La Mirilla

A 1.200 km/hora

28.08.2015 | 05:00

A partir de 2019, lo imposible será posible. Un viaje de cien kilómetros de distancia durará únicamente diez minutos. Al menos este es el objetivo del último Julio Verne, el estadounidense Dick Ahlborno, consejero delegado de la firma que promueve el Hyperloop, un novedoso medio de transporte terrestre con cápsulas impulsadas por aire comprimido capaz de alcanzar los 1.200 kilómetros por hora en plena marcha.

Al lado de este sistema, el tren será un dinosaurio y el avión sólo tendrá sentido para largas distancias, según asegura Ahlborno. ¿Ciencia ficción? También decían lo mismo de muchos visionarios cuyos sueños acabaron por cumplirse. Un problema: las cápsulas sólo transportan a 28 personas. Una inversión asumible: el sistema consiste en un tubo transparente suspendido sobre pilares por el que circula el velocípedo, no más caro que una línea de AVE. Una ventaja: este medio de transporte, una vez construido, apenas consume energía ni necesita alimentarse de gas y combustible. Un enigma: cómo con aire comprimido estas balas llegan a alcanzar semejante propulsión, pero también son misteriosas las mareas y el agua fluye y refluye cada jornada.

Sólo de pensarlo da vértigo –¿y qué pasa si ocurre un accidente o un gamberro hace una trastada en la línea?–, pero el sistema puede marcar una revolución en las comunicaciones. De momento, como para creer hay que ver, los promotores de la supercápsula van a construir el año que viene el primer Hyperloop en la localidad de Quay Valley (California). Esto es lo más realista del proyecto. Será una experiencia piloto de ocho kilómetros, antes de crear una ruta para unir San Francisco y Los Ángeles en menos de media hora.

Todo es políticamente correcto en este comienzo de era. «Elegimos Quay Valley porque es el pueblo modelo del siglo XXI. Va a ser el primer lugar del mundo donde se recicle agua de manera innovadora y donde el abastecimiento se haga todo a través de energía solar», comenta Ahlborn. El coste de la línea será de unos 6.000 millones de dólares. Y todo parece que tiene que ser también en este comienzo de era casi gratis. El promotor asegura que la idea se le ocurrió para responder a las necesidades de los millenials (jóvenes nacidos a partir del año 2000), quienes «quieren pagar lo menos posible por el transporte». En unos años veremos si este soñador triunfa. Puede ser. Si hace veinte años a alguien le hablan de una cosa llamada Internet y los cambios que iba a generar, nadie lo tomaría en serio. Pero de todo, y con todo, lo más fantasioso del supertransportador no es que sea barato, funcione con aire o alcance los 1.200 kilómetros. Lo realmente asombroso es que vaya a circular algún día de estos con los usuarios viajando de gorra. Algún truco tendrá, porque gratis...

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