Las cuentas de la vida

La imagen del mito

El enigma forma parte de la condición humana y los mitos –con su belleza narrativa y su carga de interrogantes, pruebas y condiciones– necesitan recrearse en cada época, generación tras generación

 05:00  

Daniel Capó Persigue tus anhelos, aquello que te otorga una felicidad íntima» fue el lema que repetía a sus alumnos el especialista en mitología Joseph Campbell. Recuerdo haberlo leído con atención a principios de los noventa, cuando lo descubrí gracias una serie de entrevistas con Bill Moyers que emitió la televisión pública norteamericana. Por aquel entonces me interesaba especialmente la mitología y Campbell, asesor –y gurú– de George Lucas en su famosa saga La guerra de las galaxias –pasaba por ser – junto al pensador rumano Mircea Eliade y al estructuralista francés Claude Lévi-Strauss – una de las autoridades máximas en el estudio de las religiones comparadas. En la biblioteca de la localidad donde yo veraneaba aquel año, encontré varios de sus libros; entre ellos, The power of Myth, trascripción de la entrevista con Moyers, y también un ensayo que me fascinó de un modo especial: El héroe de las mil caras, donde se analiza la estructura común a los diferentes relatos heroicos: la expulsión del hogar, la prueba que nos permite reconocer quiénes somos y, finalmente, la transformación definitiva, una vez superados los escollos del camino. En su sentido más profundo, el mito del héroe asocia el crecimiento personal con la necesidad de romper los límites de lo establecido y avanzar más allá de la zona de seguridad. La divisa campbelliana –«persigue tus anhelos»– supone aceptar el fracaso y asumir el riesgo de la felicidad como parte esencial de la vida.

La historia de las religiones nos enseña que junto al mito se halla el símbolo. El mito aporta una narración que ilumina aspectos de la experiencia humana. La fuerza del símbolo, en cambio, es icónica, traspasando lo propiamente lingüístico. Inserto en de la tradición interpretativa del psicoanalista Carl Gustav Jung, Campbell editó un exquisito ensayo sobre la iconografía de los mitos, que ahora acaba de publicar entre nosotros, con el título Imagen del mito, la editorial Atalanta. Aunque sólo sea por su valor iconográfico –contiene centenares de fotografías espectaculares–, la recuperación de este libro es de agradecer. En él se indaga sobre las grandes figuraciones oníricas del hombre: la Diosa Madre, el Niño Dios, los ciclos de la muerte y la resurrección, las representaciones del orden cósmico, las montañas artificiales, el árbol de la vida... Al igual que sucede con Jung, su mentor, muchos de los postulados que defiende Campbell resultan discutibles. ¿Existe una memoria onírica de la humanidad? ¿Somos capaces de interpretar los símbolos religiosos de culturas completamente diferentes a la nuestra sin caer en simplificaciones? No lo creo. No, más allá de unos esquemas muy básicos. Pero eso no resta ningún valor al libro, ya que el enigma forma parte de la condición humana y los mitos –con su belleza narrativa y su carga de interrogantes, pruebas y condiciones– necesitan recrearse en cada época, generación tras generación.

En la película El Gran Silencio, rodada en el monasterio alpino de la Grande Chartreuse, uno de los monjes cuestiona la necesidad de preservar un rito cuyo sentido se perdió hace siglos. La respuesta del Padre Abad fue singular: «Eliminando el símbolo no ganamos nada. Habrá que meditar más sobre él, preguntarnos qué nos quiere decir.» Con la mitología sucede algo similar: ¿de qué nos hablan los relatos míticos? ¿Qué representan los iconos del pasado? Imagen del mito testimonia, precisamente, esa infinita sed del hombre por el conocimiento.

Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine