El desliz

Carmena es un bumerán

30.08.2015 | 05:00

Lo mejor que le podría pasar a la alcaldesa de Madrid es que sus adversarios políticos le saquen un escándalo cada semana de aquí al final del mandato. Uno de esos estilo los tuits humorísticos de su efímero concejal de cultura Guillermo Zapata, o las vacaciones en Zahara de los Atunes. La portada de Manuela Carmena, a sus 71 años, en bañador y pareo dirigiéndose a la playa con una flor en la mano es un bumerán lanzado con fuerza desde la caverna, y que a la caverna vuelve para dar en las narices a quien ha fabricado un artilugio que no entiende. Es lo que tiene retorcer las formas, la realidad y la verdad con una evidente falta de elegancia. Una jueza jubilada que siempre ha veraneado con su familia vuelve a hacerlo a pesar de ser la imagen de la renovación ética en política, no se queda en Madrid fingiéndose una proletaria que frecuenta la piscina municipal. Eso también supone un cambio respecto a las risibles estampas vacacionales que suelen regalarnos los presidentes, los ministros y los monarcas, más falsas que un duro sevillano. Carmena no se esconde, sigue las costumbres de años pasados para sus días de asueto con hijos y nietos, y se gasta sus ahorros, o su sueldo, o el patrimonio familiar ganado con honradez. Ahí está la diferencia. No es que estemos en contra del dinero, cavernícolas, sino del dinero robado, sisado, mermado y estafado a los contribuyentes o a los clientes de las cajas de ahorros. Para mí que incluso sobró la justificación dada por la alcaldesa capitalina, 4.000 euros divididos entre ocho inquilinos, 600 por barba por un veraneo. La inmensa mayoría no cuestionó ni el qué, ni el cómo, ni el cuándo. Nada que ver con el fin de semana en un spa portugués de lujo de Ana Botella coincidiendo con la tragedia del Madrid Arena donde murieron cinco chicas. Ni con el lujoso crucero por aguas mallorquinas del investigado Rodrigo Rato semanas atrás.

Me encanta Manuela Carmena porque no rezuma rencor, ni dice tonterías. Ni las hace. Creo que no proyecta expropiar los jardines de la Zarzuela a la familia real, ni elabora ordenanzas que afecten solo a una parte de la población atendiendo a su orientación sexual. Por contra, se presenta como institución en el Día del Orgullo Gay y acepta la invitación del papa Francisco para hablar de la lucha contra la esclavitud y el cambio climático. Hechos consumados, así se normaliza el disfrute de los derechos civiles, y respeto al contrario. De momento, las chorradas están fuera de su agenda y parece haberse propuesto actuar políticamente, y cuanto antes mejor, en los temas que afectan directamente a la vida cotidiana de los ciudadanos. Limpieza, vivienda, contratos públicos... ese tipo de asuntos que marcan la diferencia en el día a día. No se le cae el consenso de la boca, busca el contacto con las personas y en cambio no la he oído hablar de animales. Parece honrada y sensata, defiende a su gente y explica sus decisiones. La veo y me sale un adjetivo que pocas veces había relacionado con la clase pública: maja.

Posee ese don de caer bien a quienes la conocen y a los que vivimos a miles de kilómetros. Te dan ganas de protegerla de esa Esperanza Aguirre que ya le ha tomado la medida y sabe que nunca la vencerá en las urnas ni en las simpatías, motivo por el cual propone pactos estrafalarios para apearla del ayuntamiento. Acuerdos contra natura, ridículos y desesperados, que son otro bumerán contra las narices de la aristócrata crepuscular que los ha ideado, y que ponen las cosas muy difíciles a quienes la sucedan en la difícil tarea de la reconquista.

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