Tierra de nadie

Las ventajas de ser banquero

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Juan José Millás ING Direct lleva unos días liberando espacios de la prensa para que nos quedemos literalmente en blanco durante unos segundos. Impresiona pasar una página en la que has leído una noticia mala para encontrarte con una doble página que parece una sábana sin estrenar. Te ataca una impresión de vacío, un sentimiento de ausencia hasta que te das cuenta de que se trata de una campaña de publicidad merecedora de premio. El texto, muy poco y esquinado, dice: «Hemos dejado estas páginas sin noticias ni opiniones. Este tiempo es para ti». Te quedas de piedra, la verdad, frente a todo ese espacio sin estrenar y tuyo. Se queda uno tan de piedra que durante un rato no va para detrás ni para delante.

«Este tiempo es para ti». Quizá sería más propio decir «Este espacio es para ti», pero los creativos han convertido astutamente el espacio en blanco en tiempo muerto. ¡Ah, los tiempos muertos?! Han desaparecido de nuestras vidas porque todas las aplicaciones de los móviles están pensadas para evitar los tiempos muertos que, a la larga, son los más vivos de nuestra historia. He contado esto en algún sitio, quizá en varios, a propósito de las famosas «tardes muertas» de la infancia, de las infancias de entonces, cocinadas a base de aburrimiento, rellenas de tedio como un globo de aire. Aquellas tardes me salvaron la vida, mientras que las propiamente vivas casi acaban conmigo.

Si los creativos de la campaña de ING hubieran sido valientes, podrían haber dicho al lector: «Este tiempo muerto es para ti» Pero suponemos que la palabra muerte está prohibida en todas las publicidades, incluso en las de las funerarias. El otro día recibí un correo electrónico de un amigo en el que al final me enviaba un «abrazo muy muerte». Supongo que quería decir «muy fuerte», pero me encantó el lapsus. Un abrazo que fuera como una pequeña muerte en la que reposar por unos instantes. Los libros de poesía tienen tantos espacios en blanco porque la lectura de un poema es, por fortuna, un tiempo muerto, dicho sea en el mejor sentido de la palabra. Si en el periódico me lo permitieran, el espacio de mi columna iría algunos días en blanco, como el anuncio de ING. Pero para eso hay que ser banquero.

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