Tierra de nadie

No logré explicarme

22.10.2013 | 05:00

Iba por la avenida cuando una mujer negra que hacía la calle, se acercó a un árbol y escupió en su base. El árbol, de carácter urbano, claro, recibió el salivazo sin inmutarse. Yo andaba ese día con la percepción algo averiada, o algo arreglada, no sé, el caso es que lo vi todo a cámara lenta, con el detalle con el que se aprecia la realidad en las situaciones límite. Cuando está a punto de atropellarte un coche aprecias los pormenores del rostro del conductor con la calidad de una gota de agua al microscopio. Podrías contar los pelos de su bigote, podrías indicar el color de sus ojos y describir la expresión de susto del niño que viaja en el asiento de atrás. De modo que estás a punto de morir y ¿a qué te dedicas? A hacer contabilidad. Yo no sé si estaba a punto de morir, pero me vi caminando, vi a la prostituta acercarse al árbol, vi todas y cada una de las hojas del árbol, valoré su tamaño, su fragilidad otoñal, vi cómo la mujer apoyaba una de sus manos (en la otra sostenía un bolso) en el tronco y dejaba escapar de su boca una porción de saliva que, en contraste con su piel, era blanquísima, plateada y con una curiosa semejanza a la espuma de mar. Imaginé que una ola de cualquiera de los océanos del mundo había desviado su trayectoria llegando por cuestiones paranormales al estómago de la chica, desde donde ésta la devolvía a la tierra. En esto, la realidad recuperó la velocidad habitual y dejé de percibirla con ese detalle. La mujer regresó a su portal y yo continué andando. Acababa de vivir una situación límite, pero continuaba vivo, o aparentemente vivo. Quizá había muerto y vuelto a nacer, pues no sabemos la cantidad de veces que expiramos y que nos alumbramos de nuevo a lo largo del día. Llegué a clase y les conté a mis alumnos lo sucedido. Trataba de explicarles que escribir era también una experiencia límite. Escribir era soltar por la boca agua de mar, de un mar que a lo mejor está a miles de quilómetros de donde tú te encuentras. Que escribir era siempre un modo de intermediación. Pero creo que no logré explicarme.

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