Tierra de nadie

Que nos devuelvan los riñones

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Juan José Millás Vi en la tele un reportaje que describía los métodos empleados por los ricos para sacar la pasta del país en estos momentos de incertidumbre acerca del euro. Les aseguro que la trama era difícil de seguir y por el camino había que pagar multitud de comisiones que arañaban el capital extraído. Miles y miles de millones de euros han salido de España en los últimos meses rumbo a Singapur, Suiza, las Belice y un sinfín de paraísos fiscales. Los procesos de extracción recuerdan a los métodos quirúrgicos por los que en la actualidad se extirpan los ovarios, los riñones o el páncreas, es decir, con cirugía poco invasiva, como el que te roba la cartera. El ombligo, sin ir más lejos, se ha convertido para la medicina actual en un orificio perfecto por el que vaciarte sin dejar una sola cicatriz.

Que no quede cicatriz no significa que todo esté en orden. Si no hay riñones, no hay riñones, lo que implica recurrir a la diálisis. Los ricos de este país, España, nos están dejando literalmente sin riñones. Cuando se dice de algo que cuesta un riñón, quiere decir, en efecto, que cuesta un riñón. Si te gastas también el otro, no puedes vivir. La masa monetaria de un país son las vísceras que le permiten mantener las constantes vitales. Cuando se suprimen algunas de ellas, aunque la operación se lleve a cabo sin cirugía invasiva, falla un órgano o falla otro. A veces fallan todos y aparece un hermoso cadáver.

Aquí estamos ya en diálisis por culpa de las cantidades de pasta que los ricos extraen cada día del cuerpo social. La prima de riesgo, sin ir más lejos, es una forma de diálisis. Permanecemos enchufados a una máquina carísima que viene haciendo la función que debería hacer el capital extraído por el ombligo, en muchas ocasiones al amparo de unas leyes que parecen hechas en Singapur, más que en nuestro Parlamento. Y así, mientras nuestro hígado y nuestro corazón y nuestros pulmones engordan el PIB de Alemania, Suiza, Austria o las Islas Caimán, nosotros, usted y yo, desfallecemos. No hay más que ver la palidez de Rajoy, que es nuestra cabeza visible, para darse cuenta de que a base de diálisis no se puede vivir eternamente. Que nos devuelvan los riñones.

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