Creo

04.07.2008 | 02:08

Miguel Ferrary

Es tiempo de lucha lingüística (con la calor que hace) en España. Uno y otro bando se rearman para el que será uno de los principales debates de los próximos años. En Baleares y en el País Vasco se dan pasos para desterrar el castellano de la mayor parte de las asignaturas escolares. Incluso se plantea obligar a las empresas a no atender en castellano. Una vía que en Cataluña y en Galicia se empieza a transitar, aunque en la primera comunidad ya se han recorrido caminos muchos más importantes. Valencia queda un poco fuera de esa lucha, aunque se obligue a dar la asignatura ´Educación para la ciudadanía´ en valenciano. En verdad sólo lo hacen para fastidiar al Gobierno, no para promocionar su lengua. Algunos ya toman clases de inglés pensando en que, en un futuro no muy lejano, será la única lengua que nos una a los españoles. Eso y el fútbol. Pero no nos engañemos. A España no la une el éxito de la selección en la Eurocopa. Su verdadero sentido se encuentra en la rivalidad histórica entre los clubes. Sin ella, la liga sería tan sosa como un campeonato regional de dardos sin cerveza. Pero volviendo al tema de la política lingüística, resulta aterrador el panorama del castellano. En algunas zonas de España se plantea su práctica eliminación del sistema educativo y, en las comunidades autónomas donde se mantendría, se enseña tan mal que a veces resulta un suplicio la comunicación. Una persona, cuyo nombre no revelaré por si decide pasar a la clandestinidad, me propuso en una ocasión organizar el Comando Revolucionario de Estilo y Ortografía (CREO). Su objetivo, como buen movimiento antisistema, sería una lucha a cara de perro contra las faltas de ortografía. Armados con botes de pintura, los militantes llenarían de tildes todos los carteles, indicaciones y rótulos donde no se hubieran puesto. "Nunca más una ´Cafeteria´ sin tilde" es su grito de guerra. Es verdad que toda revolución necesita de acción. Pero con el calor que hace la revolución se ha pospuesto a mejores fechas. Mientras, no estaría de más que la defensa del castellano se trasladara a ámbitos más cercanos. Quizás los lemas ´Pon una tilde en tu vida´, ´No confundas la ´b´ y la ´v´ y ´Ellas no lo harían´ estén un poco trillados, pero no vendría mal aplicarlos.

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