberes, que doy por hecho que son muchos, sino porque si el médico me ha recetado tal o cual medicamento confío en su recomendación.

Sí he tenido, y tengo, la costumbre de leer las «instrucciones de este medicamento» porque la atenta y detenida lectura me exonera de ir a las cines que anuncian películas de terror, un género que me gustaba y me sigue gustando.

La lectura de las instrucciones dejan en mantillas a Frankenstein, Boris Karloff, Bela Lugosi, las películas de la británica Hammer, los vampiros, los zombies, los muertos resucitados, los endemoniados, las abejas asesinas, la orcas y tiburones, los pájaros de Alfred Hitchcock, Drácula, los asesinos en serie y, en suma, toda la gama del cine negro, de terror, marcianos, galácticos que vienen a exterminar a los terrícolas y los malos augurios del porvenir de las pensiones, la polución, el aumento del nivel del mar, las temperaturas tórridas, los desbordamientos de los ríos y los males que predicen los líderes de los partidos políticos si en las próximas elecciones no les votamos a ellos, que tienen soluciones para todo, incluso para estar más guapos, más felices.

Mi médico de cabecera, que sabe un montón, cuando me receta algo, me suele advertir que no lea las instrucciones. Pero yo las leo porque soy un poco masoquista.

El clorato potásico. Lo que me obligó a leer las instrucciones de los medicamentos fue un día que por mi cuenta fui a la farmacia a comprar unas pastillas de clorato potásico porque tenía una llaguita en la lengua, y el clorato de toda la vida se ha utilizado para su curación. Y leí la siguiente recomendación: «Debe evitarse la administración conjunta de este medicamento con yoduros o calomelanos». Me fui al diccionario para informarme de que son calomelanos. Llegué a la conclusión de que podía tomarme una pastillita pese a yoduros, que no son yogures, y los calomelanos.
La advertencia sobre el embarazo y la lactancia no la tuve en cuenta por razones de sexo.
Desde entonces me lo leo todo.

Entre 1 y 10. En un medicamento que me recetó mi médico leí: «Afecta entre 1 y 10 pacientes entre 100», «La hemorragia puede aparecer en el estómago o intestino, magulladuras, hematomas, sangre en la orina€.»; «diarrea, dolor abdominal, indigestión o ardor» y después, en diferentes porcentajes, dificultad para respirar, ampollas en la piel, confusión, alucinaciones, neumonía eosinofílica, estreñimiento (antes lo contrario, diarrea)€

En otra medicina: Desmayo, sensación de debilidad, síndrome de Stevens-Jonhson€, al que no tengo el gusto de conocer.

En un medicamento, acompañado de un prospecto de cuatro hojas con letra pequeña leí: «Posibles efectos adversos: Hinchazón de estómago, dolor torácico, insuficiencia cardíaca, sensación de tensión, presión o pesadez en el pecho (angina de pecho), infarto de miocardio, infarto cerebral, mini infarto cerebral (ataque isquémico transitorio) ritmo cardíaco anómalo (fibrilación auricular), resfriado, niveles elevados de potasio en la sangre, cambios en los análisis de sangre o de orina relacionados con su riñón, cambio en los hábitos del movimiento de su intestino incluyendo estreñimiento, sequedad de boca, úlceras bucales, alteración del gusto, gastroenteritis, gastritis, úlcera de estómago, vómitos, síndrome de colon irritable, inflamación del esófago, visión borrosa, irritación y enrojecimiento ocular, hemorragia nasal, ruidos en los oídos, vértigo, aumentos o descensos de apetito, ganancia de peso, calambre/espasmo muscular, dolor/rigidez muscular, incapacidad para dormir, somnolencia, entumecimiento u hormigueo, ansiedad, depresión, disminución de la agudeza mental, falta de respiración, tos, hinchazón de la cara, enrojecimiento, erupción o picor cutáneo, infección urinaria, descenso de plaquetas, número disminuido de glóbulos rojos, número disminuido de glóbulos blancos».

Lo único que le faltaba a la relación de las adversidades es agregar, por ejemplo, «en cada uno de cada millón de pacientes, caída de una teja con efectos mortales».

No sé si es obligatorio por alguna ley informar al paciente de todo lo que le puede acarrear por tomarse una pastillita color rosa para paliar el dolor de una vértebra o de la rodilla derecha, o si la información, con la consabida coletilla «consulte al farmacéutico», es una iniciativa colectiva de los laboratorios para quedar dispensados de cualquier reacción por la toma del medicamento. Si a uno le pasa cualquier cosa de las apuntadas no tiene opción alguna para reclamar, pedir indemnización por los daños causados.

Después de haber leído cualquier prospecto sobre las medicinas que recetan los médicos y que se adquieren en las farmacias con o sin receta médica, ¿para qué voy a ir a ver una película de miedo?

En casa, en una cómoda butaca, sin necesidad de ir al cine, pagar la localidad, aguantar al comepalomitas impulsivo de la butaca de delante o de atrás, paso todos los sustos, miedos y sobresaltos que la película más terrorífica y sangrienta me pueda ocasionar.

Si el lector ha llegado hasta al punto y aparte del párrafo anterior, ya sabe: Lea las instrucciones de este medicamento y consulte al farmacéutico. Y que no le pase nada. Gracias.

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